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Cosme de la Torriente ante la reelección de Gerardo Machado y el peligro de una revolución social en Cuba.

Jorge Renato Ibarra Guitart, 29 de septiembre de 2008

Cosme de la Torriente y Peraza, veterano mambí y al propio tiempo vasto conocedor de la historia republicana, alertó en 1927 acerca del daño que las reelecciones podían ocasionarle al país. Teniendo en cuenta que aquellas convocadas en 1906 y 1917 habían sido objeto de fraudes y al propio tiempo, propiciando la intervención norteamericana, se refirió a una posible ratificación en el poder de Gerardo Machado:

Si va a la reelección, como pretenden desde el comienzo de su gobierno muchos de sus amigos, no errará el que vaticine muy grandes perturbaciones de nuevo en el futuro de Cuba. ¿Quién puede asegurar que tras la reelección no vendrá otra revolución, por mucho que prediquemos contra ella los que prevemos, por múltiples razones, un desastre terrible para la República?1

Se sentía preocupado no tanto por la práctica desleal que representaban las reelecciones sino por el peligro de que se desatase una revolución social que podía servir de pretexto a la intervención militar norteamericana. En este posible escenario histórico Torriente temía que la resistencia popular a la presencia extranjera podía echar por tierra los cimientos de la República Neocolonial. Por esas razones también se opuso al movimiento cooperativista dirigido a integrar los partidos Liberal y Conservador y propiciar la prórroga de poderes.

En 1931 la Unión Nacionalista, agrupación oposicionista donde militaba Torriente, decidió enviarlo a los Estados Unidos en uno de los momentos más álgidos de la lucha contra la dictadura machadista. En Norteamérica el ex coronel tenía la misión de movilizar la opinión pública norteamericana contra el régimen dictatorial por lo que escribió en diversos medios de prensa para denunciar sus crímenes, incluido el del propio Julio Antonio Mella. También se le encomendó la misión de establecer conversaciones con funcionarios del Departamento de Estado para retrasar o impedir una posible intervención militar estadounidense. En agosto de ese año los nacionalistas planearon tomar el poder mediante un golpe militar efectivo pero su proyecto fracasó porque no contaron con suficiente respaldo popular.

En los Estados Unidos, Torriente tomó conciencia de que los sectores de poder de ese gran país comprendían la revolución en marcha como una manifestación de anarquía generalizada que podía obligarlos a dirigir una nueva intervención militar. Por ese motivo cambiaría su manera de pensar y dejaría de manifestarse a favor de la rebeldía popular. A partir de ese momento asume que la revuelta cubana era un peligro contra los intereses de la oligarquía criolla y el imperialismo norteamericano. En carta de 15 de diciembre de 1931 dirigida al Directorio Estudiantil Universitario planteaba:

Lo que entiendo, como siempre he entendido, dada la situación internacional de Cuba y la complejidad de nuestros problemas, es que mucho mejor que una revolución, siempre de dudoso éxito, es llegar a una “inteligencia” o a una “conciliación “que permita un “compromiso “ o “convenio” que restablezca la paz moral en la República y el orden jurídico destruido desde 1927 por la situación imperante.2

En esa propia carta le recordaba a los estudiantes que el tratado permanente autorizaba al gobierno norteamericano a ocupar militarmente nuestro territorio. Teniendo en cuenta el poderío y la proximidad de los Estados Unidos recomendaba no cometer el error de atraer la injerencia extranjera para evitar se repitiesen los hechos de 1906 y 1917. Torriente pretendía vendarles los ojos para que no reconocieran que la tiranía machadista era también un engendro del imperialismo norteamericano. La intervención extranjera estaba tras la propia silla presidencial de Machado, Washington le había dado el visto bueno al General-Presidente para que se reeligiera. ¿Cómo persuadir así a los estudiantes para que renunciasen de sus propósitos insurreccionales? A sus camaradas de Unión Nacionalista en carta de 21 de Febrero de 1933 le refiere criterios similares, sin reparar en la naturaleza neocolonial de nuestra República argumenta:

La República de Cuba desde su fundación siempre ha fluctuado entre dos grandes males: la dictadura, enfermedad político-social que en nuestra América corroe a los pueblos de raza española, y la intervención extranjera, que es una resultante de la forma y manera en que obtuvimos la independencia (...). Las medidas dictatoriales de algunos de nuestros gobiernos siempre trajeron como lógica consecuencia la revolución, y por la revolución se ha cernido siempre sobre Cuba, o se ha producid la intervención extranjera.3

Pero el verdadero sentido de su pensamiento político se expresa cuando le advierte a sus correligionarios que el mayor peligro para sus intereses era perder las riendas de la insurrección y que las mismas fueran asumidas por los sectores más radicales:

No quiero dejar de hablar de Revolución sin advertir que, en los momentos actuales, con el terrible estado de miseria que existe en el país, y con las doctrinas disolventes de los que siempre se han mantenido atentos a la lucha entre la oposición y el gobierno para, en un momento dado, lanzarse a sus reivindicaciones sociales, se correrá el peligro de que una vez llevado el país a la revolución, sean estos elementos rojos, mezclándose en la contienda, los que más se destaquen.4

En esa propia carta propuso la mediación de los Estados Unidos en el conflicto cubano. Años después el gobierno de Franklin D. Roosevelt asumiría este proyecto político. Para entonces serían Cosme de la Torriente y José Rivero sus voceros e ideólogos a escala nacional.

En el gobierno de Concentración Nacional , también conocido como gobierno Caffery-Batista- Mendieta, ejerció como Secretario de Estado y firmó el Tratado de Relaciones Cuba-Estados Unidos, que sustituyera a la Enmienda Platt, y el nuevo Tratado de Reciprocidad Comercial de 1934.

En ese período histórico, advirtió que para lograr la concordia nacional era necesario convocar a una Asamblea Constituyente que plasmara las demandas de los sectores nacionalistas burgueses en una nueva Constitución. Durante esos años también se percató de que en el gobierno de Concentración Nacional se había creado un vacío de poder que día a día era ocupado por los militares dirigidos por Batista. Consciente de esa situación presentó su renuncia pública.

1.Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938. Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157. 1939. p.161-162

2.Ibídem p.233

3.Ibídem p 249

4.Ibídem p. 252-253