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Aquellas lluvias trajeron estos lodos

Emilio Comas Paret, 17 de abril de 2017

Dedicado al centenario de la revolución bolchevique.

En el año 1925, a solo ocho años del triunfo de la Revolución y a dos de  la fundación de la URSS, aparece un acontecimiento cultural que tuvo también una gran repercusión política y propagandística.

Con el pretexto de celebrar el XX aniversario de la fallida revolución de 1905, luego de la abdicación del zar  Nicolás II y con ello la desaparición del zarismo,  el cineasta soviético Serguei M. Eisentein recibe el encargo de dirigir una película titulada El acorazado Potemkin, que pronto, y a pesar que el cine de entonces era aún mudo, se convertiría en un suceso cinematográfico que todavía hoy se recuerda.

El guión del film fue del propio Eisentein y de Nina Agadzhánova.

La cinta fue considerada un drama histórico, tuvo 77 minutos de duración y fue producida por la empresa Mosfilm. La trama de la acción describe un motín ocurrido en 1905 en el puerto de Odessa, protagonizado por los marineros del acorazado ruso Potemkin.

Su tripulación se subleva contra la alta oficialidad de la armada zarista por lo malos tratos y la pobre alimentación que recibían, al punto de que se veían obligados a comer alimentos en mal estado. La historia está basada en hechos reales y fue considerada en su época un nuevo aporte a la narración cinematográfica en términos de lenguaje visual.

Se ha encuadrado también como una película que refleja el espíritu de la época y en la que el abordaje temático la convirtió en poderosa y efectiva arma de propaganda para la joven  revolución bolchevique, exaltando al hombre común, sobre todo al oprimido que decide romper sus cadenas.

El acorazado Potemkin ha alcanzado la notoriedad de ser una de las mejores películas realizadas en el historia del cine y en 1958, durante la Exposición General de Bruselas, fue declarada como “la mejor película de la historia”.

Una de sus escenas famosas se desarrolla en la alta escalera del puerto de Odessa, cuando los soldados zaristas disparan contra el pueblo que apoya a los marinos sublevados, y hay un momento en que una madre es alcanzada por una bala mientras camina con  su bebé en un coche y este rueda lentamente escaleras abajo. La escena ha sido repetida en el tiempo por directores famosos como Francis Ford Coppola, en El padrino; Brian de Palma en Los intocables; Woody Allen en Bananas; Terry Gillian en Brasil; y Peter Segal en The Naked Gun.

Estrenada en 1925 potenció la importancia de la sublevación del Potemkin en relación con el estallido de la revolución fallida de 1905, que fue, de alguna manera, antecedente de la Revolución Bolchevique que triunfa en 1917.

Pero ese mismo año del estreno cinematográfico, en la propia URSS estaban sucediendo acontecimientos que iban a ser vitales para la construcción de una nueva sociedad, la cual se trataba de hacer en un solo país, atrasado y con rezagos feudales principalmente en el campo.

En enero de 1924 había muerto Lenin luego de una larga agonía, y ello hizo que apareciera la necesidad de sucesión y también la pugna entre Stalin y Trosky.

Stalin defendía la teoría de hacer el comunismo en un solo país y no aceptaba que en el seno del PCUS apareciera cualquier movimiento que amenazara la unidad monolítica de la institución; Trosky, por su parte, era el preferido por Lenin para sucederlo, y creía  en la “revolución permanente” y en lograr un movimiento revolucionario  a escala mundial, así como concebía al PCUS como una institución abierta a la polémica.

Hay que recordar que desde la enfermedad de Lenin el gobierno estuvo manejado por una Troika, que tenía una dirección colegiada, y estaba integrada por  Zinoviev, Kavenev y el propio Stalin, quedándose fuera Trosky.

Y en el propio año 1925, mientras El acorazado Potemkin se llenaba de gloria, Stalin lograba expulsar a Trosky del Buró Político del PCUS, y así comenzaba la llamada era stalinista, que se caracterizó por eliminar a la vieja guardia bolchevique, tanto en lo político como en lo físico, al punto que en 1936 fueron fusilados Zinoviev y  Kavenev, Bujarin lo fue en 1938, y Trosky, luego de haberse visto obligado por Stalin a irse al exilio, fue asesinado  en México en 1940 por Ramón Mercader, miembro de la inteligencia soviética, que luego de su salida de prisión fue condecorado en Moscú como Héroe de la Unión Soviética. Stalin gobernó con mano de hierro hasta su muerte en 1936.

Y así comenzó la nueva tónica “socialista” que al final propició la caída de la URSS y de todo el campo socialista europeo.
 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas