Fabián y el caos
Fabián y el caos pudo ser una novela diferente en la obra de Pedro Juan Gutiérrez. Y en cierto sentido lo es. Pero su autor no puede dejar de ser Pedro Juan y su obsesión por la crudeza sexual y la escatología vuelven de nuevo a este volumen, en paradójica coexistencia con una alta dosis de emotividad.
Publicada en Cuba por Ediciones Unión, la obra está basada en acontecimientos reales y, según me confesó el escritor, estuvo muchos años rondándole por la cabeza antes que se decidiera a escribirla. Cuestiones de ética: ese Pepe Grillo que se posa en el hombro de los escritores cuando necesitamos convertir en ficción asuntos que involucran a terceras personas, mucho más si nos ha unido a ellas una relación íntima o una entrañable amistad.
La historia es dura: trata de la marginación social y los graves daños sicológicos que sufrieron los homosexuales en Cuba desde mediados de los sesenta del siglo pasado hasta principios de los ochenta, período que algunos estudiosos han denominado “quinquenio gris” y otros “decenio negro”, depende de la mirada más o menos radical con que cada uno se refiere a ese nefasto período del proceso revolucionario cubano.
Me parece que es la novela de Pedro Juan Gutiérrez donde la política —tal como él la ve, es decir, desde el lado más oscuro y menos conciliador con las circunstancias— adquiere un papel más protagónico. Comienza con las intervenciones a los pequeños negocios privados que se realizaron en los primeros momentos después del triunfo revolucionario y acaba con las promulgaciones de la llamada “ley del vago” y las parametraciones a los artistas ocurridas después del Congreso de Educación y Cultura de 1971.
Sin embargo, más allá de todo eso, está el canto a la amistad que prevalece entre dos protagonistas diametralmente opuestos: el taciturno y entregado pianista Fabián, casi un sacerdote de la creación y la interpretación musical, y el caótico Pedro Juan: hedonista, un poco antisocial y contestario, irreverente con todas las normas establecidas, bien sea por la moral judeocristiana convencional o por la nueva sociedad revolucionaria.
Pedro Juan se siente traicionado por la religión y también por su concepto, muy particular, de lo que debe ser una revolución. En algún momento se autodefine como troskista y reacciona frente a la corrupción y el oportunismo de los jefes de una fábrica de enlatados de productos cárnicos en la que se ve obligado a trabajar huyendo del peligro de ser enviado a las temibles Unidades Miltares de ayuda a la producción (UMAP).
En esa fábrica coincidirá con Fabíán, un antiguo compañero de estudios, parametrado en la Compañía de Ópera para la cual trabajaba, por su condición de homosexual.
Todos los personajes —no solo Fabián y Pedro Juan— están excelentemente dibujados. Aun cuando hagan su aparición en un solo capítulo de la novela. La mayoría son seres enajenados, excéntricos, aberrados que crean una cosmogonía difícil de ser olvidada y muy verosímil a pesar de los comportamientos raros e inusuales.
El final es quizás uno de los momentos más logrados de la obra. Recuerda un poco a El Rey de La Habana en su dramatismo. Pero nos deja la impresión de haber compartido una historia cruda y desgarradora, en cierto sentido verosímil, aun cuando otros vivieran los años en que transcurre la acción de una manera más luminosa y entregados a una utopía que en Fabián y el caos es una burda conjunción de mentiras y atropellos injustificables.
Obviando su argumento y su contenido, la más reciente novela de Gutiérrez puede catalogarse como una pieza de mucha mayor profundidad que todas las que ha escrito anteriormente.
Se encuentra aquí una amplia demostración de “alta cultura”, especialmente con relación a la música de concierto. No falta tampoco alguna referencia a la “popular”. En la página de la dedicatoria el autor agradece a sus amigos Ernán López Nussa, Pablo Milanés y Senesio Rodríguez “por sus atinados comentarios sobre música y piano”.
Pueden encontrarse también abundantes citas literarias y reflexiones que contrastan con el lenguaje, para algunos soez, que Pedro Juan Gutiérrez acostumbra a utilizar y que no ha sido obstáculo para que académicos y lectores de todo el mundo lo sostengan como uno de los escritores cubanos más consumidos, traducidos y estudiados entre los que viven en la Isla y fuera de ella.
Fabián y el caos encontró, como anteriores libros de Gutiérrez, editores en Cuba. Ediciones Unión y Letras Cubanas ya han publicado la mayoría de la obra de este escritor ¨maldito¨, y en breve verá la luz su demasiado postergada Trilogía sucia de La Habana.
Lo cierto es que, a pesar de su dura visión de la historia cubana de los primeros años revolucionarios, se trata de una excelente novela en la que no faltan, aunque en esta novela sean accesorias, las descarnadas descripciones sexuales que, en otras obras del autor, tenían el sentido de sostener al texto.
Sin embargo, en toda la primera parte el autor recurre a esos tópicos para mantener la atención del lector. Ello hubiera evitado ese sentimiento de “más de lo mismo” que pudieran ocasionar algunos pasajes.
Aún así: confieso que la leí de un tirón. Y que más de una vez me sentí conmovida por esta historia llena de algo que muchas veces falta a la literatura contemporánea: la sensibilidad y el humanismo.
Bienvenida sea entonces Fabián y el caos a la lista de las mejores novelas escritas por un cubano en 2015 y que ahora Ediciones Unión tiene la osadía de poner a disposición de los lectores cubanos.