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Olga Marta Pérez: para todas las edades
Marilyn Bobes , 18 de mayo de 2009

Siempre he pensado que escribir para niños es escribir para todas las edades. Los verdaderos clásicos del género poseen la virtud  de interesar a todo tipo de público, pues fundamentan su razón de escritura en esa máxima que en una ocasión me recordara el escritor Reynaldo González con su sabiduría proverbial: la literatura no puede ser clasificada, como ciertas películas de Hollywood,  apta para mayores o para menores.

Por eso, los libros de Olga Marta Pérez (Matanzas, 1952) tienen el poder de entusiasmar a todos los lectores y lo demuestra la reciente publicación de tres volúmenes ejemplares: Conversa mucho (la Maga Maguísima), Papatino y Mamagorda  y la historieta Polvo de Oro, estos dos últimos con excelentes e imbricadas ilustraciones de Iranidis Fundora, una artsita que, seguramente, nos dará todavía mucho de qué hablar.

Lo primero que resalta en estas obras es una excelente construcción de personajes que ya forman parte del imaginario de su autora, empeñada en una literatura cuya corrección escritural y cultura la llevan a  niveles que sobrepasan y evitan esos lugares comunes del didactismo que no pocas veces encontramos en los libros escritos para los pequeños.

Un ejemplo de cómo se puede familiarizar a este público con conceptos tan abstractos como el proceso mismo de la creación, lo ofrece la historieta Polvo de Oro cuyo protagonista es nada menos que nuestro Nicolás Guillén y el argumento, la génesis de sus Motivos de Son, asunto que interesará a los adultos en la medida en que también se vean arrastrados por una trama tan atractiva como sólida.

Tanto la Maga Maguísima como Papatino y Mamagorda resultan, en mi opinión, figuras trazadas con la sugestión de sus reconocibles caracteres bien alejados de edulcoradas propuestas despersonalizadoras.

Olga Marta Pérez consigue embrollarlos en aventuras que tocan lo dramático y lo humorístico, convirtiéndolos en verdaderos ejemplos de imaginación y fantasía, tan cercanos a nuestra realidad como pueden estar los personajes carpentereanos o garciamarquianos. De tal manera aceptamos los sucesos irreales como posibles, característica que revela una estética original y anticonvencional.

La autora, que cuenta en su currículum con más de 15 libros, sabe transitar con profesionalismo a través de géneros tan diversos como la poesía, la noveleta, el cuento y la historieta, además del guión radial, muchas veces generador de lo que después se convertirá en su  literatura con mayúscula.

Ello es posible porque Olga Marta posee el don de convivir con sus criaturas de ficción. Ellas pertenecen a un metamundo estrechamente vinculado a la idiosincrasia nacional y, sin embargo, disfrutable por lectores de cualquier país del mundo, gracias a la universalidad de sus temas y a la calidad artística de sus propuestas.

Con una eficiente labor al frente de Ediciones Unión, no debemos olvidar que esta autora es quizás una de las más valiosas entre quienes se dedican en nuestro contexto a enriquecer las lecturas de nuestros niños y -ya lo he dicho antes- también de nuestros mayores.

Recomiendo la lectura de los libros que les he comentado, sabiendo que también los adultos se sentirán complacidos con una experiencia que rebasa el cliché de esos temas propios para las diferentes edades.

En definitiva, tanto niños como mayores de edad, tenemos inquietudes similares. Sólo hace falta un autor capaz, como Olga Marta, de ponernos por delante una obra capaz de seducir al ser humano, tan inclasificable en sus gustos como la misma literatura cuando, como en este caso, es verdadera e intemporal.