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Mis primeros cincuenta años

Emilio Comas Paret, 28 de agosto de 2019

No, no estoy hablando de mi edad; hace tiempo, mucho, que llegué y pasé los cincuenta, quiero hablarles de que el 29 de julio de 1969, mientras estaba recién casado con mi difunta esposa Aurora Tizón y pasaba la luna de miel en Playa Girón, escribí mi primer cuento. Y ello tiene una historia que les puede ser interesante.

Nací en un hogar pobre, mi padre, pescador, era analfabeto; y mi madre, por decisión de mi abuelo que decía que las mujeres con saber leer y escribir tenían, alcanzó solo segundo grado.

Nunca vi un libro de literatura en casa. Tampoco leí a Mark Twain, Huncleberryfinn, ni a Dora Alonso ni a ningún autor infantil siendo niño. El único libro que había en casa era la Biblia, que me la devoré a plenitud y fueron mis primeras enseñanzas literarias. Tanto los Salmos de David, como los Proverbios de Salomón me llenaron de sabiduría, tanto leí, que aún hoy, que ya soy un anciano, recuerdo capítulos enteros de ese magnífico y contradictorio texto.

Cuando triunfa la Revolución yo había terminado el preuniversitario, y luego de participar en la Campaña de Alfabetización, ingresé en la Universidad Central de Las Villas y empecé a estudiar Ingeniería Eléctrica. Aprobé el primer año, pero me di cuenta que esa no era mi vocación, entonces abandoné la Universidad a pesar del disgusto de mi familia, (yo era el primero de los Comas y Paret que iba a la Universidad). Mientras estaba en casa esperando el nuevo curso a ver que carrera solicitaba, me viene a buscar un oficial del MININT para invitarme a trabajar con un grupo de ingenieros soviéticos que estaban buscando petróleo en la costa norte de la Isla, y ahí me hice Técnico Medio en la Prospección Petrolífera, cosa que al final tampoco me gustó.

Cuando estaba sin trabajo un fin de año vino la oportunidad de suplantar por unos días a una profesora de física de la secundaria básica donde estudiaba mi hermano, y como tenía conocimientos de física por la ingeniería, entré de profesor, cosa que nunca había imaginado. Parece que lo hice tan bien que me dejaron fijo, y entonces me presenté a una oposición y alcancé una plaza de profesor de historia en la otra secundaria básica del pueblo. Ahí empezó todo.

Todavía no estudiábamos en el Instituto Superior Pedagógico de la Universidad Central y teníamos un curso semanal en el ISE, Instituto de Superación Educacional, donde nos enseñaban técnicas pedagógicas y contenidos de las materias que impartíamos, y en uno de esos encuentros, se me acerca Rogelio Menéndez Gallo, un viejo amigo y medio pariente, (mi mamá y su papá eran primos), y me da a leer unos cuentos que empezaba a escribir. Los leí y me gustaron, Rogelio, ya desaparecido, fue un importante escritor villaclareño, natural de Caibarién aunque vivía en Remedios. A los días comencé a pensar que quizás yo podría escribir cuentos como los de Rogelio. Ya entonces leía buena literatura, me interesaron mucho las rimas de Bécquer, los cuentos de Onelio y Félix Pita, y algunos extranjeros como Hemingway, Dos Passos, Faulkner, Quiroga, Guy de Maupassant, y otros.

Una mañana empecé a escribir una especie de remake de un cuento de un escritor uruguayo "de cuyo nombre no puedo acordarme". (Tengo que organizar un viejo y alocado archivo que guardo en uno de mis libraos a fin de encontrar el dichoso primer cuento). Entonces este 29 de julio de 2019 se acaba de cumplir el cincuentenario del inicio de mi obra.

Ahora mismo tengo diez libros publicados y mi última novela titulada A mi manera debe salir para la feria venidera. Tengo un primer premio en cuento en el Concurso Nacional de Talleres Literario en 1975. Antes, en el 73, obtuve mención en el David de poesía. Tengo una mención en Casa de Teatro de República Dominicana, en el Concurso de Relatos Breves de Sevilla, España. Mención en el Concurso de Cuentos de la Gaceta de Cuba, y Premio Nacional de Testimonio en el Concurso UNEAC 2011.

Mi novela La agonía del pez volador tiene una edición mexicana, una colombiana, una cubana y ahora debe tener una canadiense. El dulce amargo de la desesperación tiene una edición mexicana y se presentó en la Feria de Guadalajara, y también una edición cubana. Tengo un texto titulado Da vendimia a zafra: crónica dun emigrante gellego en Cuba  traducida al gallego y publicada en Vigo. Galicia, España.

Ahora mismo está en proceso de edición mi novela Desconfiemos de los amaneceres apacibles en Alemania, traducida al alemán para presentarla en diciembre en Leipzig. Tengo  dos libros tratando de publicarlos en Eslovaquia, un libro evaluándose para su publicación en Ediciones Cubanas, y La agonía del pez volador que debe publicarse en Canadá.

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