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De Riverón a Riverón

Ricardo Riverón Rojas, 27 de diciembre de 2017

Empecé a escribir en 1970. En 1975 me vinculé, con agudo temor de principiante, al taller literario del municipio de Camajuaní. Enseguida me preguntaron si era pariente de Francisco Riverón Hernández, gran poeta al que la mayoría identificaba como decimista. Ese mismo año, el 13 de enero, había fallecido el bardo y yo lo ignoraba, pues la prensa cubana, salvo alguna estación de radio, no reseñó su muerte.

La gran popularidad de Riverón se la debía, en buena medida, el texto "Epístola a José Martí", que a partir de la segunda edición se publicó como "José de los cubanos"1, un poema impecablemente construido alternando heptasílabos y endecasílabos con rima asonante. Fue una composición muy difundida en la década de los 50, y aún en los 60. La fuerza de sus imágenes y su impecable versificación, muy familiares al oído cubano (pese al énfasis y la compleja tropología) hicieron posible, además de la publicación, su exitosa oralidad, tanto en actos públicos como en la radio.

"Es posible que seamos familia, pero yo no lo sé" –respondí a mis contertulios de 1975–, y aunque la interrogante sigue sin respuesta definitiva, la amistad que desde 1982 sostengo con su hijo, Efraín Riverón, contribuyó a la casi certeza de que no tenemos antecedentes comunes, al menos a la vista de tres generaciones.

"José de los cubanos" es un poema que vivió un azaroso trayecto. Juan Carlos García Guridi, en su valioso estudio-compilación Entre el lápiz y la horma, relata cómo el poeta, debido a la popularidad del texto, se vio precisado a marcharse de Güines, su terruño, para evadir la represión de la policía de Batista. De igual forma refiere que el poema, "escrito en 1953, Año del Centenario de Martí, fue presentado a concurso y sacado por la tiranía del grupo de trabajos que debían evaluarse. Se publicó en Bohemia en 1955 y (...) fue prohibida su recitación por radio y televisión, durante los dos últimos años de la dictadura"2.

En su antología de poemas dedicados a Martí, El amor como un himno3, de 2008, Carlos Zamora y Arnaldo Moreno hacen referencia también al incidente, en nota al pie. En la poética de Riverón se aprecia un profundo fervor por la figura de Martí, como señala el mismo Guridi con varios ejemplos, tanto en el libro citado como en el artículo "José Martí en Francisco Riverón: ocho décimas inéditas"4.

Resulta imposible que "José de los cubanos" dejara indiferente a los represores de la dictadura de Batista:

Te he sentido crecer junto a los pobres,
he bebido de ti donde estás vivo
te conozco sudando de talleres
en un juntar de brazos oprimidos,
(...)
Escúchame, José de los cubanos,
alguien quiere creer que estás dormido.
Mira cómo ha crecido lo más triste
donde fuiste cuajado en alma y carne,
mira lo que le han hecho al sueño libre
que abanderó tu voz en todas partes;
porque los que se dicen tus hermanos
han dejado morir lo que sembraste,
(...)
José de los cubanos,
Cuba quiere sentir que te despiertas.
Hay que romper un sol sobre la noche.
Hace falta tu voz, José... ¡Despierta!

En el prólogo a Entre el lápiz y la horma, Virgilio López Lemus puntualiza variados elementos de valor en la obra de quien, antes de poeta, fuera zapatero y a expensas de un notable afán de superación y mucho talento llegó a ser escritor, repentista, lírico, autor musical, compositor y director de programas radiales y televisivos. El popular espacio televisivo Palmas y Cañas lo tuvo como su primer guionista, y su reiterada presencia en las páginas de la revista Bohemia en determinado momento le ganó el apelativo de "El poeta de Bohemia". Entre los más interesantes juicio críticos de López Lemus resalto el siguiente: "Junto con Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí, formó el «dúo» de los renovadores más intensos de la décima cubana en la década de 1950"5

Virgilio, como algunos otros críticos, lo aprecian vinculado con el llamado neopopularismo español de la generación del 27. Waldo Leyva por su parte, en el artículo "La décima", le señala (no solo a Riverón, sino también a todo su grupo generacional) cercanía con el sistema tropológico de Lorca.6

De interés también resulta el juicio del crítico cienfueguero Jesús Fuentes Guerra, quien le atribuye a la creación de los decimistas cubanos influencias de Campoamor y Núñez de Arce (posrománticos), Pobeda, Fornaris y El Cucalambé, y concluye que la principal fuente que nutrió a Riverón Hernández fue la de los dos primeros, porque "a pesar de sus logros desde el punto de vista de sistema de lenguaje, tiene en su décima un aire bohemio, neorromántico, que lo lleva a un lirismo de desahogo y no a un lirismo de ahondamiento"7.

Con el respeto que me merecen los tres críticos citados, no creo que el encasillamiento propuesto represente a una poética que hizo uso de las formas métricas tradicionales (décima y soneto principalmente) y del verso libre, y que además ahondó en la poesía cívica, en la paisajística, en la de amor y en la filosófica, con diversos abordajes. Un autor que escribe versos como "La calle va estirándose/ en un aburrimiento de neumáticos", aun cuando ese no sea su estilo prevaleciente, acusa buenas semejanzas con la vanguardia.

