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Cosme de la Torriente, actor político de primer orden en las alternativas al régimen de Gerardo Machado (II)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 22 de junio de 2018

A principios de 1930 Cosme de la Torriente sostuvo una polémica muy interesante con José Ignacio Rivero, Director del Diario de La Marina, a quien dirigiera una misiva precisándole que los periodistas no necesitaban una ley de imprenta que regulara sus derechos y deberes, sobre todo por las circunstancias que atravesaba el país en esos momentos. Señalaba que el artículo 25 de la Constitución de la República establecía la libertad de pensamiento, limitada solo cuando se atentare “contra la honra de las personas, el orden social o la tranquilidad pública”. Insistía que las leyes estaban para: ¨(…) concluir con el atropello  (….) y cuando todo resulte imposible porque la fuerza prime sobre el derecho y la justicia, por los otros recursos que los pueblos de todas las épocas y de todos los continentes usaron para libertarse de sus opresores, según la historia nos enseña¨.1

José I. Rivero, alarmado por la vehemencia con que le respondiera Torriente, le contestó con una pregunta: “¿Será posible que los cubanos más representativos e ilustres no puedan ponerse de acuerdo en lo accesorio si lo están en lo fundamental?”, y agregaba que la coincidencia entre la oposición y el gobierno podría estar en que “los problemas de Cuba han de resolverse en Cuba”. Sus reflexiones concluían incitando al exCoronel a que aplicará toda su experiencia política en la búsqueda de una salida negociada a la crisis nacional: “Yo tengo la seguridad de que la actitud del Gobierno y la de la oposición dejan un amplio margen para encajar en ellas soluciones íntegramente cubanas”.2

Entonces Torriente, en un arranque de pasión y razón al mismo tiempo, respondió con una misiva que Rivero siquiera se atrevió a publicar “por el tono patrióticamente pesimista en que viene concebida y por los conceptos extremadamente acedos que contiene”.  En la carta censurada reconocía Cosme el derecho de los cubanos a que “cuando la fuerza prima sobre el derecho y la justicia” era necesario ejercer la “legítima defensa, o caer en la afrenta de la esclavitud”. Se lamentaba que la experiencia de la Liga de las Naciones no la pudiera aplicar para el caso cubano ya que “nadie es profeta en su tierra” y agregaba que, dado los poderes de que se había apropiado Machado, solo él podía enmendar sus entuertos:

No hay hoy en la República, después de Dios,  más que un poder capaz de conciliar a los demás cubanos, ya porque se lo ha arrogado, ya por acción u omisión de muchos de él que se lo ha investido; y ese poder no es otro que el que ostenta el propio general Machado. Si el general Machado quisiera (…) la cordialidad existiría entre los cubanos algún día. Si se limita, como con frecuencia hace, a predicarla para olvidarla en la práctica diaria de los asuntos públicos, sólo veremos en el porvenir muchas lágrimas, muchos sufrimientos, y quizás (…) sangre de cubanos vertida por otros cubanos.3

La polémica había sido un punto de partida para la acción de los que luego serían ideólogos de la mediación: Torriente y Rivero. En ese momento habían confrontado por cuestiones de forma y no de fondo, aunque ciertamente el primero había adoptado una postura más combativa, mientras que el segundo se había insinuado más conciliador, e incluso, proclive a dejarse manipular por el régimen machadista al censurar la última carta que el exCoronel le enviara.

No obstante, Rivero intuyó el porvenir e imaginó a su demandante ejerciendo de mediador: ¨ De todas maneras, si no hoy, mañana, en un mañana que no debe tardar en advenir, don Cosme asumirá el papel que mejor se complace con su temperamento: puente seguro de la concordia entre cubanos que no piensan lo mismo, pero que sienten de igual modo¨.4

Otra personalidad que también atisbó las condiciones que tenía Torriente como intermediario en la búsqueda de soluciones políticas fue Emeterio Santovenia, quien lo llamó “el patriota de los procedimientos conciliadores”.5 El propio Santovenia también ofreció una relación de las reglas a que debió acogerse el exCoronel en su condición de mediador.6 Hacia 1951 fue Enrique Loynaz del Castillo quien conceptuó a Torriente como el “orientador en las crisis de la República”7; este calificativo lo tuvo el excoronel incluso antes de su actuación durante la última dictadura de Fulgencio Batista. José María Chacón y Calvo, respecto a Torriente y sus cualidades de mediador,  indicaba que había sido: “Aún en los momentos de mayor controversia en la vida nacional, un símbolo de tolerancia y de las corrientes conciliadoras”.8

