Apariencias |
  en  
Hoy es miércoles, 22 de noviembre de 2017; 6:35 PM | Actualizado: 22 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 83 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página
Buscavidas y Buscaguerra: La picaresca en la narrativa cubana
Emilio Comas Paret , 24 de septiembre de 2009

Por muchos es conocido, básicamente por los más viejos, un refrán popular, que quizás venga del refranero castellano, y que dice: El vivo vive del bobo, y el bobo de su trabajo. Y creo que nada recoge más sucintamente y a la vez con absoluta diafanidad la psicología del pícaro cubano que este refrán.

Es decir, el vivo, o como se decía en mi juventud: “el bicho”, “el cabrón de la vida”, (dándole a cabrón esa otra resonancia que en nada tiene que ver con el marido cornudo); “el hueso”, “el diablo tun tun”, “el animal”, “el salvaje”, es decir, el pícaro, el “vividor”, que vive de engañar, timar, seducir, confundir, trastocar, dislocar, avasallar al “bobo”, que es la persona honesta, trabajadora, confiada, confiable y solidaria. Por ahí andan los tiros.

Y el pícaro cubano ha existido hasta hoy, en que vive un resurgir "esplendoroso”. Pero casi nada de esto se ha reflejado en la narrativa cubana y solo unas pocas obras han intentado recoger las andanzas de estos personajes.

Así, que yo recuerde, “a vuelo de pájaro” me vienen a la memoria el Juan Quinquín en Pueblo Mocho, de Samuel Feijóo (llevada a la pantalla grande con un notable éxito en su época) que aborda con mucho acierto la picaresca campesina. Luego, Las aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta, de Gustavo Eguren  publicado en 1982, que sigue el molde clásico de la picaresca española y específicamente de El Buscón de Quevedo, y cuenta una historia que se desarrolla en los años finales de la dictadura de Batista, dándole a la narración la idea de un molde clásico, pero actualizándose acorde con los tiempos.

La increíble Odilea  de Francisco Chofre que no es más que una parodia de la Odisea de Homero en el ambiente campesino cubano.  Y las dos novelas de Luis Felipe Bernaza: Buscavidas  y Buscaguerra; que se desarrollan en los tiempos antes del golpe de estado de Batista, de la lucha insurreccional en Santiago de Cuba después de consumado el golpe y hasta el momento del asalto al cuartel Moncada. 

Estos dos textos también le dan a la narración la idea de un molde clásico, pero actualizándose en su aspecto temático. Sobre estas dos novelas me quiero referir, pero primero quiero hablar de Luis Felipe Bernaza, a quién sus amigos, yo entre ellos, le llamábamos “Sacoémandarria” y quien llegó a ser un excelente cineasta y también un magnífico narrador.

Luis Felipe nació en Santiago de Cuba en el año 1940. Comenzó a trabajar en el ICAIC en 1961 como asistente de producción. De 1963 a 1967, estudió dirección cinematográfica en el Instituto Superior de Cine de Moscú (VKGI). En 1968, realiza su primer documental y en 1985 dirige su primer filme de ficción, inspirado en su destacado documental Pedro cero por ciento. Como cineasta fue premiado en varias ocasiones en obras donde no faltó el humor y que obtuvieron una gran acogida de público. Pero volvamos a la literatura.

Su novela Buscavidas tuvo una aparición algo tormentosa, tal cual su contenido, en la historia de la literatura cubana.

Resulta que por estas cosas del destino, Luis Felipe decidió, como que esta era su primera novela, mandarla a uno de los concursos literarios vigentes en la época. El jurado de dicho evento la desestimó y premió otro texto de cuyo nombre estoy seguro que pocos se acordarán hoy, y que fue manjar de las polillas en viejos estantes de librerías. Sin embargo, cuando se publicó Buscavidas tuvo un enorme éxito literario, “se vendió como pan caliente”, al punto que Bernaza, en la nota de presentación de su segunda novela picaresca escribe: “…Buscavidas, libro de recuerdos que, supongo, leíste ya, pues a decir de los libreros se agotó antes de salir a la venta…”.

Sobre este texto publicado en 1985, escribí entonces en la revista Bohemia:

“Quien busca vida encuentra vida"

La novela Buscavidas, primera novela de Luis Felipe Bernaza, publicada por la colección Contemporáneos de Ediciones UNION, es realmente un libro de la vida. Mucho se ha escrito acerca de lo necesario que resulta, para poder trabajar literariamente la realidad y recrearla, el haber vivido a plenitud esa realidad o llegar a ella luego de devorar abundante literatura de información.

