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El subestimado erotismo de Dulce María Loynaz
Marilyn Bobes , 07 de octubre de 2009

Desde que en la década de los 80 un grupo de escritores cubanos de la provincia de Pinar del Río redescubrió a la insigne poeta Dulce María Loynaz muchos han sido los estudios y ensayos que se le han dedicado.

Sin embargo, el libro Pilares de un reino, de Osmán Avilés, publicado por Ediciones Extramuros es uno de los más curiosos e interesantes, especialmente por su abordaje sobre un tema poco o no tratado en la obra de quien muchos se han empeñado en ver como una mujer entregada casi completamente a la religiosidad: el erotismo de la escritora.

Aunque Avilés se detiene en casi todos los aspectos de la vida y la obra de la Loynaz, el desenfado con que el autor aborda la poesía amorosa de la autora de Poemas sin nombre hace de este pequeño volumen un aporte valioso de la interioridad de esta mujer dividida entre su impulso sexual y los preceptos católicos que frenaban una personalidad propensa a la pasión y la entrega amorosa.

Según reza Avilés en una breve introducción además de “la avidez de mostrar a otros el tesoro encontrado” en la literatura de Loynaz, su estudio pretende mostrarnos a la poetisa “desprovista de rigores”.

“Si de esta propuesta –afirma– resulta que el lector interesado en nuestra figura universal, tome cuanto considere interesante para viajar al interior de su canto, sentir la lira penetrante en el corazón, vibrar, en pocas palabras, por los pilares de un reino, afortunadamente nada ha sido en vano”.

Y, en efecto, el autor, en nueve capitulillos que nos van adentrando en los vericuetos de la vida y la obra de Loynaz, consigue un texto profundo y sagaz donde la poetisa se nos refleja desde su interior para una mayor comprensión e interpretación de su obra.

Pero de todas sus indagaciones quizás sea el epígrafe “Religiosidad y erotismo” el que más sorpresa nos depara en tanto nos ofrece una visión muy novedosa de estos dos aspectos aparentemente contradictorios en la poesía de Loynaz.

Tomando como objeto de estudio uno de los primeros poemas de la autora analizada, Avilés llega a la conclusión de que, a pesar de sus referentes en las Sagradas Escrituras se trata de un texto sumamente erótico, incluso, añade, “atrevido para una mujer de la época porque el tema elegido es el amor en la intimidad abordado de una de las maneras más bellas de la expresión…”

Concluye el estudioso afirmando que la excepcionalidad del poema consiste en la habilidad de conjugar una historia de carácter sacro y otra eminentemente profana. A esa congruencia la califica de “erotismo divino”.

Hay que agradecer a Extramuros la publicación de un libro que si bien no realiza un estudio exhaustivo en una sola dirección, nos permite, como se afirma en la nota de contracubierta, acercar al lector “a la interioridad de esa mujer que padeció la soledad en sus estados más disímiles, recontextualiza su poética y narrativa y ofrece un estudio desenfadado sobre el erotismo que la sedujo”.

Esperamos que Osmán Avilés siga profundizando en estos aspectos que bosqueja y que en próximos análisis se concentre en uno solo de los aspectos que, a vuelo de pájaro, ha pretendido estudiar en Pilares de un reino.

Por lo pronto quedamos con el sabor en los labios, seguros de que al ensayista le quedan todavía muchas cosas por decirnos y que, seguramente, así lo hará.