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Versiones de lo que pudo ser la historia

Ricardo Riverón Rojas, 10 de julio de 2017

Versiones no oficiales, de Juan Nicolás Padrón (Editorial Ácana, 2016), es un conjunto de textos donde lo narrativo y lo ensayístico se tributan mutuamente bondades. Mediante la ironía, el sarcasmo y una especie de sonrisa amarga, el autor nos transporta hasta una volumétrica realidad paralela donde la historia se vuelve a vivir, a veces desde el costado absurdo, otras desde su faceta galante, pero nunca sin que la sustente un juicio cuestionador que, muy en el fondo, nos avisa de que la mentira (o su parigual la falsedad) puede ser la versión oficial de casi todo.

El tiempo no tiene vuelta de hoja, y las múltiples realidades posibles que atraviesan lo que se vivió, son solo eso: vida que dejamos atrás con todos los recipientes repletos de oportunidades desaprovechadas.

El fingimiento es la mejor arma de este narrador, de ahí la afectación de un hablante que se mueve entre lo docto y lo burlesco y se permite dictar sentencias muy serias que, socarronamente, él mismo no se toma en serio. El sarcasmo se trabaja con eficiencia; se construyen palimpsestos, versiones alternativas, posibles relecturas que apuntan a incógnitas trazadas con versiones de la historia latentes en la historia. Valiéndose de un escamoteo lingüístico corrosivo, aconseja leer los aconteceres a la luz de la historia del arte. Con ello propone, de soslayo, un fluir del tiempo más coherente y amable que el vivido al amparo de otros códigos de existencia pedestre.

Me interesó mucho la narración dedicada a la guerra, con el personaje Scarlett O’Hara, como pretexto para que despertemos ante un horror que hace siglo y medio era el mismo de hoy, pese a los “avances tecnológicos”. Horror ante los parajes donde la muerte señorea como moneda de cambio en pos de una victoria solo disfrutable por quienes nada arriesgan.

El texto sobre las murallas nos devela el trasfondo de una doble moral que se establece como legítima, al amparo de la ligereza ligth impuesta por políticas hegemónicas. Constituye un metafórico testimonio sobre la tragedia social que compulsa a emigrar por las vías más inusitadas. El espíritu postmoderno, que valida todas las acciones, hasta las más deshumanizantes, recibe un trato devastador, desde un equilibrio sintáctico y lingüístico sagazmente equilibrado. Entre los instantes más felices del libro está esa zona donde un don Quijote, armado de argumentos de su época, relee situaciones actuales y aconseja a Sancho, como entonces, con esa sabiduría que algunos llaman locura.

Estamos ante un volumen donde la narrativa comparte sutiles y profundas hectáreas expresivas con el ensayo, la crónica y, sobre todo, con la poesía. Las situaciones cotidianas se tratan con sentido analógico, pues siempre hay algo detrás de lo dicho, que no se dice, pero se percibe de la manera oblicua en que la buena poesía nos conduce por mágicos interregnos.

Un texto: “Para bajar del cielo”, nos abre la puerta de la sátira, pero no es el único; también “La fábrica” lo consigue de manera brillante. Lo lúdico tiene su participación en el peso específico de un discurso que, con atención, acabamos sintiendo como humorístico. El cinismo queda expuesto de manera magistral en “Los pobres según los ricos”. El sarcasmo paródico de “Los nuevos burgueses” nos deleita desde una sutileza, presente en todo el libro, y que en este relato cobra notoriedad. La profunda y heterodoxa visión de “La patria” se erige como mensaje que gana, por disociación, dimensión lírico-épica.

“Salvado por desobediencia” constituye una especie de resumen, de tesis central, pues reverencia la reivindicación de la irreverencia, la establece como paradigma para contorsionar la historia y proponernos un nuevo guion de la vida, que no por archivado en el tiempo queda sin posibilidad de rescate.

Versiones no oficiales es un libro para reír por lo bajito, porque es, sobre todo, un libro para pensar y, de alguna manera tirar a broma supuestas verdades canónicas. Un costumbrismo subliminal le incorpora sentidos al discurso atildado e impone su código, con gracia, sin aspavientos, para fortuna del lector.

Juan Nicolás Padrón es un autor cubano de la que considero promoción invisible, la de los nacidos entre finales de los 40 y toda la década de los 50. Con la misma dificultad que tuvimos sus coetáneos logró emerger a la vida literaria en los 80, pues la promoción precedente extendió tanto su reinado que le cortó los caminos del debut a la nuestra acogida, sin embargo, con generosidad por los “guerreros” de los 80.

Los libros publicados por Juan Nicolás son: Tergiversaciones (Letras Cubanas, 1985); Desnudo en el camino (Unión, 1988); Peregrinaciones (Letras Cubanas, 1991); Crónica de la noche (Unión, 1995); Héroes y padres (Gente Nueva, 2002); El tonto de la colina (Unión, 2006); La llegada de los dioses (Letras Cubanas, 2009); Confesiones y resistencias (Universidad de Nuevo León, México, 2009); La palma en el huracán (Cuadernos Rodriguistas, Santiago de Chile, 2000); Géneros literarios y periodísticos (Universidad Autónoma de Nayarit, 2004); Apuntes de un lector (Letras Cubanas, 2016) y Animales reales y fantásticos (Ediciones Lom, Santiago de Chile, 2008), además del volumen que hoy les presentamos.

Si la presencia mayoritaria de la poesía en su obra nos hacía ubicarlo lejos de la narrativa, estas versiones no oficiales reivindican, desde el primer ejemplar, a toda la especie, que seguro procreará textos de similar riqueza en los abordajes de una realidad no solo atribuible a Cuba.

Editado por: Nora Lelyen Fernández