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Los habaneros de Jorge Ángel Pérez

Marilyn Bobes, 18 de marzo de 2010

El libro En La Habana no son tan elegantes pudiera definirse como una novela cuyos protagonistas conforman pequeñas sumas en la totalidad de un macrorrelato, con el que Jorge Ángel Pérez mereciera el Premio Alejo Carpentier de cuento, correspondiente a 2009.

Y es en esta tensión entre las partes y el todo, donde este volumen alcanza su virtuosismo narrativo cuando consigue reducir a independientes unidades cerradas lo que realmente constituye una especie de sinfonía habanera, con sus variaciones tanto temáticas como formales y una galería de personajes inolvidables, cuya sordidez no impide la compasión, ni el comprometimiento con una realidad, quizás hiperbolizada, pero siempre verosímil, gracias al sorprendente oficio del autor.

En términos de lenguaje, Jorge Ángel Pérez se nos muestra aquí como un escritor de raza: exuberante y a medio camino entre el barroco y el realismo sucio; sorprende la facilidad con que es capaz de conducirnos, desde la más alta cultura hasta la utilización de los giros más obscenos, sin que se quebrante el peculiar estilo de alguien que se regodea en las palabras, al punto de que ellas resultan tan protagónicas como los personajes a los que visten y desnudan con fluidez y desenfado.    

Cronista de esa Habana que nunca aparecerá en las tarjetas postales, el amor por la ciudad que destila esta “cuentinovela”, evoca un mundo de decadencia secular para el que Jorge Ángel reserva una tierna crudeza de peligrosa melodramaticidad y que, sin embargo, conquista a los lectores gracias a ese poder fabulador que otorga a sus criaturas, un toque de malevolencia y de bondad, con los cuales el narrador sortea los riesgos del estereotipo y de una visión simplista de los acontecimientos que se relatan.     

Situaciones escabrosas, sobrevivencia de un pasado que se cierne sobre sus escenarios con obstinada perversidad y una Habana muy poco elegante (tal vez demasiado triste y sombría para las preferencias de un cierto sector de nuestra sociedad), estos cuentos poseen la virtud de recrear una cosmogonía de esa miseria humana que no queremos ver y que, sin embargo, persiste aún, como un llamado de alerta frente a los triunfalismos y un S.O.S. a las conciencias de cuantos habitamos en esta villa magnífica y a la que todavía resta un largo trecho para llegar a la perfección.     

Lleno de aventuras formales y anecdóticas, En La Habana no son tan elegantes es una buena prueba de cómo la ficción puede trascender ese realismo chato que con frecuencia encontramos en los libros que tienen como asunto nuestra realidad inmediata.   

Prueba de ello pudiera ser el relato “En una estrofa de agua” -con el que el autor obtuvo el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar- donde una suerte de magia recorre de punta a cabo una narración signada por elementos de calidad testimonial, sin que ninguno de estos polos reduzca a otro, ni lo verosímil en términos literarios pierda su eficacia y poder de comunicación.      

Quizás alguna exagerada acumulación de perversiones empobrezca un poco a personajes como el de Ovidio (“Te sacarán los ojos los cuervos que criaste”) o esa suerte de farsesca que constituye el cuento que da título al libro y que funciona como colofón, sean los puntos más débiles de un volumen, cuya factura ejemplar se puede dar el lujo de estos pequeños lunares.     

Una verdad irrefutable es, sin dudas, la lección de oficio y sensibilidad que Jorge Ángel Pérez nos ha dado con esta noveleta -prefiero llamarla así- cuya lectura posee el fijador de los buenos perfumes y la marca de calidad de quien es ya uno de los más encumbrados narradores entre quienes hace muy poco recibieron la etiqueta de novísimos y que, si lo siguen siendo, es tan sólo por su infinita capacidad de renovarse.