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La Habana, esencial en la obra de Fina García Marruz

Marilyn Bobes, 18 de marzo de 2019

Próxima a cumplir sus quinientos años de fundada, la capital cubana vista desde sus esencias y nunca al modo de superficial de las tarjetas postales, vive y crece cada día con mayor relevancia en el libro Habana del Centro de la destacada poetisa y ensayista cubana Fina García Marruz.

Con ojos de niña y lucidez de adulta, García Marruz nos ha legado con este volumen la más alta revelación trascendentalista de una ciudad que disecciona a partir de la memoria y con una buena dosis de introspecciones que buscan en los diversos modos de versificación asumidos los elementos subjetivos que identifican a La Habana.

La autora  ha sabido con su agudeza proverbial calificar a  la urbe como un”perfil de ave y ese ligero aire fanfarrón”.

Poemas escritos a lo largo de treinta o más años se confabulan en un cuaderno editado por Unión en 1997 y que bien merecería, por sus altos valores exegéticos y literarios una segunda edición, cosa que parece realizará la editorial La Isla Infinita, especialmente en la fecha que ahora estamos conmemorando.

Debo confesar que me asombró la relectura porque nunca como antes he percibido en Habana del Centro la persistencia de una memoria que se remite no solo a la infancia de la autora, exquisitamente recreada con mirada de lince sino también a los personajes humanos y antropomorfiados que habitan un espacio ya desaparecido ya triunfalmente eternizado en virtud de una nostalgia cargada de especulaciones líricas y filosóficas.

No faltan en este poemario temas tan universales como la muerte en la evocación de personas que, ya convertidas en iconos de la cultura cubana o de humilde transcurrir en la vida de la escritora, constituyen una suerte de fotografías interiores trazadas con la maestría de la que es, en mi opinión, la más grande de las escritoras vivas cubanas.

Aspectos como la luz, la vida cotidiana de épocas anteriores y de la nuestra, las muñecas en las que la niña observó mutaciones insólitas o la puesta de sol convertida en singular espectáculo, coinciden en esta obra de marcado carácter autobiográfico en el que un tono elegíaco se vuelve materia asible para todo el que se interese por el decursar de la vida de La Habana de la que Fina García Marruz fue y es protagonista principal.

Confluyen aquí el verso libre, la rima, el soneto, la prosa poética todos asentados en un ejercicio muy cercano a la perfección y que sin embargo respira una autenticidad conmovedora porque como nos advierte fúndense en estos versos “olvido y memoria para decir: “silencio, voz mía, únete a esta hora callada en que alguien pueda oirte como yo…”

Y es también en ese silencio o esos silencios que Fina García Marruz sabe manejar también como la partición de sus versos o el ritmo de sus palabras, donde se ofrece al lector la posibilidad de recrear todo lo que la autora ha guardado dentro de sí a través de los años, con una poderosa capacidad de resurrección y trascendencia.

Así va describiendo, a su manera intimista, calles, ventanales, amigos y familiares a los que pareciera querer eternizar por intermedio de su escritura. Los que se fueron para siempre parecen volver a vivir en las páginas que Fina les ha dedicado con absoluta entrega y con esa memoria a la que ya he hecho alusión y que parece convertirse en el recurso fundamental de unos poemas sin altibajos, profusos y a veces reiterativos en la presencia de algunas personas que funcionan como personajes de una novela sui géneris escrita desde la poesía y sin nunca recurrir a la oscuridad de la metáfora alambicada.

En realidad, la edición publicada bajo el título de Habana del Centro incluye unos diez libros de indiscutible unidad. En ella podemos disfrutar también de los magistrales “Créditos de Charlot” donde Fina ha retratado, me atrevería a decir como nadie más lo ha hecho en el mundo, la esencia del cine mudo, tan caro para ella en la notoria y gigantesca figura de Charles Chaplin, descubriéndonos ángulos de algunas de sus películas que iluminan para siempre la obra de este grande entre los grandes.

También pudiéramos señalar la omnipresencia de la música y las interpretaciones muy personales que hace la poetisa de algunas de sus figuras fundamentales en el panorama cubano como son los excelentes poemas en prosa dedicados a Rita Montaner, Bola de Nieve y Miguelito Cuní.

La memoria, otra vez, le sirve para evocar los sonidos que escuchaba en su casa, el piano de su madre y de otros personajes a los que sirvió de abrigo el hogar familiar y que desarrollaron en Fina un sentido particular para entender ese arte que tanta relación guarda con la poesía.

La Noble Habana, como la llama, es, en fin, un sitio en el que la presencia humana convive con objetos y fenómenos naturales haciendo parte de un todo.

No creo que exista algún otro libro de poemas en nuestro contexto que haya apresado con igual nivel cognitivo y estético una ciudad de la que nuestra autora se siente parte indisoluble y en la que le fue dado nacer para mostrarnos con ese poder de evocación y autenticidad a la ciudad que este año llegará a su aniversario 500 y que ha tenido la dicha de encontrar a Fina García Marruz para volverla eterna. Habana del Centro constituye una de las más grandes colecciones de versos que se han escrito en nuestro país y posiblemente en toda Hispanoamérica.

Ya viene siendo hora de que la modestia de Fina no le reste lo que por derecho propio ha conquistado, su lugar cimero en la historia de la poesía cubana. 

 

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