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Oralidad y dinámica en la creación lírica
Roberto Manzano , 01 de abril de 2009

Teresa Fornaris es una joven poeta cubana, cuya poesía se caracteriza por penetrar en especiales nichos expresivos, en los que lo absurdo diario y la incomunicación que reina en nuestras circunstancias adquieren sintéticas y sugerentes connotaciones. Próxima a ciertas búsquedas diaspóricas, peculiares en la poesía nacional de los inicios de los años noventa, explota con laconismo las discontinuidades de nuestra vida cotidiana, y sus ejes artísticos básicos se asientan sobre un riguroso trabajo con los silencios y las rupturas. Artista que no tuvo a menos asistir al Diplomado de "Historia y práctica de la creación poética" —nuestros poetas conocidos desdeñan los talleres, de cualquier índole—, posee una inquietud cognoscitiva que torna atendible su itinerario creador, pues impulso de tal carácter es una excelente levadura para el crecimiento artístico. Desde entonces, en cualquier sitio que nos encontramos, tenemos preguntas recíprocas que hacernos. En una ocasión me realizó una entrevista, que se publicó en La letra del escriba, de la cual quedaron indagaciones residuales, excluidas por razones de espacio. Ahora, con su aprobación, las retomamos aquí, tal como fueron respondidas en aquella oportunidad.

¿Necesita siempre la poesía de la letra impresa? Performance, poesía visual, actuante… en algún momento recurren a una reseña, un manifiesto, una crítica…

La poesía nació con la música y la danza. Su matrimonio con el signo escrito es prácticamente de ayer mismo. La evolución natural de la poesía es de la oralidad a la escritura, de la anonimia a la autoría. Y el regreso a sus orígenes siempre acompaña a todos sus movimientos hacia delante. Es cierto que toda nuestra cultura es caligráfica y visual. Hay poemas  que fueron escritos en la soledad, impresos y distribuidos para consumidores que jamás los han pronunciado. Pero nunca se pierde totalmente el juego entre lo oral y lo escrito. Y aunque lo oral es primario, ya lo escrito forma parte inalienable de nuestra interacción sensible. Más allá de las literaturas ágrafas, o de los sectores orales dentro de las culturas gráficas, generalmente de base popular, dentro de las propias esferas letradas siempre hay fuertes anillos de expresión oral, o zonas fronterizas, o de proyección escénica, que insisten en las búsquedas sonoras. Es válido que una exploración oral elabore paratextos escritos, que los ponga al servicio de la experiencia fonética. Necesita preparar las circunstancias para su intelección en una sociedad que se encuentra signada por la escritura. Así como la rueda es un enlace entre el origen y el destino, la página impresa es un eslabón entre un emisor y un receptor diferidos. La oralidad puede ser grabada, pero adquiere en la grabación el carácter diferido propio de la escritura: es una inscripción sonora. Adquiere la misma secundariedad del grafema respecto al fonema: son sonidos de segundo orden. Falta el trasiego inmediato de lo puramente oral. Un poema escénico verdadero no se fija nunca: el receptor obliga al emisor a continuas y sutiles transformaciones de todo tipo. Como bien dices, la reseña, el manifiesto, la crítica, textos supeditados a la experiencia artística propiamente dicha, cumplen cometidos importantes en nuestras sociedades de la impresión, y el experimentador oral no tiene por qué renunciar a ellos. En este toma y daca de todas las facetas comunicativas crece la sustancia interactiva de la poesía.

El tiempo es un acordeón circular. ¿Cree que la poesía actual está en época de expansión o de recogimiento?

¿Es realmente circular el tiempo? Parece serlo, visto desde el punto de vista de las grandes magnitudes. En las más breves, el tiempo se conduce linealmente. Viene de aquel punto (el pasado), está pasando ahora mismo por este punto (el presente) y se encamina hacia aquel otro punto (el futuro). Fluye. Como un río delante de nosotros, adentro de nosotros, con nosotros, sin nosotros… Marcha hacia una mar desconocida, como nosotros mismos, que desaparecemos en una patria misteriosa, de la cual sólo se tienen hipotéticas noticias.

