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El informe Galíndez (I)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 25 de abril de 2008

Las primeras noticias que tenemos sobre la presencia de emigrados revolucionarios de origen dominicano que conspiraban contra la dictadura trujillista instalada en Santo Domingo datan del año 1933. Estos grupos de exiliados habían arribado poco tiempo después de tener lugar los hechos que condujeron al golpe de Estado contra el gobierno de Horacio Vázquez en marzo de 1930 y las elecciones turbulentas de agosto de ese propio año, que dieron paso al comienzo de la llamada “Era Trujillo” en la República Dominicana.

Para ese entonces la mayor de las Antillas se encontraba en un momento de plena efervescencia revolucionaria, conocido como el periodo crítico de los años 30. Este periodo revolucionario se inició con el combate contra el régimen tiránico de Gerardo Machado y continuó con las luchas protagonizadas por los sectores populares contra otros gobiernos representantes de la oligarquía nacional y el imperialismo norteamericano. En esas circunstancias las clases dominantes tuvieron que ceder algunas posiciones a fines del año 1933; pero ya en 1934, auxiliados por la traición del Coronel Fulgencio Batista, recuperaron el poder político. Sin embargo, la reacción criolla no llegó a tener el control absoluto del país debido a la resistencia ofrecida por los grupos revolucionarios de la oposición los que mantuvieron una lucha frontal hasta 1935. Esa fecha se considera la del fin de la oposición revolucionaria radical al régimen militar de Batista porque fue entonces que fracasó la huelga general revolucionaria convocada por el Comité de Huelga estudiantil y se produjo el asesinato de dos importantes líderes revolucionarios en el Morrillo, el cubano Antonio Guiteras y el venezolano Carlos Aponte. No obstante, otras formas de resistencia se mantuvieron en los años subsiguientes hasta 1940; pero no comprometieron a fondo el poder de la oligarquía.

En 1934 muchos revolucionarios cubanos, actuando bajo las botas del tirano Batista, apoyaban a sus similares dominicanos en una expedición contra otro sátrapa del Caribe: Rafael Leonidas Trujillo. El ambiente revolucionario de entonces favoreció que se combinaran esfuerzos de ambas partes para enfrentar esas dictaduras caribeñas desde todos los frentes posibles. Aunque la prioridad del gobierno Caffery-Batista-Mendieta era controlar la oposición interna, sus agentes de seguridad advirtieron sobre el peligro de subestimar las conspiraciones que estaban gestando los dominicanos en Cuba. Estos comprendían que esos planes podría significar una amenaza contra su propio régimen.

Un informe detallado de diciembre de 1934 acerca de la conspiración dominicana en Cuba, redactado por el Teniente Coronel Ignacio Galíndez, demostró los vínculos entre los revolucionarios de las dos naciones antillanas. En principio los exilados dominicanos actuaban bajo la cobertura de que apoyaban a quien había sido un antiguo aliado del mismo Trujillo, Rafael Estrella Ureña, depuesto como Vicepresidente y acusado de traidor por el dictador dominicano. A todo ello añadían que sus acciones de entrenamiento militar no podían ser peligrosas para Cuba pues las mismas eran controladas por dominicanos bien notorios, además de que las autoridades cubanas conocían de las mismas de una manera discreta. Por entonces se hizo una denuncia pública de que había sectores dentro de la Marina de Guerra que conspiraban junto con Guiteras para retomar el poder, hecho confirmado por el propio Coronel Galíndez quien lo vinculó a la conspiración y entrenamiento de los revolucionarios dominicanos: “He podido comprobar que el Comandante Gómez de la Infantería de Marina de Guerra y el Comandante Santana, Director de la escuela de Cadetes del Morro [….] han tenido contacto de cierta manera con los directores de las concentraciones revolucionarias dominicanas”. En el informe del Coronel Galíndez se establece que aunque los servicios secretos agregados a la embajada norteamericana en La Habana seguían de cerca estos preparativos insurreccionales: “el Honorable Embajador Caffery es ajeno completamente a este asunto, antes al contrario […], demuestra claramente su asombro y desagrado.1

En su informe secreto Galíndez expresaba que había que reprimir cuanto antes esa conspiración anti trujillista porque podía desembocar en un revuelta general que comprometía al propio gobierno cubano. Se estaba gestando una revolución latinoamericana contra todas las dictaduras a partir de los sentimientos de solidaridad y hermandad entre revolucionarios de distintos orígenes. Desde entonces Guiteras tenía en perspectiva unir a todos los líderes revolucionarios de América en una organización que sería continuidad de Joven Cuba: Joven América.2 Esta nueva organización debería coordinar la lucha contra el imperialismo y las oligarquías en todo el continente, es por ello que Guiteras entabló un estrecho vínculo con el venezolano Carlos Aponte, quien había sido Coronel de las guerrillas de Sandino y tenía una vasta experiencia como combatiente revolucionario en distintos países de nuestra región. Cuando ambos caen combatiendo en el Morrillo tenían en mente preparar una expedición a Cuba desde México, con el apoyo de Lázaro Cárdenas. Guiteras, desde sus tiempos de Ministro de Gobernación, había diseñado una estrategia de lucha común contra las dictaduras y el dominio imperialista que comprendía la integración de los revolucionarios latinoamericanos. Galíndez, que estaba en antecedente de todo ello, advertía al mando superior lo siguiente:

He podido comprobar que dentro de tales concentraciones, aunque por motivos diferentes, hay elementos comunistas, auténticos, abecedarios y guiteristas. Guiteras, ya desde los tiempos del Doctor Grau, y siendo Secretario de Gobernación, se mostraba partidario decidido de una lucha contra Trujillo, y terminada esta, una concentración de revolucionarios antillanos para llevar la guerra a Venezuela. Por todo lo que es sensato pensar, que tales elementos antes de lanzarse a una aventura revolucionaria en Santo Domingo, de muy difícil éxito, [….] se dedicaran a hacer una revolución en Cuba aprovechándose de esta oportunidad y pretexto.3

Notas:

1 Instituto de Historia de Cuba. Fondo: Ejército (1934-1952). Signatura:24/36/1:5-61/1-6
2 José Tabares del Real: Guiteras. Editorial de Ciencias Sociales, Instituto Cubano del Libro, La Habana,1973, p.497
3 Instituto de Historia de Cuba. Fondo: Ejército (1934-1952). Signatura: 24/26/1:5-61/1-6.