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Eduardo Chibás contra la dictadura trujillista (1944-1945)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 29 de mayo de 2008

Eduardo Chibás emergió como un líder político nacional de rango oficial cuando en 1944 asumió su cargo de senador por el Partido Revolucionario (Auténtico). Entonces se abrió para Cuba una nueva etapa con la esperanza que, en amplios sectores de la población cubana, generó la victoria del candidato auténtico Ramón Grau San Martín. Este gobierno, a la larga, generaría una creciente decepción en esas propias masas, mas durante sus primeros años de ejercicio se mantuvieron vivos en la opinión pública nacional los ideales continentales favorables a la democracia y la justicia social. No obstante, fuerzas reaccionarias y oportunistas actuaban solapadamente para impedir que ese proyecto de transformaciones nacional-reformista se cumpliera, combatiendo a uno de sus más preclaros líderes: Eduardo Chibás.

Por esos años, algunos países progresistas de la región impulsaron importantes iniciativas dentro de las organizaciones hemisféricas para contener los desmanes del régimen trujillista en la República Dominicana. Pretendían aislar a ese gobierno dictatorial y acordar medidas colectivas que lo indujeran a iniciar pasos para un cambio político. Estos gobiernos de las Américas contrarios al tirano tenían en la mira de sus propósitos dos importantes conferencias internacionales, convocadas para febrero y agosto de 1945, en las que se pretendía trazar un nuevo rumbo a la diplomacia mundial: las conferencias de Chapultepec y San Francisco.

Antes de que la Conferencia Interamericana de Chapultepec sobre los problemas de la guerra y la paz comenzara, diversas organizaciones revolucionarias movieron sus influencias para dirigirse al Ministerio de Estado cubano y conminarlo a condenar el régimen trujillista. Inició la campaña uno de los miembros del Consejo Supremo del Frente Unido de Liberación Dominicana, el Dr. Juan Isidro Jiménez Grullón, que intervino a nombre del Frente Unido de Liberación Dominicana expresando su confianza en que el tema de la dictadura de su país sería tratado cuando se examinara el caso de la Argentina peronista. La FEU, por su parte, encauzó una gestión ante el canciller mexicano para exhortarlo a que anulase la invitación de los representantes del régimen trujillista a dicha conferencia. La propia organización estudiantil se dirigió al jefe de la delegación cubana, Canciller Cuervo Rubio, para exigirle que reclamara la expulsión de la delegación trujillista y por último, remitió una misiva al Presidente de la delegación haitiana, felicitándolo por su propósito de denunciar en ese conclave el atentado urdido por el dictador Trujillo contra la vida de su Presidente. No obstante, la respuesta de Cuervo Rubio a la FEU no fue todo lo satisfactoria y clara que los jóvenes pudieran esperar: “Pueden tener fe en que Cuba asumirá en la Conferencia una postura progresista”.

La delegación cubana, de por sí algo heterogénea en su composición, no pudo asumir ese tipo de compromisos y debió enfrentar la acción de algunos cabilderos que presionaron para limitar su agenda de asuntos. Entre estos se encontraron el ex canciller y líder del ABC, Jorge Mañach, el senador del Partido Liberal, Emilio Núñez Portuondo y el profesor universitario Herminio Portell Vila. La revista Bohemia reportó que tuvieron lugar “reuniones de carácter extraño” donde, por ejemplo, el Dr. Mañach propuso que América Latina debía unirse en un bloque de gobiernos para defender sus intereses, pasándole por encima a la observación “de alguien” en el sentido de que sería difícil conciliar las proyecciones políticas de gobiernos democráticos con los dictatoriales: “La unión no puede realizarse con gobernantes que repudian la democracia y oprimen sus pueblos”. Estas conversaciones promovidas por Núñez Portuondo se efectuaron con posterioridad a la salida del embajador norteamericano Spruille Braden y a ellas no se convocó a ningún delegado oficial a la conferencia. Todo parece indicar que estos señores influyeron en la postura posterior del Ministerio de Estado, que cuestionó la propuesta del Presidente Grau para que Eduardo Chibás asistiera como delegado al encuentro en Chapultepec. Los argumentos eran que Chibás se había manifestado “muy descaradamente” sobre ciertos gobiernos latinoamericanos y en su residencia se había constituido el Comité Pro Democracia Dominicana integrado por diversos congresistas cubanos, se creía que “todo esto pudiera crear una situación difícil a la delegación que irá a México”. El Presidente Grau se manifestó sorprendido y sus interlocutores prefirieron no insistir, por lo que Chibás acudió finalmente a dicha cita.2

