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Atento a Katherine Bisquet

Virgilio López Lemus, 15 de diciembre de 2017

No habría de asombrarme al leer Algo aquí se descompone (2024), el primer poemario de Katherine Bisquet (Cienfuegos, 1992), porque ella «cumple» con un grupo de posibles enunciados comunes en los planos de contenidos, estilísticos y formales, propios de su promoción, la primera hornada de poetas cubanos del siglo XXI, nacida en las postrimerías del siglo XX. Entre esos rasgos distintivos, salta la sencillez escritural, lejana de los impulsos tropológicos de generaciones poéticas anteriores, y la llaneza con que la poeta expone sus contenidos, mediante un tono conversacional graduado a la intimidad y lo confesional.

El primer elemento distinguible en su poesía es la sinceridad, comedida, no toma al verso para excesos confesionales, pero Katherine quiere que su poesía sea ella misma, mujer y palabra. A veces su verso libre breve posee demasiadas asonancias, o no ha sabido picar bien uno más largo con otro más breve, o adjetiva con poca belleza, todo lo cual puede más bien ser dado por tratarse de una opera prima, la poeta no ha hallado aun por completo su voz, pero sí el impulso creativo, la necesidad como vocación.

El ámbito familiar, la vida en torno, las circunstancias son la materia moldeable de su expresión, pasado todo por el filtro íntimo, por un sujeto lírico capaz de dialogar, que no quiere encerrarse en un mundo oscuro, oculto, sino que busca expresarse con claridad. Sabemos que en poesía no basta ni la sinceridad ni las buenas intenciones, lo sabe ella, y se advierte que trabaja con cuidado sus textos sobre todo desde sus contenidos, pues Katherine debe aún trabajar con más atención los recursos expresivos para no hacerlos recurrentes, para convertir lo formal en uno de los valores distintivos de su poesía.

Hay dolor y cierta violencia, que son rasgos de enfrentamiento con su realidad. Como en poemarios de otros poetas de su edad, ella sustituye la metaforización por la repetición de palabras, versos, ideas, lo cual coopera al ritmo poemático. En ese modo reiterativo acude la máxima, o al menos el matiz sentencioso de su poesía:


A mayor altura están los que suplican,
los que devoran el tiempo
en la monstruosa ciudad delirante.
   
A mayor altura están mi madre, mis hermanos
En un ridículo destino que al fin perece.

A mayor altura viví yo algún día,
en alguna aldea.

A mayor altura tuve que matar
porque no sabía de otra vida,
y tenía que agotarlo todo.    

La frustración de la Ciudad Nuclear, cercana a Cienfuegos, atrae el interés de Katherine en un libro inédito cuando escribo estas páginas: "El proyecto del siglo", basado en la electronuclear que una vez soñó poseer Cuba y que se quedó como un «elefante blanco» del siglo XX, ya paralizado cuando Katherine nació. Pero ella sabe recoger el sentimiento de frustración del pueblo creado en torno, recién nacido y en seguida arruinado, como perdido a la entrada de una bahía preciosa, en un hábitat de privilegio, convertido en la nada diaria, en una suerte de pueblo fantasma no raro en América Latina, hijo de los proyectos «de futuro» abandonados. Creo que este conjunto lírico trajo a la poeta una mejor manera de comunicar su interés lírico, porque el tono elegíaco que ahora aparece con más fuerza, le resulta muy afín.

Algo aquí se descompone resultó una carta de presentación, un llamado de atención hacia una joven talentosa que estaba dando con él un paso más allá de la promesa, de la posibilidad, del impulso raigal.