Las instituciones cívicas, Fidel Castro y la paz como paso previo

En el trimestre decisivo de comienzos de 1958, en medio de los trajines de los partidos tradicionales, una nueva alternativa reformista cobró fuerza. De nuevo, ante el cuadro desolador que ofrecían los partidos políticos, las Instituciones Cívicas se erigían en soporte de propuestas algo más realistas. Defensoras en última instancia de los intereses de la burguesía y pequeña burguesía estaban conscientes de que los partidos tradicionales habían dejado de constituir canales efectivos para promover soluciones a la crisis política nacional. En un manifiesto que dirigieron al país el 17 de febrero de 1958 plantearon:
Los problemas que conturban a la ciudadanía no son ya asuntos de gobierno y oposición que pueden resolverse por los medios usuales y normales de la política. Están en juego cuestiones fundamentales, que afectan a la integridad de la nación e interesan por igual a todas las clases del país, reclamando la unión de todas ellas para arribar a soluciones que restauren la paz y el imperio pleno de la Constitución y las leyes1.
Sabían que la República enfrentaba el desafío de cambios traumáticos para lo que no tenía respuestas suficientes lo mismo para atender a una prolongada contienda civil, para un estado de represión generalizada, un eventual desplome del gobierno y más que todo para el establecimiento de un gobierno de tendencia radical conformado por jóvenes sin una trayectoria que los vinculase a las instituciones constitutivas de la República dependiente cubana. La sociedad civil había entrado a salvaguardar el orden republicano, la propuesta era:
Actualmente el Conjunto de Instituciones Cívicas considera que no puede celebrarse el evento electoral convocado, porque éste tiene que ser la última etapa de un proceso claro y definido que restablezca la paz ciudadana2.
De nuevo, como en los tiempos buenos de la SAR, las Instituciones Cívicas hacían un llamado a la juventud revolucionaria para que contuviese su ímpetu rebelde que podía atentar contra los pilares de la República nacida en 1902:
Finalmente, para impedir que Cuba se destruya por el irrefrenable avance de la violencia, dirige un cálido llamamiento a todos los hombres y mujeres de Cuba, a fin de que, unidos en un propósito común y de hondo sentido patrio, luchemos sin tregua hasta lograr que el país emerja del caos en que vive y que las grandes mayorías ciudadanas decidan el destino histórico de la nación3.
Es que en realidad, aunque pudiese resultar duro a los diseñadores de alternativas reformistas de las Instituciones Cívicas, para salir de la larga noche de la dictadura era necesario plantearse una lucha sin tregua utilizando la violencia revolucionaria. La SAR por su parte, aunque había dejado de jugar el rol protagónico de mediados de los años 50, produjo otras declaraciones dirigidas a reforzar la tesis de las instituciones cívicas:
A la proposición de ‘elecciones para ir a la paz’ oponemos la de ‘lograr la paz para concurrir a las elecciones’ y dar comienzo a la gran tarea de reestructurar la vida democrática de la nación4.
En otras declaraciones de la SAR, dos días después se planteaba: “La situación de violencia que vive la nación no resulta congruente con la convocatoria a elecciones”.5 No obstante, atendiendo al clamor de paz del conjunto de sectores políticos y sociales, el líder del Movimiento 26 de Julio, Fidel Castro Ruz, produjo unas declaraciones públicas por medio de una carta que dirigió a José Pardo Llada el 28 de febrero de 1958. El jefe rebelde, preocupado siempre por dejar en claro que la guerra es el último recurso lícito al que se debe apelar, tal y como lo hizo también Martí, propuso una fórmula oportuna:
Nuestra primera condición de paz es que se permita a los periodistas cubanos venir a la Sierra Maestra. La paz debe ir precedida de la verdad; el derecho de la prensa a informarla y el derecho del pueblo a conocerla. (...). La dictadura tiene la palabra. Que se diga ante el pueblo y sus propios soldados, que son los que en definitiva están luchando y están muriendo, si le interesa o no la existencia de condiciones que conlleven a una solución decorosa para todos los cubanos. Nosotros hablaremos de modo que nuestro pensamiento no puede ser tergiversado en ningún sentido6.