Luis Felipe Bernaza pertenece al grupo de los primeros. Es decir, escribe sobre la vida que vivió, o que murió, según se mire; y lo hace armado de una parcialidad desgarrante a favor de los pobres que no se conforman callada y resignadamente con su pobreza. Sebastián Apolonio no es pícaro únicamente porque le gusta ser pícaro. No es la acción festinada de burlar por regocijarse ante el ridículo ajeno, es buscavidas porque si no, tanto él como su familia se mueren de hambre.
 
A lo largo de la obra el autor maneja varias veces la frase "el camino del pan" aludiendo quizás un poco peyorativamente a lo que en mi barrio le decían "buscarse los frijoles". Porque este es también uno de los aciertos de la obra.

Desde la primera página el autor declara su gusto por "los maestros dorados del siglo de las picardías" y evidentemente que no usa el estilo de los escritores picarescos del siglo XVII, (pienso en Quevedo, en Eca de Queiroz), pero lo "sazona", y creo que este término es insustituible, con un limpio lenguaje popular muy cercano al de todos como los que Luis Felipe tuvieron que arañar la tierra para no morirse.

Otro aspecto que me parece interesante destacar es el hecho de que cada acción que sucede en la novela tiene implícito su propio escenario, al punto que no resulta difícil al lector hacerse una idea clara del ámbito en que se desarrolla la acción. Ello se debe en gran medida a que Bernaza es además un cineasta y que por tanto no puede traicionar su oficio. Esta peculiaridad lejos está de ser un lastre o provocar algún tipo de afectación en la obra, muy por el contrario, es un recurso que favorece a que se logre una plasticidad en las narraciones con ese doble juego realidad - imaginación que el autor emplea con eficacia.

Quizás este aspecto de manera preponderante unido a otros como el buen uso del lenguaje popular, el fabuleo continuo, los chispazos de ingenio y picardía, las citas filosóficas a lo Sebastián Apolonio y otras características hacen que la atención no decaiga un momento y que no se desee abandonar el libro luego de empezado. Ello en el lenguaje profesional se denomina "garra" y Buscavidas tiene garra que fuertemente te agarra.

La temática es original y atractiva por lo que dice, lo cual ya resulta fundamental en cualquier obra. El propio Bernaza confiesa que Buscavidas se venía conformando en su cabeza desde veinte años atrás, que la había contado fragmentariamente en mil tertulias y que cuando creyó que estaba hecha la escribió de un tirón, luego de descubrir la forma en no recuerdo que filme norteamericano”.

Después de releer este texto, escrito hace exactamente 24 años, realmente no deja de asombrarme el que hoy, luego de que también he releído Buscavidas para escribir este ensayo, coincida perfectamente con él, quizás, de escribirlo ahora dejaría de ser tan enfático con aquello de que “no usa el estilo de los escritores picarescos del siglo XVII”, porque evidentemente, y tal y como lo había hecho Eguren en Gaspar Pérez de Muela Quieta, Bernaza lo usa, pero contemporaneizándolo, es decir, agregándole palabras y frases de la jerga más popular del cubano, y a veces, exclusivamente del santiaguero, o por mejor decir de los orientales.

Luego en el 1988 publica su segunda novela: Buscaguerra, que al decir del propio autor en una suerte de prólogo: “Buscaguerra es un libro gemelo de Buscavidas y en él – como en aquel – presento legiones de nuevos personajes y testimonios novelados de una época non sancta, por no decir de hacha y machete…”.

Buscaguerra comienza narrando los acontecimientos que sucedieron posterior al Golpe de Estado de Batista y la lucha del pueblo santiaguero contra la dictadura hasta el día del asalto al cuartel Moncada,  y posee el mismo grado de realismo mágico de Buscavidas, con frases explosivas y coloreadas que me han arrancado carcajadas en mis lecturas de madrugada de estos días. Mantiene la garra narrativa y el gracejo del idioma que la convierte en otra fiesta del lenguaje, sin embargo, no tuvo en el público la aceptación de Buscavidas. Y es que cada día me percato más de que los libros recorren a veces meandros misteriosos y extraños. Buscaguerra no tuvo el mismo impacto, no tuvo la misma popularidad, al punto que yo, seguidor de la narrativa de Bernaza, vine a leerla ahora, en pleno 2009, después de encontrarla en la vieja biblioteca popular de mi barrio. La otra novela, Buscamundo, que completa la trilogía picaresca de Bernaza está terminada pero aún inédita.

