Tres noticias de "Hilo directo" lírico
PRIMERA
Las facilidades (de algo) aumentan la frecuencia en torno a ello. Muchas posibilidades de publicar crea una nube de poetas en todas las provincias y sitios del país. Y son gentes, muchas de ellas, finas con la palabra, amorosas del hecho creativo. "Invita Minerva", vieja expresión latina procedente del gran Horacio, cuyo significado remite a que algunos escriben y hasta publican no pocos libros en versos, sin poseer el don, tal vez solo con un rayito de talento y hasta de "inspiración", pero con mucha voluntad de escritura y de vivir en los parnasos locales. A nadie se le ocurre calificarse como "ingeniero" si no tiene la patente universitaria que lo acredite, quien lo haga, incurre en "intrusismo", pero poeta, ¡ah!, poeta todos creemos serlo.
Para muchos, también, el afán de ganar premios los lleva a participar en el mismo concurso hasta cinco o diez veces, hasta que lo ganan, como en una lotería. Otros apuestan por los llamados "premios de la ciudad" u otros florilegios líricos de ciudades, y algunos autores tienen colecciones de ellos; hay quien pasa de diez de esos premios, para lo cual, sin dudas, hay que tener cierto grado de talento, ciertos dones de escritura, y conocer el lenguaje que suele levantar tales galardones, o no los ganarían.
"La Patria es ara, no pedestal", dijo José Martí. La poesía también. Ara para el sacrificio, la entrega, el loor y el cultivo desinteresado, no pedestal para subir encima y proclamarse merecedor de elogios, premios y posición social… La poesía no es solo un género literario, es un donativo especial de la naturaleza, de la vida, del universo, y pide una suerte de sacerdocio, entrega, amor profundo, sabiduría. Las vedettes literarias pasan.
SEGUNDA
Los poetas deben viajar. Un poeta se abre mejor al mundo y ama más sus raíces, cuando salta de fronteras, visita, aprende, aprehende, sube su cultura lectora, se relaciona con muchas gentes y estilos bien diferentes, acopla su mirada a las circunstancias y luego vuelve. Mirta Aguirre, poeta notable y gran ensayista, la mejor ensayista mujer de la literatura cubana, escribió sobre Nicolás Guillén un ensayo que trae una afirmación rotunda. Dice en "Un poeta y un Continente":
Se decía al principio que sin la evolución ideológica que tuvo lugar en él, Nicolás Guillén jamás habría llegado a ser lo que ha sido --lo que es--. Hay que añadir que si el poeta no hubiera manchado sus manos en el petróleo de los trabajadores de Zulia y no se hubiera cuarteado la piel con el salitre de Tarapacá y Tocopilla, si no hubiera andado entre los bogas del Magdalena y por las favelas de Brasil, si no hubiera conocido los feudos centroamericanos de la United o la StandarFruitCompany, si no hubiera oído la quena resonando en los andes y no se hubiera abrazado con los indios de México, si no hubiera atisbado las plantaciones caucheras, si no conociera, en fin, a Latinoamérica como conoce a Cuba, tampoco podría haber llegado a ser quien es…
De acuerdo, y lo que es para la poesía social, también resulta significativo para la más íntima, incluso para la introspectiva y, caso de santa Teresa, para la mística. Todo el mundo no es Lezama Lima (viajó poco, por ejemplo, a Jamaica, y de ello fue resultado su singular poema "Para llegar a MontegoBay"), o sor Juana Inés de la Cruz, encerrada en su celda (pero con vida palaciega en el Nuevo México de su tiempo). Un Neruda recorriendo el mundo, Darío en Francia y España, Casal una vez en España… No se trata de tener al poeta montado siempre en un avión o en un barco, o en trenes infinitos (como un Rilke imparable), sino en que él o ella abran sus ojos a nuevas realidades y sepan aprovecharse del cambio.
Algo distinto es emigrar. El emigrante afinca el pie en otra circunstancia de sobrevivencia. El emigrado José Martí, o un César Vallejo, o los que eligen otros escenarios para profundizar sus obras, distantes del sitio-sede, de la región natal, poseen otros asideros diferentes a la mirada del viajero, del que solo viaja y regresa. La emigración tiene diversas causas, políticas, económicas, huir de guerras, de sitios donde se les discrimina, o de medios que les resultan asfixiantes… Pero en conjunto, el poeta debería abrir sus alas al mundo, de modo que el grano que hay en él dé árbol frondoso, cuan boscoso pueda ser. Conocer lo suyo, es conocer para la poesía.
TERCERA
Quizás haga falta todo un volumen sobre el "Grupo H" de Santiago de Cuba. Ese grupo de creadores no es un simple dato histórico. Así lo explica Mary Low en su artículo "El Grupo H", publicado en el número 40 de la revista Orígenes, de 1956. Mucho, tampoco sé. Falta el libro serio y hondo que nos saque de la bella Santiago al Grupo H y se le enfoque en el contexto de la poesía de Cuba. Así con la época de Navarro Luna y de Sariol en Manzanillo. Desconocer lo que allí sucedió en el desarrollo de la poesía cubana es faltarnos un ala del saber. Hay que desentrañar lo entrañable. Lo nuestro prístino, aunque eso nuestro no haya escaldo a universalidades rotundas. Poesía también es Patria.