Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 24 de noviembre de 2017; 5:30 PM | Actualizado: 24 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 215 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Atento a Micaela Paredes Barraza

Virgilio López Lemus, 10 de julio de 2017

Conocí a Micaela Paredes Barraza (Santiago de Chile, 1993) cuando yo impartía en 2013 varios cursos en la Universidad Católica de Chile. Tímida y sensible, ella recibió mi curso completo de métrica hispánica, según mi volumen Métrica, verso libre y poesía experimental de la lengua española. Eran solo trece jóvenes de la nueva generación de poetas chilenos, algunos de los cuales ni siquiera sabían por entonces que lo eran, y que llegaron al «taller» que yo impartía por pura intuición: tenían alrededor de diecinueve o veinte años. Todos fueron muy fieles en su asistencia, Micaela, Joaquín Miranda y Germán Alcalde fueron allí los que se descubrieron definitivamente como poetas. Me mostraron sus primeros poemas, comenzaron a ejercitarse en la métrica tradicional, y ahora Micaela ha publicado su primer libro: Nocturnal (Santiago de Chile, Cerrojo Ediciones, 2017).

La nueva generación de poetas latinoamericanos, nacidos a fines del siglo XX, ya está aquí, versando, conversando, es la primera del siglo XXI.

Nocturnal trae la voz de un espíritu angustiado. La poeta ha elegido la conjunción formal que radica entre los versos métricos y la versificación libre o semilibre, gusta de la rima, sobre todo asonante, se mete con calidad versal evidente en el soneto y busca expresarse a sí misma con sinceridad y honestidad en sus poemas llenos de emoción, porque poesía emotiva es, de entero, como suele ocurrir con los primeros libros de muchísimos poetas chilenos:

Solo he vivido un día y todo ha sido noche.

Herida de ceniza mi frente aún espera.
Oscuras mariposas en mis manos escampan.
Sus alas rotas cargan la errancia de otro entonces,
las esquirlas de un tiempo que en ofrenda se alza.

Y es una voz ancestral. No quiero buscar influjos o predeterminar «de dónde viene» esta fluidez versal de Micaela, pero sí hallarle familia lírica en aquellas damas que abrieron su voz en América Latina durante años numéricamente similares del siglo XX. De modo que en la joven chilena se abre de nuevo el botón lírico de una Gabriela.

Ella se ha presentado a la manera en que lo hacen muchos poetas cubanos de su edad: fijando «terreno» mediante premios literarios. Ha ganado varios certámenes y obtenido menciones en diversos concursos universitarios. A su corta edad, ya tiene textos publicados en España, Venezuela y, por supuesto, en Chile; digamos que este «despertar» la confirma y habla también de su poesía:


Sutil, fecunda gota: luz primera.
Antigua y cada vez recién creada.
En su roce, yo, carne confirmada;
Ritual de cada día en sombra espera

mi frente. Recibirte, luz certera,
y sentir un instante que la nada
deja de socavar y la abrumada
sangre torna del sueño más ligera.

Pero la luz adviene y me perdura
la oscuridad de esta raíz incierta,
mientras el sueño de la carne implora

y llora cada hueso hecho fisura.
Afuera el día es una herida abierta,
adentro noche, eterna moradora.

En este soneto reconozco la voz de una poeta esencial, ¿adónde llegará el fuerte estro de esta artista de la palabra, naciendo ahora? Creo que lejos, hasta donde su esfuerzo como creadora le dé aliento. Por ahora ella siente dolor, se lamenta, advierte al cuerpo suyo entre lo nocturno, sabe que es carne, ejerce la intimidad que torna en verso de evidente ritmo interior. Micaela llega a la poesía desde el furor adolescente, ese que no sabe mucho del mundo en torno y se asusta; advierte la noche incluso donde el sol irrumpe sobre los Andes. Vive en un mundo contradictorio y no lo comprende.

Ese es el fuego que irrumpe en sus versos, el de la incomprensión, y ella elige formas clásicas para contener mediante ellas los borbotones vitales de un romanticismo para nada trasnochado. Las nuevas voces, cuando vienen a ofrecer verdadera poesía, comienzan por la sinceridad y el dolor. Luego se verá cómo vibran en el camino.

No sé si la poeta necesitará en las nuevas entregas sostener su segundo apellido, siempre de honra, pues es el de la madre, pero literariamente funciona muy bien como Micaela Paredes. Con seguridad ella se abrirá a formas poéticas diversas, pues ha mostrado en este libro que domina muy bien el entramado clásico, ha disciplinado con él su voz, ha encontrado un ritmo expresivo propio y afín con su temperamento y sus temas (dolor, amor, el ser y el cuerpo…), y cumple con este libro su primera y comprometedora primera entrega, ante de entregarse a la especulación lírica y a la variedad formal. Ella aventura una poética del dolor, pero graduado de esperanzas el libro todo revela la búsqueda de voz definitiva, y Micaela tiende los brazos de su promesa. El tópico de las manos en el libro ofrecen el fiel de ese registro: «Acuden mis palmas, velan / el mundo recién nacido. / Descanso en ellas y el rostro / se desmorona hecho río». Cuando un poeta chileno se hace «río», baja de la montaña impetuoso, y solo se entrega al mar, que es el vivir, con la fuerza voluminosa de lo que arrastra.

Micaela Paredes es voz joven de la poesía chilena y de la nueva lírica latinoamericana. Nocturnal abre senda, ella ha elegido el compromiso expresivo, el pacto poético, que en su voz resulta un mandato. De la tierra de grandes poetas, que tanta afinidad lírica tiene con Cuba, surge aun tímida la voz de una muchacha que tendrá que luchar contra la tirada hacia abajo de la medianía vital. Bienvenida y hacia adelante, que el mundo es ancho, y no siempre, es ajeno.

 

Editado por Yaremis Pérez Dueñas


 

Virgilio López Lemus, 2017-11-13
Virgilio López Lemus, 2017-11-06
Virgilio López Lemus, 2017-10-24
Virgilio López Lemus, 2017-10-02
Virgilio López Lemus, 2017-09-12
Virgilio López Lemus, 2017-08-21