Para argumentar mi reticencia a la cota clasificatoria con que a veces se le mira, bastaría leer su amargo "Canto final del poeta", del libro póstumo La isla perdida (Editorial Iduna, Miami, 2009), inédito aún en Cuba, para encontrar ecos del Huidobro de Altazor, y hasta del Vallejo de "Poemas humanos":

Ahora entro a mi cuerpo de azogue,
con su pared de agua
y su mundo a la inversa,
y veo delante una ventana
más ancha que mis hombros;
ayer estuvo en ella la luz cuadrada,
y también mi muerte
anduvo cerca de esos alambres
que tienen
a la luna colgada de sus postes.8

El paisajismo o el hálito descriptivo de una zona de la poesía de Riverón lo siento más en sintonía con el panteísmo de Samuel Feijóo que con la enumeración deslumbrada del Cucalambé. Los personajes protagónicos de sus textos son por lo general personajes populares donde de alguna manera muy sutil y respetuosa se siente latir un humor costumbrista. Un ejemplo lo consigna Guridi en su libro, cuando reproduce la décima que improvisó ante el desaguisado de una guayabera que le obsequiara, grande para la talla de Riverón, el poeta Manuel Tejera Trujillo, conocido por Gareo: "Yo tengo una guayabera/ que me regaló Gareo,/ ancha como mi deseo/ y larga como mi espera".9

De su obra en arte mayor (no solo endecasilábica) marco mi preferencia por "Soneto del anciano ciego", que al parecer también cautivó a Samuel Feijóo:

Le llamaban "El viejo Cayetano".
Siempre le vi vestir de guayabera.
La angustia de pedir su amiga era
y el dolor de ser ciego era su hermano.
Dos bastones llevaba aquel anciano
tarareando en los bordes de la acera,
haciéndole pensar al que lo viera
que andaba con un ojo en cada mano.
Suplicando limosna aquel mendigo
un gajo de limosna parecía.
(Yo lo llegué a querer como un amigo.)
Y presiento que pasa todavía
mirando sin mirar por mi postigo,
sonriendo a la noche en pleno día.10

Francisco Riverón Hernández nació en Güines el 2 de abril de 1917. Es decir, que en este año que concluye, se cumplió su centenario. Este artículo tiene la pretensión de impedir que el año termine sin una referencia al importante onomástico. La institución literaria cubana actual, si bien en los márgenes provinciales, ha comenzado a desenredar la madeja que relegó a Riverón al injusto silencio. La casa de la décima de Güines lleva su nombre, como también lo lleva un concurso, auspiciado entre otros por el Sectorial Provincial de Cultura de Mayabeque, que se convoca anualmente.

La publicación de Entre el lápiz y la horma, en 2014, también constituye una buena señal. Pero este poeta que publicó quince libros, algunos de ellos con varias ediciones, y que matizó con buena letra la oralidad poética de la etapa en que vivió, merece ser reconocido en su dimensión nacional, sobre todo con nuevas publicaciones en editoriales de ese alcance.

Ni siquiera por la suspicacia que pudiera despertar la coincidencia del apellido, comulgo con el silencio. Y si alguien volviera a hacerme la pregunta que en mis días de debutante me hicieron sobre nuestro posible parentesco, sin vacilación respondería que somos hermanos –pese a la diferencia de edades– por parte de la poesía y el amor a la patria.

(Santa Clara, 18 de diciembre de 2017)
 

Notas

1 Epístola a José Martí, Poemas, Editorial Pedreguera, Güines, 1953. José de los Cubanos; 2ª edición aumentada, Talleres de Zitros, La Habana, 1960 (3ª y 4ª ed. Id.).
2 Juan Carlos García Guridi: Entre el lápiz y la horma, Ediciones Montecallado, Mayabeque, 2014, ISBN 978-959-7228-12-7, p. 24.
3 Carlos Zamora y Arnadlo Moreno: El amor como un himno, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2008, ISBN 978-959-271-067-2, p. 135.
4 Juan Carlos García Guridi: "José Martí en Francisco Riverón: ocho décima inéditas", Periódico Mayabeque, 22 de enero de 2016, disponible en: http://diariomayabeque.cu/2016/01/jose-marti-en-francisco-riveron-ocho-decimas-ineditas/, fecha de consulta, 17 de diciembre de 2017.
5 Virgilio López Lemus: "Invitación a la lectura", prólogo a Entre el lápiz y la horma, de Juan Carlos García Guridi, p.7.
6 Ver: Waldo Leyva: "La décima" en La Jiribilla Nº 53-2002, La Habana, disponible en: http://epoca2.lajiribilla.cu/paraimprimir/nro53/1440_53_imp.html, fecha de consulta, 17 de diciembre de 2017.
7 Citado por Juan Carlos García Guridi, en Ob. Cit. p.p. 19-20.
8 Citado del blog Gaspar, el Lugareño, 13 de noviembre de 2009, disponible en: www.ellugareno.com/2009/11/canto-final-del-poeta-francisco-riveron.html, fecha de consulta, 17 de diciembre de 2017.
9 Citado por Juan Carlos García Guridi en Ob. Cit. p. 11.
10 Francisco Riverón: "Soneto del anciano ciego", en Sonetos en Cuba, antología de Samuel Feijóo, Dirección de Publicaciones de la Universidad Central de Las Villas, Santa Clara, 1964, p. 364.

Ricardo Riverón Rojas, 2017-12-13
Ricardo Riverón Rojas, 2017-11-20
Ricardo Riverón Rojas, 2017-11-03