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La diplomacia de los Estados Unidos hacia Cuba en julio y agosto de 1957 (I)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 06 de diciembre de 2017

A partir de 1957 la política oficial de los Estados Unidos hacia el régimen de Fulgencio Batista se centraba en una aparente neutralidad que le permitía ofrecer seguridad al gobierno cubano y continuar colaborando con este de manera constructiva. Sin embargo, la CIA pretendía acercarse y estudiar detalladamente los sectores revolucionarios en previsión de que su alternativa pudiera imponerse. A principios de julio de ese año el Cónsul norteamericano arribó a un acuerdo con el líder del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) Frank País para que cesara el robo de armas de la base naval de Guantánamo por parte de esta organización a cambio de conseguirle visa para salir del país a Léster Rodríguez, otro importante dirigente de esta organización revolucionaria.1

Por otro lado, otros proyectos del Consulado norteamericano estuvieron dirigidas a efectuar un encuentro con el vicecónsul y agente de la CIA, Robert D. Wiecha, con el líder máximo del M-26-7, Fidel Castro. Al respecto, Frank País le escribió a Fidel: “Ya yo estoy arisco con tanto movimiento y conversaciones con la embajada, creo que convendría cerrarnos un poquito más, nunca perder el enlace, pero no darles la importancia que se les está dando, pues veo que se están introduciendo y no veo claro qué verdaderos fines. Tengo recelos de otra mediación”.2

En esa propia carta se exponían algunas recomendaciones del cónsul norteamericano a las organizaciones revolucionarias emergentes en caso que pudieran constituir gobierno. Frank País, inteligentemente, tomaba nota de los criterios del cónsul a los efectos de favorecer y perfeccionar la estrategia revolucionaria de toma del poder político. Los revolucionarios cubanos con astucia, pero sin relegar de sus principios y de sus fines últimos, debían diseñar un proyecto político que le permitiese adelantar en su finalidad básica en esos momentos que era derrocar a Batista:

El verdadero miedo de los sectores financieros, y he podido captar esto en las conversaciones con el Cónsul americano, es que a la caída de Batista no tengamos la suficiente fuerza para constituir gobierno propio y estable, sino que tengamos que llamar a los partidos, movimientos y submovimientos que cada día se dividen y se separan más. Creo que nuestra política de captar una serie de elementos altamente representativos y valiosos de la vida pública nacional y vincularlos a nosotros, nos pone en disposición de tener la ventaja en el momento preciso de una quiebra nacional.3

Como bien lo afirma José Cuesta Braniella estos elementos estaban siendo captados en el Movimiento de Resistencia Cívica que actuaba cerca del conjunto de Instituciones Cívicas.4 De manera que por diferentes vías diversos elementos de la corriente reformista pasaban a ser asimilados por la corriente revolucionaria. Por imperativo de la represión de la dictadura que no facilitaba una paz justa al país, los reformistas eran empujados al campo de la Revolución.

Los revolucionarios, por necesidades de adecuar una estrategia de unidad dirigida a favorecer el reconocimiento internacional de un posible gobierno provisional, estuvieron prestos a captar a esos elementos moderados. De la derrota de la reforma se estaba consolidando la Revolución. Los imperialistas apostaban a que a la larga estos elementos reformistas pudieran dirigir los destinos del país, pero erraban, ya la vanguardia revolucionaria se había fraguado en el combate frontal con la tiranía, una juventud rebelde sin compromisos con los preceptos básicos de la República Neocolonial pugnaba por un proyecto de mayor justicia social, por una Cuba nueva.

En otro informe de Frank País a Fidel Castro se advertía sobre los preceptos sobre los cuales Washington pudiera reconocer a un probable gobierno revolucionario:

Conversamos con el Cónsul (...) Sus recelos son de que no podamos controlar solos el poder, siguió diciendo que el gobierno americano no tiene inconveniente en reconocer gobiernos puramente nacionalistas (...) pero con tal que seamos efectiva y únicamente nacionalistas. Noté que le tiene pánico a que detrás de nosotros se muevan los comunistas.5

Estos encuentros de Frank País con el Cónsul norteamericano, fueron útiles a los efectos de conformar una inteligencia de los sectores revolucionarios que les permitiese avanzar y consolidar posiciones en la lucha por desplazar a Batista del gobierno como objetivo fundamental sin que, por el momento, se pudieran dar a conocer otras reivindicaciones más radicales que eran secundarias en aquella coyuntura histórica.

La CIA pretendía mediatizar a las organizaciones revolucionarias desde adentro demostrándole simpatías y alentándolas en su lucha, en esa propia comunicación Frank decía: “Nos aconsejó que apretáramos en el sabotaje”. Era una forma de mantener influencia en el movimiento revolucionario. Frank, ante tantos contactos, alertó a Fidel de que era necesario mantenerse más alejados de las instancias norteamericanas, pero Fidel sagazmente le quitó esos temores, de ese rejuego político los revolucionarios habrían de sacar la mejor parte:

Respecto a la visita de un diplomático americano. No veo que hayamos de poner objeción (...) Ese es un reconocimiento de beligerancia y por lo tanto una victoria más contra la tiranía. No debemos temer esa visita si tenemos la seguridad de que en toda circunstancia sabremos mantener en alto el pendón de la dignidad y la soberanía nacional. ¿Que nos hacen exigencias? Las rechazamos. ¿Que desean conocer nuestras opiniones? Las exponemos sin temor alguno. ¿Que desean estrechar lazos de amistad con la democracia triunfante en Cuba? ¡Magnífico! (...) ¿Que nos proponen una medición amistosa? Respondemos que no hay mediación honrosa, ni mediación patriótica, ni mediación posible en esta lucha.6

En definitiva, la proyectada visita no tuvo lugar. Batista no podría aceptarla y Washington no podía dejar a un lado su compromiso primario con la dictadura. Con vistas a consolidar el frente revolucionario era necesario utilizar a todos los niveles los resortes de la sociedad norteamericana, diversa y compleja. Sobre todo aprovechar que los imperialistas apostaban por una transición política que fuese segura de modo que no se afectasen sus intereses en Cuba. Esa visión había que esgrimirla con astucia para favorecer el avance de las fuerzas revolucionarias en esa compleja coyuntura histórica.

Notas

1 William Gálvez Rodríguez: Frank, entre el sol y la montaña, Ediciones Unión, 1991, t. II, p. 539.
2 Ibídem, p. 551.
3 Ibídem.
4 José María Cuesta Braniella: La Resistencia Cívica en la guerra de liberación de Cuba, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1997.
5 William Gálvez Rodríguez: Ob. cit., p. 557.
6 Ibídem, p. 567.