Esta vez había que preparar condiciones para que no tuviese lugar una manipulación propagandística como sucedió en ocasión de la visita de León Ramírez a la Sierra Maestra.
Fidel había retado al gobierno a demostrar si el restablecimiento de las garantías constitucionales y el levantamiento de la censura de prensa formaban parte de un proceso dirigido a consolidar una paz duradera para todos los cubanos o eran tan solo medidas encaminadas a posibilitar otra maniobra para dilatar la solución a la crisis nacional, ganar tiempo y favorecer solo a aquellos que lo acompañasen en su farsa electoral. De nuevo la dictadura quedó al desnudo; no hubo respuestas para la propuesta de Fidel Castro.
La ola represiva de la dictadura no se detuvo ni con la formal aprobación de las garantías constitucionales. Las resoluciones del Tribunal Supremo de Justicia favorables al recurso de Habeas Corpus eran desconocidas por la fuerza pública. Todo ello produjo una denuncia de 9 magistrados y dos jueces a la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo el 6 de marzo:
Los jueces son interferidos en sus funciones por la fuerza pública y privándoles de los medios indispensables para el ejercicio de su ministerio. Este estado de cosas presenta al Poder Judicial de la República ante la nación, como un organismo debilitado o deprimido7.
El 12 de marzo se da a conocer un auto de procesamiento y prisión dictado por el juez especial Juan Francisco Alaban Trelles excluyendo de fianza al Comandante Esteban Ventura Novo y al Teniente de Navío Julio Laurent Rodríguez procesados por desapariciones y crímenes cometidos. Posteriormente serían indultados por la dictadura que pasó la causa a los tribunales militares8.
La tiranía lo había apostado todo a barrer con la oposición que se negara a transigir con sus fórmulas fraudulentas y mezquinas. No hubo resquicio siquiera a otras propuestas de funcionarios batistianos que, aunque apoyaban al régimen castrense, buscaban producir fisuras en la oposición de los partidos tradicionales. Tal fue el caso de la fórmula que sugirió el embajador cubano en Venezuela, Antonio Iraizos, a Batista por medio de una carta a Rafael Guás Inclán:
Mi idea es que se busque un puente, un puente decoroso para todos, a ver si es posible si el proceso electoral sirva de algo, al menos, para atraer a la lucha cívica una parte de los grupos insurreccionales (...).
El plan sería este: Por medio de una persona autorizada por usted, acercarnos a Guillermo Alonso Pujols y José Raimundo Andreu a los fines de formar una Comisión Cubana Pacificadora que estaría integrada por elementos de ambos bandos. (...). Surgirían dos ideas del campo adversario: el aplazamiento de las elecciones y la amnistía. De antemano se puede ofrecer el tiempo mínimo para que ellos se organicen y presenten su candidatura. Y como no conviene de pronto conceder amnistía, si no hay una contrapartida de la oposición para excluir toda actividad subversiva, que se permitiera el regreso a Cuba para actuar en política a todo el que contrajera el compromiso con esa Comisión Pacificadora de regresar absteniéndose de cualquier labor terrorista (...) figúrome lograría el quebrantamiento de los insurreccionales9.
En la solución sugerida, Iraizos se propuso para establecer los contactos con Alonso Pujols y Andreu. La fórmula se parecía un tanto a la que aplicó Welles en la mediación del 33 que produjo la disolución de la Junta Revolucionaria de Nueva York aunque con el sello de la dictadura batistiana puesto en la farsa electoral. De cualquier manera el régimen no quiso arriesgar nada, la propuesta fue engavetada por los tanquistas.
Citas y Notas:
1) Sección "En Cuba". En: Bohemia, 23 de febrero de 1958, página 5 del suplemento.
2) Ibídem,, página 6 del suplemento.
3) Ibídem,.
4) El Mundo, 20 de febrero de 1958. En: Recortes Varios No. 38. Biblioteca Nacional “José Martí”, p. 88.
5) Diario de las Américas, 22 de febrero de 1958. En: Ibídem,, p. 90
6) Sección “En Cuba”. En: Bohemia, 9 de marzo de 1958, p. 77.
7) José M. Cuesta Braniella: Ob. cit., pp. 224-225.
8) Ibídem,.
9) ANC: Fondo: Donativos y Remisiones. Caja 756, No. 5.