Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 23 de noviembre de 2017; 4:52 PM | Actualizado: 23 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 175 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Las crónicas sobre Haití de Amelia Duarte de la Rosa
 

Marilyn Bobes, 21 de septiembre de 2017

Si hay algún ejemplo reciente de que la crónica periodística bien podría considerarse un género literario habría que tomar como referencia el libro Haití, despertar de la muerte de Amelia Duarte de la Rosa, publicado por la Editora Política.

El volumen, que recoge trabajos publicados en el periódico Granma entre diciembre de 2011 y noviembre del 2012 nos muestra a una autora en la cima de sus posibilidades con un dominio del idioma y un poder para las descripciones nada frecuentes en nuestros medios. Porque se trata no solo de reflejar los acontecimientos de un país devastado por un terremoto y víctima de la precariedad, sino de descubrir las esencias de una nación que fue la primera en América Latina y el Caribe en obtener su independencia.

Duarte de la Rosa ha conseguido poner ante nuestros ojos un territorio de extraña belleza con todo lo que tiene de peculiar ya sea en su cultura o en la idiosincrasia de las personas que la habitan, rasgo este último que es la diana favorita de una periodista que como El Principito, vio con el corazón lo invisible para los ojos.

Como afirma Marta Rojas en su prólogo “el libro es periodismo raigal, de la mejor factura” que entrega a los lectores, con el mejor pulso periodístico y precisión, la imagen de un pueblo y de una nación, simultáneamente, con la generosa misión de los colaboradores cubanos de la medicina, sin descuidar la educación, la cultura y el deporte.

El humanismo y la visión tan lejana de los lugares comunes harán que vivamos de una manera diferente los episodios en que los colaboradores cubanos aparecen casi como parte de un paisaje en el que el elemento principal es el hombre y sus angustias, alegrías y creencias.

En su introducción al volumen, Duarte de la Rosa nos habla de “un país sin tiempo, de movimientos inesperados y cosas inadvertidas, donde todo se exacerba y el fuerte contraste no permite analogías de ningún tipo”.

Indudablemente que la periodista, o más bien escritora, quiso atender al llamado de nuestro poeta nacional Nicolás Guillén cuando afirmaba que Haití “se mantiene alejada de nuestro conocimiento como si no se hallara a unas breves horas de avión, a unos cuantos días por mar”.

Haití, despertar de la muerte tiene el mérito de un descubrimiento más eficaz, sin duda, del que nos dan las imágenes de la televisión, porque su autora ha sabido penetrar con lirismo y objetividad en todo lo que un Alejo Carpentier nos ofreció en sus ficciones.

El volumen se divide en tres partes: “La mayor de las Antillas, un retrato altruista en tierra haitiana”, que se refiere sobre todo a la labor de los médicos cubanos pero también a los sujetos principales de estas historias, los propios haitianos, “Ayti cherie” y “El fin pero no es el fin” donde, en mi opinión la prosa de la autora se vuelve más sensible y más literaria.

En el segundo prólogo que se publica en el libro, Karina Marrón González señala que en este libro, “más allá de los desastres naturales, las enfermedades y la pobreza, hay un país que respira y es justamente hacia ese país que miran esta crónicas. Crónicas de lo cotidiano, del miedo, la imaginación y el hambre; pero también de la solidaridad, del amor, de la cultura y de la alegría”.

Saber descifrar todo ese mundo acallado por los medios de información internacionales en su búsqueda de sensacionalismo es uno de los méritos fundamentales de estos pedazos de escritura que se acercan al diario íntimo.

La empatía con que Amelia Duarte de la Rosa se acerca a esta isla desdichada es lo que le ha permitido una visión totalizadora y muy veraz, porque no parte de una mirada imparcial sino de una interiorización que solo una persona con la sensibilidad que la autora demuestra en estas páginas hubiera podido llevar a término.

Recomendamos al lector esta visión de conjunto que quizás escapó a los envíos sistemáticos que la periodista realizó durante su estancia en los escenarios de la novela de Carpentier El reino de este mundo.

Lo real maravilloso aparece en ellas con algo más que el deslumbramiento desde una posición intelectual pues, repito, Amelia Duarte nos dejó en sus crónicas algo que falta a la ficción: el testimonio tamizado por una penetración excepcional desde el sentimiento y la empatía.

Más que periodismo, Haití, despertar de la muerte, es una lección de buen ejercicio escritural, donde el talento y el buen corazón se juntan para proporcionarnos una visión inédita de lo que ocurre a solo unas millas de distancia de nuestro archipiélago.

 

Editado por Heidy Bolaños