La poesía, en términos más inmediatos, también avanza linealmente. Está en el poema, que es criatura lineal. El poema se construye en lengua, y la lengua es secuencial. En cuanto maquinaria lingüística va y vuelve, con dos agujas que tejen desplazándose: la anáfora y la catáfora. Sus pequeños círculos, que tienen que ajustarse a proporciones aceptables, caminan velozmente en la lectura. La lectura funciona en el poema como la fotografía en esa toma demorada de los autos en la noche: la irradiación de los focos termina convirtiéndose en el largo tubo iluminado de la ruta. El tráfico de la escritura poética entre nosotros va de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Pero la anáfora y la catáfora le imprimen vertiginosos giros a ese movimiento. La lectura abre desde el sonido los fuelles del sentido. He aquí donde se justifica tu imagen inicial. Ya está el acordeón. Ya, de adensarse de sentido el poema, puede el acordeón estirar tanto sus fuelles que se torne una redondez orquestada en el aire. Se encuentra en una comunicativa expansión. Pero la expansión sólo es alcanzable por una sabia y oportuna contracción. Hay que compactar, para soltar: hay que regresar a la secuencia para entrar en otra simultaneidad. Este es todo el arte de la lecto-escritura poética.

Hasta aquí hemos permanecido en los límites del poema, pero si atravesamos el signo lingüístico hacia el signo literario, que es la imagen, entramos también, aunque en un nivel superior, ya artístico propiamente dicho, en otra vivísima dialéctica de lo secuencial y lo simultáneo, de lo que se contrae y se expande. Estamos ya en ese raro holograma que es capaz de producir el buen poema. Plano cuya anatomía y fisiología no han sido debidamente examinadas, pues los sistemas hermenéuticos conocidos insisten en los signos literarios o en los nudos obsesivos que están expresados en algunas imágenes, o en renunciar al tallado interno de la obra jerarquizando sus relaciones con el sistema de la cultura. Mira qué presencia tiene la dialéctica de la contracción y la expansión en todos los estratos concretos de la manifestación lírica. Pero te interesa sobre todo la evidencia de lo lógico en lo histórico. La poesía actual, hablando en estos términos, ¿se expande o se contrae? La respuesta debe facetarse, porque el fenómeno es poliédrico. Se contrae, respecto a otros géneros literarios. Avanza menos hacia lo épico y lo dramático, como en otras épocas; pongamos por caso, en los años sesenta, que la poesía se iba de sí misma hacia la épica, perdiendo a veces sus contornos propios. Insiste sobre su misma naturaleza, sabiéndose desterrada. Realiza apropiaciones matizadas de grandes momentos de su pasado: el malditismo, la vanguardia… También se ha contraído, respecto a la inmediatez histórica. Insiste sobre el individuo, sobre la saga íntima. Exhibe nuestro trágico presente, pero a través de las fracturas y gritos interiores. No se proyecta como una crónica o una representación de nuestro tramado histórico, sino como el testimonio de un alma bajo los zunchos asfixiantes de la crisis. Está en clave de oración fragmentada o de diluida profecía. En términos de vida literaria, se encuentra en una enigmática expansión. Hay ahora muchos modos de encarar su naturaleza, y esos modos tratan de convivir hasta donde es posible en un espacio de permanente litigio como el de la vida literaria. En épocas de contracción, hay un modo hegemónico, que establece su concepto de calidad poética. Esta hegemonía es enemiga de cualquier expansión hacia otras direcciones, y contrae hacia sí la norma.

Esta extraña y precaria convivencia, ¿qué tiempo durará? El mundo está movido de quicio, y la época posee un inconfesado vértigo, y la poesía, que es un cristal llameante, ha entrado en una dolorosa lucidez de los relampagueantes tramos de nuestras vidas en la simultaneidad a punto de estallar de la especie. La tensión actual de la poesía parece decir que si el hombre no actúa rápidamente sobre sí, saldrá inevitablemente disparado hacia el vacío.

 

Nota a los lectores:

El poeta y escritor Roberto Manzano, columnista de CubaLiteraira, invita a sus lectores a participar más activamente en Vertebraciones enviando sus preguntas sobre aspectos específicos de la poesía como manifestación artística. Escriba a: manzano@cubarte.cult.cu para plantear sus interrogantes sobre la práctica y la teoría de dicha expresión.