Luis Felipe escribió una cuarta novela: Los tigres del Detroit, de la cual leí un capítulo, entusiasta y bien escrito. Esta obra también está terminada e inédita, aunque no se inscribe propiamente dentro la picaresca. Creo que le debemos a Luis Felipe la publicación de las dos obras para deleite del lector cubano y que sean contempladas entre los textos escritos dentro de esta convulsa época cubana de fines  del siglo XX y principios del XXI.

Pero el pícaro cubano actual no ha sido plasmado en la narrativa cubana y ello es una asignatura pendiente. Personajes como aquel Bola Roja de los años 70, que se hacía pasar por dirigente del Comité Provincial del PCC de Las Villas y se alojaba y comía sin pagar en los hoteles de Varadero, o el gordo de Batabanó que hace un par de meses le vendió a medio edificio donde vivo carne de tiburón haciéndola pasar por carne de caguama, tampoco existe en la narrativa cubana. Ese “vividor” de hoy, que “resuelve”, que “lucha” moviéndose en la cuerda floja entre la delincuencia y la pillería, debemos abordarlo para que quede plasmado como muestra de esta época.

Gustavo Eguren hizo un esfuerzo con una de sus últimas novelas titulada Pepe, también de corte picaresco y publicada en 1998, donde abordaba a un pícaro contemporáneo, falto de escrúpulos y sin ninguna ética, que sabía aprovechar los resquicios del socialismo en construcción para aprovecharse de gratuidades, oportunidades y posibilidades y medrar con ellas y vivir una vida fácil. Pero el texto tampoco tuvo mucha suerte y logró poca resonancia en el público lector. 

Evidentemente que este tema nos queda pendiente a todos.

Al final tanto Buscavidas como Buscaguerra recibieron el Premio Nacional de la Crítica Literaria, en 1987 y en 1988. Buscaguerra además, obtuvo el Premio Latinoamericano de Novela Rubén Darío, en 1988, en Nicaragua, (el cual consistía en cinco mil dólares y fue donado íntegramente por Bernaza a la lucha de la guerrilla salvadoreña). Esta obra también fue primera mención en el Concurso Casa de las Américas.

Luis Felipe Bernaza falleció en Nueva York, y dejó un libro de poemas inconcluso titulado Miamierda.

Como quiera que el abordaje de estos poemas revelan la circunstancia emocional en que fueron concebidos por el autor, me decido a mostrarles, como un homenaje póstumo a quien fue mi amigo entrañable, uno de sus poemas:

Tal parece que…

Tal parece que soy un alma en pena,
diríase que no soy yo quien transita por estas calles sombrías,
a pesar del constante tropelaje de máquinas ensordecedoras
de todos tipos y colores que amenazan con aplastar mis pasos;
diríase que soy un golem no de barro sino de carne y soledades
que solamente sabe manejar las palabras que no ofenden al prepotente patrón, ni tampoco al cacique mercader de nostalgias patrioteras y de apagados fuegos fatuos; diríase que estoy entrampado en ratonera de acero diseñada especialmente para mi, animal sumamente peligroso pues domino con desenfado el oficio de la duda.

Nadie mejor que yo para determinar mi padecimiento congénito, ese que me adorna con lacerantes llagas el alma y me curte la piel con piedra pómez, cuando no con amarillentos polvos de azufre.
Soy el apestado por cuenta propia. El muerto en vida que se debate entre el sí y el no del péndulo: tic tac tic tac…
Soy el que cuestiona la palabra. Soy el que duda al escuchar el canto de las sirenas.

Diríase que yo no soy nadie, pues evito el llanto afilando los cuchillos para cortar una a una todas mis lágrimas, en vez de dejarlas que caigan a raudales sobre la página en blanco del sueño.
Soy consciente de que esta ciudad no es para poetas.
Ya lo dijo Rilke: “donde hay odio no vive la poesía”. Esta es la ciudad abonada con pernos, espinas, legañas y bilis. Toda la escoria del siglo que envejece ha hecho de esta ciudad su madriguera, santuario estéril de amor.

Aquí no escampa ni para los muertos en vida.
Al contrario, contra esos infelices descarga todo su odio y su resentimiento esta ciudad sin rostro y sin historia, por ser retazos de muchas infamias.
Diríase que aquí todos somos libres, cuando en realidad todos somos prisioneros de por vida entre sus cuatro paredes de acero y desamor.