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El Caribe de Nicolás Guillén
Marilyn Bobes , 22 de julio de 2008

En la década de los veinte del siglo pasado, el poeta cubano Nicolás Guillén se convirtió en el más genuino representante de la poesía negra antillana.

Tras un breve devaneo posmodernista, Motivos de Son, publicado en 1930, anunció, dentro del amplio espectro del vanguardismo, la intención de Guillén de apresar las esencias del mestizaje que caracteriza el mundo caribeño.

En 1931, Songoro Cosongo iría todavía más lejos, al intentar apresar los factores socioeconómicos que convertían al negro en objeto de discriminación, aun cuando sus expresiones culturales fueran objeto, en la obra del cubano, de una profunda y esmerada revalorización.

Pero es en su cuaderno West Indies Ltd (1934), donde la vocación social del poeta cobra un mayor vigor, y cuando la mirada se extiende a ese ámbito antillano que él denomina el oscuro pueblo sonriente donde a veces corre mucho dinero/ pero donde siempre se vive muy mal.

Con un título que hace alusión a la compañía que durante la época colonial detentó el monopolio de la trata de esclavos y la expoliación económica en la zona, West Indies Ltd denuncia el drama de los pobladores de este Nuevo Mundo, el hambre de las Antillas/dolor de las ingenuas Indias Occidentales.

Un Caribe donde las maracas, el tabaco, el aguardiente y las nueces de coco conviven con las secuelas de una esclavitud que ahora se manifiesta, por ejemplo, en la visión de esa Guadalupe W. I.:

                Los negros, trabajando
                Junto al vapor. Los árabes, vendiendo,
                Los franceses, paseando y descansando
                Y el sol, ardiendo.

Es evidente que al titular el poemario de tal manera, Guillén quiere significar que poco han cambiado las cosas para los antillanos desde los días de la trata, a pesar de esa Jamaica contenta de ser negra y esa Cuba que ya sabe que es mulata.

En el poemario, convergen el afán de dignificar los atributos de belleza y culturales propios de lo afro, con esa imagen de explotación que recorre casi todos los textos, ofreciéndonos un panorama devastador, en agónico contraste con la belleza de un paisaje signado por el desangramiento de sus habitantes.

                Me matan, si no trabajo
                y si trabajo, me matan:
                siempre me matan, me matan,
                siempre me matan.

Islas de los anglosajones, de los franceses o de los españoles, las Wets Indies de Guillén parecen tener un destino común, debido a la presencia del negro, traído desde lejanas tierras de África para ser esclavizado y preterido en ese mundo de companies y trust.

               Aquí están los servidores de Mr. Babbit
               Los que educan a sus hijos en West Point.
               Aquí están los que chillan: hello baby
               Y fuman “Chesterfield” y “Lucky Strike

Dice el poeta en clara referencia a las clases sometidas al nuevo coloniaje yanqui, que son a su vez las que oprimen a negros y mestizos.

              West Indies, West Indies, West Indies.
              Este es el pueblo hirsuto,
              De cobre, multicéfalo, donde la vida repta
              Con el lodo seco cuarteado en la piel.

De esta manera, desde ese barco de papel que hizo flotar por el Mar de las Antillas mucho tiempo después, Nicolás Guillén es una de las más grandes voces de ese Caribe nuestro, al que supo cantarle como a nadie al profundizar no sólo en los aspectos más pintorescos del mismo, sino en su cruel y despiadado destino neocolonial.