En medio de esas ingentes gestiones por rescatar al pueblo dominicano de las garras de Trujillo descolló una personalidad política que de por sí ya tenía peso y protagonismo en la vida nacional cubana: Eduardo Chibás. Su actuación al frente del Comité Pro Democracia Dominicana le había granjeado el respeto de los patriotas quisqueyanos, quienes en prueba de gratitud le reconocieron su contribución en ocasión de un viaje a México. El Secretario General del Frente de Liberación Dominicana (Sección de México), Ingeniero Juan de la Cruz Alfonseca, le hizo entrega a Chibás de un documento que lo acreditaba como un verdadero luchador por la libertad de los pueblos americanos. Al acto concurrieron un grupo de combatientes dominicanos compuesto por Valentín Tejeda, Elpidio Sánchez Monzón, Augusto Alfonseca, Juan Bosch y otros.3

Precisamente en la casa de Chibás se debatió, entre congresistas de distintas tendencias que eran miembros del Comité Pro Democracia Dominicana, la idea de proponer una moción de condena al régimen trujillista que fuera similar a la aprobada por el congreso venezolano. La moción figuraría como una enmienda a la que ya se había elaborado contra el régimen falangista español de Francisco Franco y parte de su texto decía así: “Recomendar al gobierno de Cuba y los demás gobiernos democráticos de América que se nieguen a que el régimen tiránico de Rafael L. Trujillo represente al pueblo de la República Dominicana en las conferencias de la Paz o en las que se relacionen con ellas”.

La moción contra Trujillo, presentada por los senadores Chibás y Santovenia, no pudo ser discutida antes de terminar la legislatura en curso y su aprobación pasó a la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. A pesar de la defensa vehemente que le hicieron senadores como Chibás y Marinello la misma tuvo que enfrentar la resistencia de otros colegas como Emilio Núñez Portuondo. Este último, que había sido agasajado por Trujillo tras un viaje por Santo Domingo, argumentó que el voto de la enmienda podría dar lugar a una ruptura de relaciones diplomáticas con la República Dominicana y ello se consideraría un paso contrario a la unidad continental. Al final de esa jornada consiguió su propósito de evitar que se votase la moción cuando se estaba celebrando la Conferencia de San Francisco.4

En Cuba, el centro de la actividad de camaradería con la causa por la democracia dominicana recaía en el líder de su Comité de apoyo, Eduardo Chibás. Chibás, consciente de que era vital ganar el favor de la opinión pública, se afanaba en conformar un Comité de Periodistas Pro-Democracia Dominicana y citó a una serie de importantes periodistas cubanos para su fundación en su residencia de H y 17, Vedado, el 20 de julio.5 Una repercusión inmediata tuvo la convocatoria del senador auténtico, quien entonces también ejercía como Secretario de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado. En el El Crisol el periodista Martin Lliraldi se sumaba al llamado de Chibás: “La prensa digna dominicana […] no ha dejado de levantar su voz potente contra el tiranuelo de Quisqueya durante estos quince fatídicos años […] Su grito ha sido más fuerte que el estruendo del aplauso obligado de la galería de serviles […] A esa prensa, por ser digna, no puede faltarle el decidido apoyo de los periodistas cubanos. Hoy […] surgirá una bella esperanza de libertad para un pueblo que la merece a plenitud”.6

