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El efectivo corte de la navaja suiza

Emilio Comas Paret, 10 de julio de 2017

Hace unos días se acaba de publicar un texto de novela negra titulado La navaja suiza, del escritor Jorge Luis Sánchez, que obtuvo el Premio UNEAC de Novela en el año 2015.

Quiero destacar que fui parte del jurado que otorgó este premio, junto a los escritores Armando Cristóbal y Julio Travieso, y que en nuestra reunión final no hubo discusión, los tres escritores llevábamos como premio a La navaja suiza.

Jorge Luis, que nació en La Habana en 1961, solo ha publicado dos libros, pero con tan certera puntería que el primero, titulado En un lugar de cuyo nombre quiero acordarme, en el año 2005 obtuvo el accésit en un concurso convocado por las Agencia Española de Colaboración Internacional, y fue publicado en España en el 2006 por la Fundación Rafael Boti y la Diputación de Córdoba. Luego escribió su primera novela titulada Ciudad Delirio que resultó finalista en la Bienal Internacional de Novela Premio COPÉ de Perú en el 2011, y ahora esta, su segunda novela y tercer texto escrito, que obtuvo el premio nacional otorgado por la UNEAC.

La obra cuenta la vida y los avatares de un inspector de homicidios, y no está ubicada en ningún lugar específico, quizás pudiera ser en la propia Habana, aunque a mí se me ocurre que el sitio es la ciudad de Madrid. El protagonista es un hombre maduro, cansado del bregar diario en su macabra profesión, a punto de jubilarse, y a quien la esposa lo abandona llevándose con ella a sus dos hijos, con el pretexto de que el marido es un alcohólico, y digo pretexto porque ningún alcohólico puede desempeñar un cargo tan importante como el del protagonista; en la práctica lo que sucedía era que el hombre degustaba algunos tragos vespertinos para borrar el estrés del día y sus complejidades. Quizás la verdadera causa sea aquello que yo llamo “el cansancio de una larga pelea” que sucede en las parejas luego de décadas de unión. El caso es que de buenas a primeras se ve esclavo de la soledad, con quien no sabe vivir, y ello le provoca un abatimiento descomunal con pesadillas desesperantes, lo cual va ser esencial para el cambio que su personalidad asume en el transcurso de la novela y que se inicia con el desaliño constante de su figura.

El primer caso que se presenta en la obra es el de una joven que encuentran muerta en una cuneta, pero muy cerca de la carretera, como si se buscara que la encontraran enseguida. La muchacha, muy joven y bonita, ha sido violada y luego asesinada con un violento golpe en la sien, pero cuando la examina el forense se encuentra con un hecho insólito, tiene la vagina y el ano llenos de una sal gruesa y no se sabe si es para borrar la posibilidad de encontrar el ADN en el semen del violador o si es consecuencia de un rito desconocido. Este es el inicio de la búsqueda de un asesino en serie que luego se muestra muy inteligente, osado y además cuidadoso de mostrar su verdadera personalidad, y que rompe con todos los esquemas practicados por la mayoría de los asesinos violadores capturados por la policía.

Así se inicia un contrapunteo entre el inspector, con sus tragedias personales, y el asesino violador desconocido con sus particulares y desconcertantes actuaciones.

En la obra el autor a veces se detiene en describir minuciosamente un paisaje o un hecho humano, lo que realmente permite que el lector se inserte en el ambiente que rodea a la investigación. Otras veces se hace gala de un humor macabro como defensa ante la violenta circunstancia que tienen que asumir estos agentes del orden, especializados en asesinatos.

Al final la propia acción influye en lograr el famoso crimen perfecto, aunque el lector se percatará en su lectura de que el crimen no es tan perfecto y que la navaja suiza contribuye a que no lo sea.

Es una novela muy contemporánea, que no tiene nada que ver con lo que cuentan los grandes autores del género, a veces con mucho erotismo y fuertes escenas sexuales muy de época y con la demostración evidente de las amargas pasiones que hoy afectan a todo el género humano.

Resulta evidente que en un tiempo más que corto la crítica literaria cubana tendrá que detenerse ante la breve pero triunfadora obra de Jorge Luis Sánchez, a quien desde ya lo considero un narrador con amplias perspectivas y todas las posibilidades para triunfar en este difícil y mal pagado oficio.   
     

Editado por Yaremis Pérez Dueñas