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Puntos de lo diverso. III

Virgilio López Lemus, 16 de diciembre de 2016


1
Astronomías. Las estrellas deben de estar muy distantes unas de las otras, porque tienen brillo propio. No querrían opacarse. Si se acercan demasiado competirían por brillar más, hasta que alguna explote y dañe el conjunto. Una trataría de absorber a la otra más débil, lo cual también dañaría el equilibrio. No hay premios para ellas, de modo que pueden sostenerse alejadas, con escasas interinfluencias. Pero sus individualidades son relativas, se asocian en una galaxia, la cual a su vez se coliga en cúmulos galácticos. Así las sociedades, como las de las hormigas. Conviene a cada estrella darse cuenta de ello, no sea que pierda la perspectiva.

Si el Universo tuviera un Plan, por ejemplo, promover la vida, su base está en el profundo respeto de las individualidades estelares, en la interrelación para la evolución celeste, y tal respeto implica asociación, creación de sistemas, despliegue de las posibilidades energéticas. Las estrellas tienen razón de vida.

A sus satélites incumbe el brillo estelar intenso. Cierto que le consumen la energía, pero si ellos no existieran, tal energía sería de todos modos emitida. Mejor que haya satélites, y con vida.

2

El poeta. En su poema «A Reynolds» John Keats sugiere que el poeta «es tal vez una cosa de maravilla: un hombre entre el simio y Platón». A mí me parece que poeta es aquel que ya ha cumplido cuarenta años de edad, y aun cree serlo. Falible idea, porque Rimbaud abandonó la escritura a la salida de la adolescencia biológica, y sigue siendo considerado como un genio de la creación de poesía. León Felipe, en «Torres», dice que: «Un día no habrá estrellas lejanas / ni perdidos horizontes». Quizás se corresponda Dylan Thomas con esa idea: «Y yo me siento mudo para decir al viento / cómo el tiempo ha marcado con su tic-tac un cielo en torno a las estrellas», de modo que el poeta es aquel que puede expresar esos horizontes, perdidos sin él, incluso aunque se sienta mudo, mudez creativa, de emoción y pensamiento.

3

Mal negocio: hacer infelices a los hombres y mujeres de su tiempo, en favor de los hombres y mujeres de los tiempos que vendrán. Los unos sufrirán y arderán de espanto y los otros no lo agradecerán. Ejemplos reservados.

4

Crítico literario. Sé crítico y te sacarán los ojos. Dejarán de tratarte (bien) porque no dijiste de ellos y su escritura, lo que ellos y sus escritos creen que merece decirse. Di lo que quieren y serás un crítico feliz. No hay ninguno que lo sea, pues para serlo ha de ir mucho más allá de las narices, y en esos casos la crítica literaria abre puertas para mirar también a la sociedad en torno, y he ahí el desaguisado peor. El más hábil no es el más inteligente ni el más capaz. El hábil calla lo que debe o cree deber, el inteligente quizás deja pasar y el más capaz sufre como un loco. El que se enfrenta y combate y pone sobre el papel sus ideas absolutas, erradas incluso, honesto será, pero le costará bien caro. En el mundo de la poesía el verdadero crítico es el que se hace catador, y solo de ver el texto impreso «olfatea» a la poesía que hay en él o capta que no la hay. El crítico descubre que existen más escritores de «poesía» que poetas. Si sale a decirlo y a señalar cuáles sí, cuáles no, mejor que tenga listo un billete hacia la Luna.

Y de todos modos, ¿quién es un crítico para fijar, pulir y dar esplendor, decidir y juzgar, con palabra de ley, absoluta y total, infalible y eterna? No hay que confundir un crítico literario, y en particular de poesía, no resultará nunca el intérprete de Apolo, y si lo quiere ser, mejor que escriba como Nostradamus o como ciertas partes de las poesías completas de José Lezama Lima. Pero los críticos muy barrocos y herméticos no tienen éxito, ¿su obra no es de interpretación, divulgación, comunicación y juicio? Todo crítico es terrible y tendrá muchas decepciones. Son pocos los que uno puede llamar «poetas del juicio», y a pesar de ello, no hay que seguirlos a pie juntillas. Ni Eliot ni Bloom tenían toda la razón. Casi nunca la razón está toda en un solo lugar o escritura. Es duro ser un crítico literario, pero vienen algunos con cada generación.

5

En lugar del Ser Eterno, el No Ser Eterno, ¿a qué mejor fe se aspira?

6

Utopía. Amorosos de la poesía hallo en todas partes. Lectores-escritores que vibran con los más disímiles conceptos de lo poético buscan afanosos a los grandes y medianos libros de poemas, subyugados por la belleza del conjunto de letras. Recuerdo a la pareja juvenil que conocí en Bayamo, amantes de la música, delicados, bullentes. Hay tantos que aspiran a ser Lezama que paralizarían al mundo con sus lenguas oscuras. Pero los hay del «día» y de la «noche», como también Lezama dijo que existían. Y son fabulosos los inefables repentistas, que de pronto arman una ingeniosa décima jamás escrita, disuelta en el aire como una pompa bella. Debe haber en Cuba unos cincuenta mil poetas, amantes de poesía, llenos de la chispa prometeica.

 

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas
 

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