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Antonio Maceo y Rafael Uribe (III)

Jorge Renato Ibarra Guitart/Jesús Martínez Beatón, 16 de abril de 2018

Rafael Uribe Uribe, Cuba y la América Latina

Durante el siglo XIX se conformó el ideal liberal como corriente central de pensamiento político resultado de la irrupción de las revoluciones burguesas a escala mundial.  En aquellos años se identificaron como conservadores a los defensores del antiguo régimen feudal: la monarquía, la iglesia y su sistema de castas que se consideraban parte del orden natural, toda una herencia divina. Con posterioridad, en la misma medida que los privilegios antes sustentados por la clase feudal pasaban al dominio de la alta burguesía se conformó una nueva tendencia ideológica denominada el liberalismo conservador. El profesor Eduardo Torres Cuevas establece que para hacer frente a esta tendencia conservadora que limitaba los derechos a los estratos sociales subalternos, que no participaban del poder económico, surgió la ideología de los que él califica como liberales radicales.1

A fines del siglo XIX la tendencia liberal radical, que siempre estuvo permeada por la masonería, unificó a diversos revolucionarios latinoamericanos en una causa común para enfrentar el conservadurismo y el colonialismo. En el caso particular de Antonio Maceo podemos considerar, siguiendo el criterio de Torres Cuevas, que entre 1884 y 1895 el héroe de Baraguá articuló un conjunto de relaciones con líderes del continente que fueron los gestores de los movimientos revolucionarios más relevantes de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Dentro de estos movimientos descollaron los que impulsara Eloy Alfaro en Ecuador al frente del Partido Radical Liberal que llegara a triunfar en 1895, los que fomentaron los liberales en Colombia donde es figura relevante Rafael Uribe Uribe, la propia gesta independentista cubana bajo el liderazgo de Martí, Gómez y Maceo, y el acontecimiento con el que concluyó este ciclo histórico, la revolución mexicana de 1910.2

En Costa Rica se gestó una importante red de alianzas políticas denominada “Tratado de los Cuatro” o “Tratado de Amapala”, suscrito en 1893, a la que contribuyeron seguidores de la corriente liberal radical quienes, desde el exilio político, se propusieron un plan de acciones a escala continental para enfrentar el colonialismo y el conservadurismo. Los objetivos básicos de esa alianza fueron la independencia de Cuba y Puerto Rico, la ejecución de una reforma liberal en diversos países hispanoamericanos, y por último, la constitución de una suerte de Confederación Latinoamericana. La iniciativa cobró fuerza con el donativo ofrecido por el presidente de Venezuela, Joaquín Crespo, de unos 200 000 bolívares y la oferta del territorio de Nicaragua para todo tipo de maniobras por su presidente, el General José Santos Zelaya. Un propósito que involucró desde un primer momento a los colombianos en este plan conspirativo, donde jugó un rol relevante Rafael Uribe Uribe, fue la reconstitución de la Gran Colombia. Por otro lado, los centroamericanos pretendían dar vida a un proyecto de Federación Centroamericana; estos objetivos serían pasos intermedios hacia la integración general de la América Latina.  Finalmente, resultaría relevante el aporte del Ecuador por intermedio de Eloy Alfaro, quien había llegado al compromiso previo con Antonio Maceo de preparar un contingente de ecuatorianos, colombianos y nicaragüenses a pelear por la independencia de Cuba. Dentro de aquellos proyectos estaba presente la intención de que, una vez que los liberales pudieran tomar el poder en Colombia, estos pudieran apoyar la causa de los revolucionarios cubanos, mexicanos, y ecuatorianos. Informes de inteligencia de los espías españoles en esta región daban cuenta que Antonio Maceo era uno de los protagonistas de esa empresa: “La expedición para asaltar Barranquilla fue ideada por el mismo Maceo”.3

En realidad donde mejor pudieron concretarse los propósitos del “Tratado de los Cuatro”  fue en la llamada Guerra de los Mil Días en Colombia. Se afirma que más de la mitad de las armas de las que dispusieron los liberales procedieron de Ecuador y Venezuela, mientras que en Centroamérica se gestó un apoyo activo que tuvo como ejemplo notable la expedición que, desde Nicaragua, organizó el General Zelaya hacia Panamá. A esta contienda colombiana llegaron las experiencias de la lucha irregular en Cuba por intermedio del General Avelino Rosas, quien en la manigua cubana Antonio Maceo identificara como “El león del Cauca”. Rosas fue quien dio a conocer y divulgó el llamado “Código Maceo”, guía de combate para los liberales colombianos.4