Por esos años había madurado su criterio de que debía abolirse la enmienda Platt y afirmaba que la misma contradecía la propia Resolución Conjunta y podía serle de beneficio a regímenes totalitarios como el del propio Gerardo Machado. Por esa razón, entendía que el apéndice constitucional favorecía la consolidación de “gobiernos arbitrarios, dictatoriales o despóticos”. Para ser todavía más enfático concluía lo siguiente:

No creo que a la sombra de la enmienda Platt pueda nunca erguirse en Cuba un régimen de gobierno estable. (….) No hay tampoco que olvidar que la necesidad de la aplicación de la enmienda Platt la establece y fija el gobierno de la Casa Blanca, sin que a ningún cubano se le reconozca el derecho de pedir tal aplicación. A nadie que para eso ha acudido a Washington se le ha atendido jamás. Nuestra historia comprueba esta afirmación.9

En ese propio orden de cosas, criticó duramente la gestión de los embajadores estadounidenses ante el régimen machadista. Refiriéndose a Noble Brandon, presente durante el periodo en que se aprobó la prórroga de poderes, anotó: “nunca se enteró de que todo lo hecho era contrario al artículo tercero del Tratado Permanente entre Cuba y los Estados Unidos, que no es otra cosa que la llamada enmienda Platt; y como nada debió informar a su gobierno, este continuó teniendo al General Machado por presidente constitucional de Cuba después del 29 de mayo de 1929”. Agregaba que Brandon apenas se había percibido de que las prórrogas a los mandatos y la ley de emergencia electoral aprobadas por Machado eran contrarias a lo dispuesto por la constitución de 1901 y el Código electoral de 1919.10

Acerca de su sucesor, el embajador Harry F. Guggenheim, señaló que poco conocía de nuestros asuntos por lo cual le había referido a sus superiores en Washington que las materias públicas habían mejorado en medio de la restricciones crecientes a las libertades individuales. Estaba consciente de que en el escenario cubano convergía la crisis económica con la política y para superar la primera con la ayuda estadounidense era preciso “curarse urgentemente” de la segunda. Aunque partía de la propia enmienda Platt, al mismo tiempo alertaba a los Estados Unidos para que en caso de desórdenes no produjera una ocupación militar que pudiera beneficiar al gobierno de Machado: ¨ (…) cuando lo único que procede es que el tuyo declare, si fuera necesario, que son los cubanos los llamados a resolver sobre sus propios asuntos y sobre la legitimidad o ilegitimidad de su propio gobierno¨.11

 

Notas

1 “Por la libertad del pensamiento y de la palabra”, en Diario de La Marina, 14 de enero de 1930. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno., Brasil, 153 al 157, 1939, pp.169-171.
2 Ibídem, pp. 171-173.
3  “Sin arreglo posible”. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno, Brasil, 153 al 157, 1939, pp. 174-177.
4 Ibídem,  p. 177.
5  Emeterio S. Santovenia: Cosme de la Torriente, estadista, Colección ensayos, La Habana, 1944, p. 25.
6 Santovenia mencionaba tres de ellas: “a) saber ceder en tiempo en algo no tan esencial para no transigir en extremos fundamentales; b) saber pedir todo lo que es necesario para obtener al fin lo que es absolutamente indispensable; c) saber ganar simpatizantes y defensores entre los hijos de la nación con la cual se negocia.” En: Emeterio S. Santovenia: ¡Dios bendiga a Cosme de la Torriente!, La Habana, Imprenta El Siglo XX, MCMLI.
7 Carta de Enrique Loynaz del Castillo a Gustavo Cuervo Rubio. 3 de febrero de 1951. En: Libro homenaje al coronel Cosme de la Torriente en reconocimiento a sus grandes servicios a Cuba, La Habana, 1951, p.46.
8 José María Chacón y Calvo: “Don Cosme de la Torriente, un maestro de patriotas, de estadistas y de ciudadanos”. En: Libro homenaje al coronel Cosme de la Torriente en reconocimiento a sus grandes servicios a Cuba, La Habana, 1951, pp. 17-18.
9 “La enmienda Platt y las dictaduras”, publicado originalmente con el nombre “La enmienda Platt y el Tratado Permanente” en los periódicos El País-El Sol y El País-Excelsior, 31 de julio de 1930. En: Ibídem, p.385.
10   “Mensaje al pueblo del ‘Mensaje a García’”, artículo publicado en el periódico El País- El Sol y El País- Excelsior, 17 de septiembre de 1930. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno., Brasil, 153 al 157, 1939, pp. 192-193.
11 Ibídem, pp.194-195.