Apariencias |
  en  
Hoy es jueves, 23 de noviembre de 2017; 3:38 PM | Actualizado: 23 de noviembre de 2017
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 192 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página
Tipologías de la risa. Ironía, sarcasmo, disparate
Jorge Ángel Hernández , 17 de julio de 2008

Si intentamos explicarnos lo cómico de acuerdo con las maneras de la figuración del lenguaje, el procedimiento nos coloca ante los tipos retóricos. En ellos se alistan la ironía, el sarcasmo, el disparate, el equívoco o las traslaciones engañosas.

La ironía es un tropo mediante el cual un enunciado significa, en el habla específica de lo humorístico, lo contrario de lo que proponía desde la lengua misma. Su uso reclama una gran habilidad para llevar el tono hacia la jerarquía del significado específico que es necesario poner en evidencia. Los términos copresentes no solo remiten a una referencia ausente, sino además a un juicio marcado, resuelto por el uso mismo del código que se resiste a dinamitar el estatuto próximo de la función significante, para que en esa travesía el enunciado irónico adquiera el grado de eficiencia pertinente.

En tanto lo irónico puede presentarse mezclado con sentimientos de auto reconocimiento, desmiente la tesis que supone para el acto de expresión humorística una necesaria corrección de la actitud humana. En una traslación que parte de una base nietzscheana, aunque se encumbre de lleno en el psicoanálisis, se fundamenta este espíritu correctivo con el deseo de hallar, mediante representación simbólica, una mejor proyección personal, un transcurso hacia el mejoramiento de la personalidad que acuda a la conformidad en el plano de las argumentaciones. Ello, si bien puede aparecer como subyacente en los enunciados irónicos, no determina su condición para obtener la risa. Cuando los humoristas enumeran los rasgos defectuosos de sus presuntas familias, ya sea mediante ironías, a través de sarcasmos o relaciones satíricas, se crea una circunstancia de representación que hace cada vez menos realista lo expresado. La acumulación hiperbólica, a través de asertos degradantes, empuja el contexto de enunciación hacia un clima de relajación risible que facilite el resultado del acto comunicativo. Y lo que hace más preciso el planteamiento: cuanto más el enunciado se adentra en lo satírico, o lo sarcástico, abandonando lo irónico, más será aceptado como un referente de ficción. El espectador sabe que ese humorista se está refiriendo a personajes, no a personas, y aunque por ejemplo disfrute al ver que con efectividad y hasta con simpatía, explota lo feo de su rostro como resorte para la hilaridad, piensa que en el fondo no ha sido así mismo con los familiares nombrados. El personaje que en la televisión cubana se ha hecho popular, (El Profesor Mentepollo —a veces como nombre, como apellido en otras—, encarnado por el actor Carlos Gonzalvo y fruto del escritor y guionista Nelson Gudín), basa su comicidad casi exclusivamente en el uso de la ironía. A pesar de que es este uno de los tropos de más compleja actitud para la comunicación masiva, ha conseguido extenderse significativamente entre la población cubana, que a su manera interpreta, y hasta traduce, su arsenal de señales. En este caso, la ironía no responde a la más común de sus operaciones de significado segundo, buscando una consecuencia de significante antónimo, sino que amplía, desde el recurso retórico, el espectro del sentido. Aunque reconozco que es mi personal opinión, pienso que ese alto grado de popularidad y aceptación corresponde más al riguroso nivel de elaboración comunicativa, en el cual la profunda alteridad de sentido se equilibra con la inmediatez del objeto referente y también con el sobrio concepto de actuación con que se asume el personaje, que a la propia temática (que es variada).

El sarcasmo, también se conforma como una manera de interpretación figurativa pues los significados necesarios para llegar a la risa dependen de un trabajo interpretativo en la percepción de los significantes emitidos. En lo sarcástico, a diferencia de lo que ocurre con lo irónico, el juicio presente acerca de la referencia ausente no requiere un estado de marca tan específica; le basta con que la asociación se entienda como negativa para que adquiera fuerza.

Una combinación de sarcasmos se halla en esa anécdota, que a no pocos personajes históricos se atribuye, en la que el personaje en cuestión lleva un prendedor tallado (unos yugos, de acuerdo con otras fuentes) cuyo esplendor no puede dejar de llamar la atención de quienes lo rodean. Como la figura tallada representa a un cerdo, no falta el personaje antagonista que acude con la sarcástica pregunta: “¿Qué, recuerdo de familia?”, a la que sigue la respuesta: “No: un espejo”.

Aunque asociadas, ambas alocuciones son, sin tapujos, ofensivas. Carecen de referentes que argumenten, por sí mismos, la conformidad con la ofensa. El sarcasmo resulta, por tanto, la más “aristocrática” manera de someter a humillación a un semejante. También puede ser sarcástica una alocución de defensa que consiga invertir el sentido negativo, propenso al rechazo y la discriminación del enunciado mediante el cual la ofensa se pronuncia. El personaje que lleva el prendedor con figura de cerdo hubiese respondido al sarcástico interlocutor de esta manera: “No es recuerdo de familia, sino escultura personal. Por cierto, está científicamente demostrado que los cerdos mantienen su orgasmo durante treinta minutos. Aunque usted… nada que ver con los cerdos, ya se sabe.” En este caso, el resultado significante de la ofensa se transfiere hacia una nueva pragmática significante que no habrá de conformarse con el distanciamiento negativo de lo humorístico, sino que habrá de asumirlo como funtivo para subvertir el código de valoración y conseguir así un estatuto diferente para el signo.

