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Habana, año cero 

Marilyn Bobes, 27 de septiembre de 2016

Debo confesarlo: Karla Suárez es una de mis escritoras cubanas favoritas. He tenido el placer de ser la editora de algunos (sino todos) los libros que ha publicado bajo el sello de Unión y nunca deja de sorprenderme su autenticidad unida a su poder de observación y su facilidad para edificar argumentos originales.

Habana, año cero que acaba de ser publicada en nuestro país también por Ediciones Unión es quizás la más madura y bien construida entre las que he leido de Karla. No en vano viene precedida por dos premios en Francia: el prestigioso Carbet y el Grand Prix literario insular.

Teniendo como motivo principal (o tal vez como pretexto) la figura de Antonio Meucci, el inventor italiano del teléfono que vivió en Cuba. Suárez hace gala en esta obra de sus infinitos recursos para lidiar con una enmascarada erudición, que se expresa en un lenguaje ameno, conversacional y comunicativo al mismo tiempo que crea y recrea maravillosos personajes de la Cuba de los noventa y el contexto de la fase más aguda del período especial al que ella ha querido denominar como Año Cero.

Se trata de una trama complicada, con visos de relato policial donde los enredos y las mentiras se nos develan lentos y magistralmente manejados al tiempo que dan vida a una galería de personajes que aspiran a sacar provecho, cada uno a su manera, de unos supuestos documentos relacionados con Meucci quien, es, en mi opinión el gran reivindicado por la autora en este libro seductor e inteligente.

A pesar de sus constantes apelaciones a ciencias como las matemáticas un lenguaje que dialoga con el lector desafía los peligros de la pedantería y nos hace partícipes de esa racionalidad con la que la protagonista narradora afronta todas las situaciones de su vida cotidiana.

La utilización de la primera persona, tan frecuente en las novelas de Karla, ocasionana un acercamiento con el receptor cargado de verosimilitud aun cuando azar y casualidad pudieran haber sido demasiados si la escritora no contara con ese oficio esplendoroso que la convierte en una narradora natural.

Desde la primera oración: Todo ocurrió en 1993, año cero en Cuba… Karla Suárez nos sumerge en una historia donde todo es posible, dada la lucha de todos sus personajes por una supervivencia que no excluye las transgresiones éticas ni las traiciones y engaños, tal como sucedió y todavía sucede en una Cuba bloqueada y económicamente deprimida.

Pero no piense el lector que en esa voz narrativa que nos cuenta hay algún viso de sociologismo o politización explícita. El marco que sirve de telón de fondo a Habana, año cero es asumido con una naturalidad que nos obliga a la aceptación de las situaciones más kafkianas y surrealistas atravesadas con un poder de aceptación que las aleja del dramatismo para convertirlas en anécdotas a veces de un humor inteligente muy alejado del sarcasmo.

El rejuego entre ficción y realidad es tan impresionante que costará trabajo al lector discernir si se trata de una historia verdadera o de una imaginación que nada tiene que ver con la estética de lo real maravilloso o del realismo mágico.

Hay mucho de investigación en la novela, especialmente en lo concerniente a Meucci pero Karla ha sabido dosificarla de manera que no nos abrume y tratarla de un modo peculiar y entretenido hasta el punto de que cuando uno llega a la última página sigue teniendo el interés de saber más sobre el inventor, víctima de las triquiñuelas de intereses muy poderosos.

Como advierto en la nota de contracubierta, mentiras y enredos y un final sorpresivo nos mantienen en vilo durante toda la lectura y nos hacen detestar o querer constante y alternativamente a personajes que parecen lo que no son y son lo que no parecen.

La aparente sencillez narrativa de la autora es muy difícil de conseguir en una obra literaria y tal vez todo lo que ha dado como resultado una fluidez y una prosa limpia y precisa como si hubiera sido escrita de un tirón, seguramente ha costado mucho trabajo a su autora.

Ya dije que considero a Karla una narradora natural. Su facilidad para expresarse en un lenguaje ágil y contemporáneo la colocan entre las y los narradores más sobresalientes del actual panorama de la Isla, dentro de ese corpus que no puede ser dividido entre los de afuera y los de adentro.

La cubana temática y conceptual de la literatura de esta autora hace difícil que, sin conocer su biografía, alguien pudiera conjeturar que hace casi más de veinte años que vive en Europa.

Conoce los años de la crisis y los ha puesto en blanco y negro de manera muy peculiar y ello la acerca más a esa universalidad que muchos no consiguen hablando desde la descontextualización o los contextos abstractos.

Karla Suñarez se mueve como pez en el agua tanto en el cuento como en la novela y hay que agrdecer a Ediciones Unión y  a ella misma que ese sello la mantenga en su catálogo.

El éxito de Karla Suárez fuera de las fronteras de su país es también un éxito de los cubanos que vivimos en esta Isla y Habana, año cero es, sin lugar a dudas, una obra canónica como lo son todas las que, hasta ahora, esta escritora ha producido.

Celebremos pues la presentación de este libro que para quienes lo lean, estoy segura se convertirá en una novela inolvidable.

Editado por Heidy Bolaños