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Juan Leyva Guerra: El zorzal caminero
Emilio Comas Paret , 30 de abril de 2009

Continuando con la idea de darle a conocer al público lector contemporáneo la existencia de escritores, que en décadas pasadas contribuyeron seriamente a la constitución del corpus narrativo cubano, quiero hablarles ahora de la obra del narrador oriental Juan Leyva Guerra.

Leyva Guerra nació en Manzanillo en el año de1938. De origen campesino, antes de los dos años se fue a vivir a un lugar llamado Ceiba Hueca, cerca de un central azucarero. Al cumplir los cuatro residió en Guantánamo y dos años después, la familia fue a vivir a Santiago de Cuba, en cuyo Instituto de Segunda Enseñanza culminó el Bachillerato en el año1961.

Dada su condición humilde trabajó en disímiles empleos: desde 1957 laboró en la empresa eléctrica de Santiago de Cuba como fogonero de una caldera y engrasador, además fue mozo de limpieza, sereno, recogedor de café, vendedor ambulante y pintor de brocha gorda.

Vinculado al movimiento de aficionados apareció su primera publicación, el cuento "El robo", en la revista Taller Literario editada por la Universidad de Oriente, donde  sólo pudo cursar los dos primeros años de la Licenciatura en Letras.

En el año 1967 recibe mención en el concurso David de la UNEAC con un cuento llamado “Los cangrejos”, que había sido elogiado anteriormente por Onelio Jorge Cardoso. En 1969 presentó un libro de cuentos al concurso Casa de las Américas, y de dicho texto le fueron seleccionados tres cuentos y seis viñetas para ser incluidas en un volumen titulado Catorce cuentistas publicado por la editorial CASA. También en 1969 publica el libro de cuentos La planta y otros. En 1973 obtiene el premio UNEAC, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba con su libro de cuentos El soldadito rubio y en 1975 el Premio la Edad de Oro con el texto “El ingenioso tiburón”. En 1977 reúne en un texto sus cuentos sobre animales y la colección Cocuyo de la Editorial Arte y Literatura le publica Animalia.

En 1981 la colección Ocuje de la editorial Letras Cubanas le publica el libro de cuentos Zapatero remendón. En 1982 la editorial UNION de la UNEAC publica la novela histórica A la vuelta de abril. En 1986 publica la novela Pompa solo.

En la pasada Feria Internacional del Libro de La Habana la editorial Oriente incluyó en su catálogo una nueva novela de Leyva Guerra titulada Isis en Nueva York.

La literatura de Juan Leyva siempre ha estado muy ligada a sus vivencias personales pero cargadas de gran imaginación que a veces rayan con lo fantástico, lo que le proporciona una gran fuerza expresiva.

Buscando, como muchos de nosotros entonces, acercarse a su entorno más íntimo y dar a conocer al público lector las formas y maneras de vivir, pensar y básicamente de hablar de nuestros pequeños mundos, Juan logra construir un idioma bien montuno en ocasiones y absolutamente citadino en otros, manejando hábilmente el conocimiento de la fauna, la flora, las peculiaridades religiosas, los mitos, fábulas y leyendas tanto urbanas como rurales.

Escritor que apresa la realidad más intensa, después la contamina de ficción, abunda en la imaginería e incluso a veces en la poesía llena de metáforas y símbolos de códigos muy particulares. Narrador de buen tono y adecuada atmósfera, alejado de esquemas preconcebidos, es más dado a permitir la salida espontánea de la forma a partir de la propia narración y la emoción del proceso creativo, lo cual hace que su prosa aparezca muy fresca y estimulante.

Releyendo detenidamente una parte de su obra que precisamente tengo a mano, quiero comentarles sobre su cuento “Resaca”, incluido en la antología Cuentos del mar organizada por Gustavo Eguren y publicada por la editorial Letras Cubanas en 1981.

