Madera antigua: una novela con espíritu caribeño
Con una prosa fluida, directa y amena pero llena de sorpresas este texto refleja la vida de una familia cruzada con todas las influencias que ha provocado el mestizaje en una Cuba implícita donde los acontecimientos históricos y sociales nos son referidos desde una cotidianeidad que se aleja de cualquier viso de tratado ensayístico por la fuerza de una historia vista siempre desde una perspectiva casi mágica e incitadora.
Los personajes trazados por una mano diestra y llena de feminidad resultan cautivadores desde sus nombres hasta los modos particulares de sobrellevar sus existencias regidas por ese olor a sándalo y a otras maderas preciosas que simbolizan el mundo interior y el erotismo de mujeres y hombres que se traicionan y se aman y construyen una trama en la que abundan los elementos capaces de seducir al lector.
La historia que aquí nos cuenta Margarita Sanchez es atemporal y universal al mismo tiempo que se arraiga en una cubana transitada por las influencias que particularmente afirmaron la identidad de Santiago de Cuba, considerada con no pocas razones la isla más caribeña de nuestro archipiélago.
La voz omnisciente permite a la narradora introducirse en cada uno de los seres que conforman una trama cargada de dramatismo casi maravilloso y un poco deudora de ese grande que fue Alejo Carpentier en su exploración de realidades surcadas por elementos de lo real maravilloso.
Subtramas, suspenso, giros dramatúrgicos inesperados y una vocación por la precisión de las palabras que se corresponde armónicamente con los vericuetos de la historia principal convierten a esta novela en una pieza de gran oficio y destreza narratológica sin que algún cabo suelto enturbie el ritmo del desarrollo hasta su desenlace.
La exquisita facturación de una voz femenina capaz de ir siempre más allá de las acciones de los personajes sitúan a su autora, sin desdeñar su evidente originalidad dentro de esa pléyade de mujeres herederas del llamado boom latinoamericano entre las que podemos citar a Isabel Allende, Angeles Mastreta o la menos conocida pero imprescindible, en mi opinión, Aminda Buenazo, escritora ecuatoriana que debía ser mejor conocida no solo en Cuba sino en todo el continente.
Lo que aprecio y admiro en Margarita Sánchez es su sentido de mirarse a sí misma dentro de su escritura y mantenerse alejada de los tópicos que con mucha frecuencia hacen a la novelística cubana bastante monocorde en sus resultados más inmediatos.
Ella sabe extraer de los olores esa magia que posee la madera antigua, un símbolo de identidad en cuanto refleja a través de los objetos del pasado el infinito mestizaje con el que está constituido nuestro ser nacional.
Poco mencionada por la crítica cubana, quizás por sus estancias fuera de la Isla en misiones diplomáticas, Sánchez Gallinal alcanza con esta novela un puesto importante en ese poder fabulador que la distingue no solo entre las mujeres narradoras de la Isla sino en nuestra actual literatura en sentido general.
No siempre la imaginación alcanza las alturas debidas en la prosa que se está escribiendo en nuestro país y si de algo puede vanagloriarse esta autora es de que no se caracteriza su proceso escritural por esa chatura donde la función periodística suple el llamado de una literatura más elaborada.
Aunque periodista por muchos años apenas podemos advertir en Madera Antigua los rezagos de quien confunde información con narración literraia aun cuando el buen dominio del idioma, en este caso, haga sospechar un largo diálogo con las palabras que se tornan relucientes en este libro que presentamos hoy.
Madera antigua es una novela sui géneris porque no busca un presente, ni un pasado ni un futuro sino que se mantiene en el territorio de una autonomía que no se obtiene con facilidad cuando existe ese compromiso entre la historia y la ficción y es preciso sortear el peligro de caer en lo puramente didáctico.
Acabo de regresar de un Festival que tuvo lugar en Puerto Rico donde lectores y autores nos quejábamos del desconocimiento que existe de nosotros mismos entre las distintas naciones de la región.
En uno de los paneles un lector nos preguntaba si habíamos abordado nosotros en nuestros textos ese ser caribeño al que aludíamos todos en nuestras intervenciones.
Pensé que ciertamente en Cuba el tema es casi ignorado completamente por nuestros escritores. Pero coincidentemente me leía Madera Antigua para esta presentación y creo que fue el único ejemplo que acudió a mi memoria de una obra que se conecta con las preocupaciones de la región.
Pero indiscutiblemente la novela de Margarita Sánchez Gallinal es mucho más que eso. Es la historia de la sensualidad traducida en ese olor del sándalo y de las viejas cosas que simbolizan los más turbios y los más luminosos vericuetos de nuestros instintos.
La novela merecer ser publicada con prontitud en Cuba. Estoy segura de que encontrará muchos lectores que disfrutarán con las peripecias de unos personajes que siempre resultan fascinantes.
Celebremos pues la entrada de Margarita en ese mundo transgresor y nuestro del cual ella es una destacadísima exponente.
Editado por Heidy Bolaños