El disparate revela, también para el receptor, unidades mínimas de conocimiento que se constituyen en patrimonio colectivo y que, al aparecer mediante yerros, convertidas en una evidente enunciación incierta, de gazapo, conducen a la risa. El humorista a quien le importa solo la carcajada a toda costa, suele emplearlo en su variante más elemental, menos comprometida con referencias culturales raigales o figurativas, de ser posible combinada con un acto de ofensa. El disparate suele aparecer vinculado con una situación, representativa o de discurso, que lo condiciona, de ahí que se le emplee normalmente en condición auxiliar y que no se preste a confusiones como las que hemos visto en tipos anteriores. Depende, no obstante, de que en la enunciación se advierta un vacío conceptual en el lugar en que debía operar un concepto. Vacío enunciado y concepto referente requieren, para que se conforme un disparate humorístico, estar relacionados mediante algún ejercicio de contigüidad que la cultura haya hecho pertinente.

Ejemplar puede resultar el ya famoso disparate de George W. Bush acerca de que se siente convencido de que peces y humanos son especies que pueden convivir pacíficamente, pues configura una conceptualización insulsa sobre la base de conceptualizaciones referentes que en nada se corresponden con el sentido básico de lo enunciado, pero que sí se corresponden con su demagógico discurso (ese que emplea con el más natural carácter presidencial) acerca de la paz, la guerra y el medio ambiente. Para la efectividad comunicativa, los humoristas suelen valerse del vocablo incorrecto en el nivel semántico, aunque expresado en una circunstancia narrativa de contigüidad. En estos casos, la ruptura entre la lengua y el habla (presentada esta como disparate) se consigue a través de un trayecto más corto que, al asumir la paradoja significante, depende de conservar y saber el más convencional canon de la lengua. Pongamos que se dice: “Estupefacto me dejas”, en lugar de: “Putrefacto me dejas”. Ambos vocablos denotan un grado complejo de conformación lingüística que el resultado risible va a legitimar en un nivel cultural. Es obvio que si dijera “Podrido”, “rancio”, “pútrido”, u otra idea afín, aunque semánticamente obtuviese el mismo resultado, se perdería por completo la comicidad.

El equívoco se conforma a partir de una sustitución de elementos significantes dentro de un mismo significado que, al revelarse en el plano perceptivo, recomponen la sintagmática normal, o, lo que es lo mismo, devuelven el orden natural al mundo que había sido atrofiado por la circunstancia anterior, equívoca y, por ende, inadmisible. La llamada comedia de enredos, como la de Oscar Wilde, fundamenta una lógica de hilaridad sobre la condición precisamente errónea de percepción errónea. El personaje no es el mismo al cual responde durante la consecución dramática, pero, por un motivo u otro (tal vez son más abiertos los ejemplos en Shakespeare), deja correr los resultados significantes del equívoco. Muy cerca de este, se encuentran las traslaciones engañosas, en las que pueden entrar en juego diferentes tipos de asociaciones cuyo único requisito indispensable será el de someter al mundo presentado a una marca disyuntiva en relación con el mundo del imaginario natural. Las situaciones de mundo al revés, socorridas y siempre eficientes, proponen traslaciones de este tipo, tan sencillas, como que solo se trasladan los sujetos pertinentes al frente de predicados que les son impertinentes. También, y en dirección inversa, actúan en este caso las frases de atribución presuntamente lógica (“Te juro que eres la única mujer en mi vida”. Adán a Eva.) y los glosarios (Por suplantación de conceptos: “ABOGADO: empleado público que abnegadamente salva tus bienes de otros interesados y con el mismo celo termina atribuyéndoselos”; por suplantación de sonidos: “SILLÓN: respuesta afirmativa de Yoko Ono a John Lennon”.)

Así, recompondríamos la tríada de los tipos humorísticos mediante un listado en asedio constante de contaminaciones. Así vemos entonces los
Tipos humorísticos:

1. Genéricos  (según las maneras representativas)
—Parodia
—Caricatura
Gag
—Burla
—Farsa

2. Estilísticos  (según las maneras del discurso)        
—Sátira
—Absurdo
—Grotesco
—Suspenso
—Negro,
—Verde,
—Blanco.

3. Retóricos  (según las maneras de la figuración)
—Ironía
—Sarcasmo
—Disparate
—Equívoco
—Traslaciones

La determinación genérica está realmente asociada a los modos de expresión y es en efecto difícil entresacar la jerarquía determinante, a través de la cual el género se condicionaría. Los tipos genéricos se ubican a partir de la actitud del locutor en relación con su enunciado y, sobre todo, con la forma de enunciación elegida. De modo que ese caos definitorio que se ha creado alrededor de lo humorístico responde, a su manera, a la necesidad (no resuelta por el saber) de crear modelos estructurales con capacidad de expresión y eficacia comunicativa.


 

Jorge Ángel Hernández, 2017-11-03
Jorge Ángel Hernández, 2017-10-09
Jorge Ángel Hernández, 2017-09-20