“Resaca”, como su nombre sugiere, aborda la temática del mar, demasiado olvidada por la mayoría de los narradores cubanos a la hora de ejercer su derecho a seleccionar temas. Cargada de un diálogo profuso y con un ritmo intenso pone al lector de inmediato en contacto con la trama: un hombre, de uniforme y barbudo, evidentemente un alzado rebelde, aparece ahogado en la playa, alguien lo detecta, comienza a gritar y todos los moradores del lugar se acercan a ver al muerto. A partir de entonces se desarrolla una acción llena de parlamentos bien manejados, precisos y concisos donde no sobra palabra alguna.

Con una marcada influencia de la prosa de Onelio Jorge Cardoso, “Resaca” se manifiesta con una mezcla de la más pura realidad con la más fabulosa imaginación desde la mente de un niño, negro y pobre por demás, que trata de buscar su sustento a esa temprana hora de la mañana.

Los miedos infantiles aparecen descarnadamente y la propia realidad se trastoca cuando el niño muestra una bala que ha escapado de la canana del muerto. A partir de entonces la realidad se hace otra, la anécdota cambia diametralmente y la verdad, tan difusa como siempre, enrumba veleidosa por otro camino. El final es inesperado, pero también inconcebible por lo absurdo, ilógico y abierto.

La novela A la vuelta de abril, se desarrolla en el siglo XIX y narra la historia de un general de la guerra de Independencia. Apoyada en una profunda investigación histórica y etnológica maneja con facilidad las costumbres, modos de hablar, maneras de vestir, de alimentarse, la medicina utilizada, en fin, el contexto en que se desarrolla la trama, que incluye no solo la circunstancia humana, sino también la flora y la fauna, o sea, el mundo en que vivían aquellos cubanos que nos antecedieron y que hicieron la contienda del 95. Con personajes muy bien definidos, que saltan de la narración y salen a vivir sus anhelos, angustias, pasiones y esperanzas, el texto incursiona en un tema poco tratado por la literatura y muy áridamente por la historia, por cuanto la exactitud y autenticidad están en esta obra vinculados a símbolos y códigos poéticos y también a eventos fantásticos, muy cercanos a lo que se ha dado en llamar realismo mágico.

Por último he de referirme a Animalia, que exactamente considero su mejor libro, (he de confesar que algunos no los he leído porque no los tengo).

Ahora mismo que hojeo y ojeo el ejemplar que hace 24 años Juan Leyva le dedicara a mi hijo Luis Emilio, que entonces tenía once años, caigo en la cuenta, luego de una nueva lectura de este texto, que todos hemos sido víctimas de una trampa del autor, en esa época Animalia fue considerado por muchos, yo entre ellos, como un libro de literatura infantil, (por eso la dedicación al niño), pero tiene verdaderamente otros límites. Es cierto que se desarrolla en un ámbito narrativo que alguien cuenta a un niño, que a mi se me ocurre de la Sierra Maestra, donde la narración tiene como telón de fondo, como simple decoración, la guerra, las bombas, el avión Catalina y las balas. Todos son protagonistas, pero de segunda, los principales son los pájaros, los guajacones, los árboles, un perro, el guaraguao, el zorzal caminero, la abuela y el paisaje.  
     
El libro se desarrolla durante la lucha insurreccional en las montañas orientales, pero ello solamente sirve como una referencia al lector, referencia que es verdad que se hace patente cada cierto tiempo en la narración, pero que el lector puede prescindir de ella y avanzar en el mundo de la fantasía y la imaginería que se ha creado.

Generalmente son cuentos cortos, precisos, con mucha fuerza, como si no se quisiera cansar al lector con palabrería superflua, como si por respeto al lector se dijera solo lo estrictamente necesario.