Por esa actividad tan intensa de Chibás es que la prensa oficial trujillista concentraba casi todos sus ataques contra su persona. El periódico La Nación lo tildaba de cobarde7 o lo denunciaba como un conjurado que combatía al “Benefactor”. En ese sentido indicaba que “senadores de distinta filiación se reúnen en casa del Dr. Chibás para conspirar en unión de políticos antitrujillistas, cuando en Cuba hace falta primero ocuparse de arreglar los puntales que sostienen la propia democracia, para luego ocuparse de la ajena”. Pero la revista Bohemia salía en su defensa cuestionando los elogios que La Nación le hacía a Fulgencio Batista al que consideraba la “personalidad política más significada del país”.8 Al propio tiempo, la reconocida revista cubana denunciaba que en la campaña electoral de 1944 la Coalición Socialista Democrática había recibido fondos de Trujillo sin que su candidato, Carlos Saladrigas, lo supiera. Por ello Bohemia concluía que era el dictador dominicano quien desde un principio había intervenido en la vida pública cubana y no podía criticar a “los demócratas del continente” que “respaldan los trabajos que realizan los dominicanos libres por sacudir a su pueblo de la opresión política y la explotación económica en que vive”.9

Un tópico bastante peliagudo que motivó fuertes conflictos diplomáticos fue el de los atropellos contra ciudadanos cubanos en la República Dominicana. Un caso que tuvo honda repercusión fue el del comerciante cubano residente en Santo Domingo, Rafael Fernández Reyes, quien fue objeto de encarcelamiento y tortura de parte de la policía trujillista. Precisamente fue Eduardo Chibás, a nombre del Comité Pro Democracia Dominicana, quien primero denunció este asunto dirigiéndose al Ministro de Estado, Gustavo Cuervo Rubio. Chibás le solicitó que interpusiera sus gestiones y exigiera una reparación convincente, en su carta concluía con esta demanda: “Le estimaríamos, por otra parte, que ese Ministerio hiciere todas las gestiones necesarias para el traslado a este país del Sr. Fernández Reyes”.10 A esta denuncia se sumó la FEU, que apoyó firmemente sus demandas.

En ese sentido las campañas de Chibás desde el Comité Pro democracia dominicana eran vitales, en particular su pronunciamiento a favor de la moción uruguaya para sitiar a las dictaduras del continente y sus intentos por agilizar la moción senatorial de condena al régimen trujillista. Es por ello que el senador auténtico recibió el siguiente telegrama de felicitación del líder del exilio dominicano Jiménez Grullón: “Felicítole nombre del Frente Unido Liberación Dominicana por adhesión proposición uruguaya acerca reactuación colectiva democrática América contra dictaduras. Estimo momento propicio para proponer senado solicite gobierno inmediata ruptura con Trujillo”.11

El propio Chibás había recibido un memorando de fecha 27 de noviembre de 1945, al parecer redactado por combatientes dominicanos, en ocasión de una alocución que dirigiría con motivo de un acto de remembranza histórica durante un almuerzo en su casa. Es significativo un párrafo del mismo que establece que: “El imperialismo, pues, tiene la mayor responsabilidad de la situación que desde hace 16 años impera en la República Dominicana y a él tenemos que hacer responsable de todo lo que está pasando en nuestro país. El pueblo dominicano y el de Cuba tienen enemigos comunes: contra el imperialismo yanqui tienen que sumar sus fuerzas, porque principalmente es el factor determinante de sus principales desgracias”.12

Notas:

1 Bohemia, 25 de febrero de 1945, año 37, no. 8, pp. 30-31.
2 Bohemia, 18 de febrero de 1945, año 37, no. 7, pp. 28-29.
3 La noche, México, DF, 10 de marzo de 1945, en: Archivo Nacional, fondo: 176, legajo: 27, folio: 35.
4 Bohemia, 10 de junio de 1945, año 37, no. 23, p. 32.
5 Archivo Nacional, fondo: 176, legajo: 27, folio:35 p. 5
6 El Crisol, 20 de julio de 1945, en: Archivo Nacional Fondo: 176 legajo 27 folio 35 p. 6
7 Bohemia, 19 de agosto de 1945, año 37, no.33, p. 31.
8 A pesar de que Batista había hecho declaraciones contrarias al Presidente dominicano.
9 Bohemia, 15 de julio de 1945, año 37, no.28, p. 30.
10 Archivo Nacional, fondo:176, legajo: 27, folio:35, p. 12.
11 Ibídem, p. 13.
12 Ibídem, p. 14.