Apariencias |
  en  
Hoy es martes, 21 de noviembre de 2017; 1:04 AM | Actualizado: 20 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 214 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Atento a Roberto Fournier

Virgilio López Lemus, 20 de junio de 2017

El poeta Roberto Fournier (Guantánamo, 1987) dio su primer paso decisivo: La cantidad rosada, publicado en Holguín en 2016, edición ya de conocimiento general en 2017. Allí se presenta bajo la advocación de José Lezama Lima, de quien tomó el título, pero su voz es diferente, se abre a la experimentación del vocablo, como si prefiriera la connotación por sobre la directa expresión de contenidos inmediatos.

Fournier busca asociaciones insólitas. No quiere vaciar su ser de manera directa, prefiere la expresión fragmentada de ideas, también mediante la intertextualidad, que aplica con largueza, entre refranes, frases populares o expresiones sacadas del diálogo cotidiano. Fournier quiere hallar, en búsqueda aun de su voz «definitiva», un lenguaje poético per se, cifra encantada que también fue anhelo surrealista, cuando tal corriente lírica inició su larga marcha, hace cien años ya.

Su verso libre no apela al tono conversacional, antes bien, hay en La cantidad rosada un anhelo de literaturidad, que se manifiesta mediante versos que pueden llamarse «libres» o de prosa poética. Diferentes temas se pasean por sus páginas, no siempre fácil de discernir cuántos son, porque el autor apela a imágenes y formas distantes de la tradición de la poesía íntima o social, y se adentra en el conjuro surreal, con lo cual se desdibujan esos temas.

Hay un afán de comunicación diferente del que puede ser habitual en el mundo de la poesía escrita. Fournier acude a la carnavalización de los mass media, de lo que pueda parecer «farándula», trascendida a dispersión de mensajes, como en «La anunciación»: «Y repique repique pique al santo rolo: “¡Ay Celia Cruz, Maggie Carlés… por tu vida, Olga Guillot!” discute y para el tráfico, arma La Gorda, un Trocadero…» Ese lenguaje de alusiones diversas, de suma rápida para el que sabe de qué se trata, pudiera limitar un poco la expresión poética para quienes no están detrás de las claves significacionales con las que trabaja el poeta. Por ejemplo, la rápida alusión a la muerte del poeta Julián del Casal estará solo a mano de quien sepa cómo murió: «¡Ay Casal, se me ha roto algo dentro…!  --suspiré, muerto de la risa…»

Fournier no ofrece las claves de su expresión de manera patente, muchas veces hay que adivinarlas o intuirlas. Ni siquiera cuando parece más directo, cuyo trasfondo de orientación sexual queda sublimado: «No es fácil decir las palabras; besar al amigo sin que sepa… Bendecir su matrimonio y desviar los labios hacia la zona común del respeto…» Es una poesía de la alusión antes que de expresión directa, que diluye su mensaje o lo encubre con recursos rápidos de alusiones tampoco directas, sino diluidas en la variabilidad del pensamiento. Diluir es su clave, con lo que deja vacíos expresivos que el lector debe llenar. «El hueco impide al crítico», dice en su poema «[Fijación anal]», en el que, si no fuese por ese título, se sentiría que habla de «afanosa lectura», libre para la interpretación.

Creo que su mejor voz está al final del libro, en la sección que llama «Rastro de las declinaciones», cuando Fournier incluye el tono conversacional y el lenguaje confesional, que apela a recuerdos directos y expresión más limpia y clara. Expresa allí un cúmulo de razones de corte sexuales, a veces homoeróticos visibles, otras con sesgos expresivos más dables a las variadas interpretaciones. Este es el mejor caso de un poema sin título que comienza «Nos fugamos al río», y que testimonia la vida de un grupo generacional en un albergue de becarios. En esta sección, sin embargo, Fournier subraya situaciones dramáticas de enfermedades, contagios, crueldades que «mi corazón prefirió no enterarse. / alguna mano siniestra / pudo interferir en la transmisión». Un sentimiento de indefensión, de dolor, de desconcierto, preside estas páginas finales del poemario que, al concluirlo, deja una sensación de poesía en camino, por concretarse aún, frente al turbulento mundo de la desdicha.

Nadie puede dar un «consejo» cierto en el camino creativo de un poeta. Es él, o ella, quienes deben de hallar su voz, su paso firme en medio de una expresión consustancial al ser humano. Roberto Fournier quizás no debería intentar repetirse, pues en la repetición y la búsqueda constante del modo de expresión que adoptó en La cantidad rosada, le pudieran ser menos logrados sus hallazgos. 
 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas

Virgilio López Lemus, 2017-11-13
Virgilio López Lemus, 2017-11-06
Virgilio López Lemus, 2017-10-24
Virgilio López Lemus, 2017-10-02
Virgilio López Lemus, 2017-09-12
Virgilio López Lemus, 2017-08-21