En la vida política de Colombia, Uribe Uribe resultó uno de los líderes políticos más cercanos a la causa independentista cubana. Luego de la dura realidad que debió enfrentar por la derrota liberal el 15 de marzo de 1895 en Enciso, emprendió viaje por el río Magdalena, con la idea de unirse a los cientos de colombianos que deseaban compartir suerte con sus hermanos cubanos en el añorado empeño de conquistar la independencia.5 Sin embargo, resultó fortuitamente reconocido en el puerto de Mompóx por el general conservador Arturo Dousdebés, quien lo delató y causó su detención y traslado a la prisión de Cartagena.6 Luego se lamentaría de no haber podido empuñar las armas por Cuba libre cuando afirmó: “si hubiera podido fugarme de mi calabozo en Cartagena, me habría ido a prestar mis servicios bajo las banderas de esa gran revolución”.7

Una vez liberado, fue elegido a la Cámara de Representantes como único liberal respetado por la junta escrutadora.8 Sus intervenciones ante el congreso hicieron historia, su elocuencia y consistencia argumental, lo distinguieron como una figura de amplia cultura y refinada oratoria. Un contemporáneo suyo, Clímaco Soto Borda, nos dejó esta semblanza acerca de Rafael Uribe Uribe y su ejecutoria en el parlamento:

Fisionomía simpática; línea pura y actitud severa, aunque suele moverse mucho, y a veces sacude ambas manos como si las tuviera humedecidas. Su voz fina y sonora con un poquillo del dejo antioqueño, tiene todas las tonalidades, desde el grave con que hace desconcertadora interrupción, hasta el agudo grito de timbre metálico, con que nos habla entusiasmado de Cuba Libre y sus héroes homéricos (…)

Y es cosa de verlo también cuando severo e imponente  habla de la desgraciada Cuba y de su necesaria independencia. Aquel hombre se transforma, su rostro se ilumina con los fulgores de la libertad; su mano, puesta en alto, parece que quiera arrancar al cielo un rayo de justicia para la estrella solitaria, y sus labios piden a las generaciones futuras el bronce para Maceo y Gómez, la gloria para Céspedes y Martí, y la apoteosis de los siglos para sus heroicas legiones. Su concepto es rayo deslumbrante y su palabra trueno poderoso, cuando para terminar su discurso, grita a todo pulmón: ¡Viva Cuba Libre!”.9

Notas

1 Según el criterio de Torres Cuevas, dentro de los principios que caracterizan a esta tendencia liberal radical se encuentran: el derecho de la mayoría sobre el derecho individual, la concepción del Estado como unidad de gobernantes y gobernados, el sufragio universal, la distribución más justa de la propiedad, la democratización de la educación y la supresión de las grandes diferencias sociales. Ver: Eduardo Torres Cuevas: Antonio Maceo, las ideas que sostienen el arma, Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2012, pp. 73-75.
2 Eduardo Torres Cuevas: Ob.cit., pp. 137-138.
3  Armando Vargas Araya: Ob.cit., pp. 162.163.
4  Ibídem, pp. 164-169.
5  Eduardo Santa: Rafael Uribe Uribe. Un hombre y una época, Editorial Triángulo, Bogotá, Colombia, 1962, p. 148.
6  Casimiro de la Barra: Siluetas parlamentarias, Congreso Nacional 1896, Imprenta de la Luz, 1987, pp. 1-4.
7  Discursos parlamentarios de Rafael Uribe Uribe ante el Congreso en el año de 1896, Imprenta y Librería del Señor Medardo Pinzón G., 1897,  p.154.
8  Eduardo Santa: Ob.cit., p. 157.
9
Ibídem, p. 160.

Jorge Renato Ibarra Guitart/Jesús Martínez Beatón, 2018-03-15
Jorge Renato Ibarra Guitart/Jesús Martínez Beatón, 2018-03-01
Jorge Renato Ibarra Guitart, 2018-01-22