Uno de los cuentos del libro “La Mira y el Mimiso” habla de una biajaca y un majá en la lucha por la supervivencia y en defensa de  la especie, maneja la solidaridad y el necesario apoyo hacia el más débil contra el más fuerte. Como al descuido y cuando aparece la abuelita Ña Petrona se dice de “la guerra en las lomas”, pero ello solo será una referencia vaga, el nudo emocional se centra en la acción dentro del río y los personajes son la biajaca, el majá y la abuelita. Todo está dicho con un lenguaje montuno genuino, sin impostaciones, con mucha fluidez y lleno de poesía.

Otro de los cuentos, “Pájaros” está dedicado a Eliseo Diego y se caracteriza por ser muy extraño, como envuelto en la neblina del amanecer en el monte, impreciso y fugaz habla de sabotajes, guardias rurales, jóvenes escondidos, ahorcados por negarse a delatar a sus compañeros que se confunden con mayitos rojos arracimados en una alta viga, una planta eléctrica cuyas turbinas todo lo envuelven en humo. Cuenta con una prosa peculiar llena de metáforas, de códigos y símbolos, tan sugerente como la propia poesía.

El tercer cuento de este libro que quiero comentar se titula precisamente “El zorzal caminero”, uno de los más largos del texto pues tiene cinco páginas. Aborda el tema de un niño campesino enfermo, “tenía blandita la salud”, dice Juan Leyva, que anda con un perro que es su colega y cómplice, con quien además comparte sus miedos, alegrías y tristezas mientras conversa con el animal profusamente. Hay también una abuelita, complaciente como todas las abuelitas, que además usa la mentira, lo que alguna vez alguien llamó “una mentira piadosa”, para evitar más sufrimiento en el niño e impedir su frustración personal  ante una mala acción involuntaria que acaba de hacer. El diálogo entre el niño y el perro deja de asombrarnos cuando sentimos la complicidad entre la abuelita y el perro para ayudar al niño. Esto determina que en la acción los animales, la naturaleza e incluso ciertos objetos asuman atributos humanos y se muevan, piensen y hablen en la jerga particular de los  campesinos montañeses.

En fin considero que Animalia es un libro grande, de esos que deben volver a publicarse ahora, a varias décadas de haber salido a la luz por primera vez, a fin de que las nuevas generaciones de lectores asuman y disfruten la calidad de sus formas y la intensidad de sus contenidos, no exentos de ingenuidad, frescura y sentimientos.

Leyva Guerra fue presidente de la Sección de Literatura de la entonces Filial de la UNEAC de Santiago de Cuba. Estuvo vinculado en la fundación y realización de El Caserón, la revista de ese Comité Provincial.

Cuentos suyos han aparecido en distintas antologías como Catorce cuentistas,  1969; Cuentistas jóvenes, 1978; Cuentos de amor, 1979; Dice la palma en el 79 otra vez, Cuentos del mar, en 1981; Cuentos sobre la violencia, en 1983; Ese personaje llamado la muerte, también en 1983; Cuentos sobre el clandestinaje, otra vez en el 83 y Contar quince años, en 1987.

Versiones de sus relatos "El soldadito rubio" y "Resaca" han sido trasmitidas por emisoras radiales y televisivas. Parte de su obra ha sido traducida al portugués, inglés, ruso, checo, alemán, polaco, francés y búlgaro.
 
Ha visitado otros países como Nicaragua, Rumania, Polonia y la antigua República Democrática Alemana. Posee la Distinción por la Cultura Nacional y la medalla Raúl Gómez García.

Juan Leyva Guerra no solo está oculto para el actual panorama literario nacional, también está oculto para mi, que siempre fui su amigo y con quien compartí muy buenos ratos de intercambios y reflexiones, pero sucede que varias dificultades han impedido que yo vuelva a Santiago de Cuba desde hace ya varias décadas, y Juan no ha venido por La Habana. Posiblemente alguna obra de reciente publicación y desconocida para mi hubiera valido la pena estudiar y comentar, pero la falta de conexión lo ha impedido, no obstante me dio mucha alegría el saber que recientemente había publicado una nueva novela en la editorial Oriente.