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Cosme de la Torriente, actor político de primer orden en las alternativas al régimen de Gerardo Machado (I)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 11 de junio de 2018

Gerardo Machado accedió al poder en 1925 tras vencer en la contienda electoral contra Mario García Menocal. En los primeros años de su mandato aprobó algunas medidas para reforzar la economía: negoció un convenio internacional azucarero, favoreció la concesión de préstamos por la banca estadounidense con los cuales impulsó un vasto plan de obras públicas y aprobó una reforma arancelaria para poder negociar rebajas a las tarifas de productos cubanos en los Estados Unidos. No obstante, su gobierno asumió características totalitarias cuando reprimió con fuerza a los trabajadores que luchaban por mejoras laborales. Cercano el término de su mandato constitucional, decidió apoyar un movimiento de alianzas entre los partidos políticos conocido como “cooperativismo” de manera que se pudiera reformar la constitución para poder reelegirse. Fue así que Machado logró extender su mandato y el de sus seguidores.

Cosme de la Torriente y Peraza, veterano mambí y al propio tiempo vasto conocedor de la historia republicana, alertó en 1927 acerca del daño que las reelecciones podían ocasionarle al país. Teniendo en cuenta que aquellas, convocadas en 1906 y 1917, habían sido objeto de fraudes y al propio tiempo, propiciado la intervención norteamericana, se refirió a una posible ratificación en el poder de Gerardo Machado:

El General Machado, que gobierna desde hace casi dos años a Cuba, como presidente ha tenido aciertos y ha cometido errores (…) Si va a la reelección, como pretenden desde el comienzo de su gobierno muchos de sus amigos, no errará el que vaticine muy grandes perturbaciones de nuevo en el futuro de Cuba. Dos revoluciones ha llevado a cabo su partido tras dos reelecciones presidenciales (…) ¿Quién puede asegurar que tras la reelección no vendrá otra revolución, por mucho que prediquemos contra ella los que prevemos, por múltiples razones, un desastre terrible para la República?1

Torriente se sentía preocupado no tanto por la práctica desleal que representaban las reelecciones sino por el peligro de que se desatase una revolución social que podía servir de pretexto a la intervención militar norteamericana. En este posible escenario histórico, temía que la resistencia popular a la presencia extranjera podía echar por tierra los cimientos de la República.

Al propio tiempo, se opuso al movimiento cooperativista dirigido a procurar un pacto entre los partidos Liberal y Conservador como parte de la prórroga de poderes; de esta postura asumida habían amplios antecedentes en su vida política anterior.2 En declaraciones de 1927 ante El curioso parlanchín (seudónimo de Emilio Roig) sentenció: “Soy un contrario convencido de ese plan”. Bajo el régimen machadista Torriente se había distanciado del Partido Conservador y entendía era necesario que surgieran nuevas fuerzas políticas en el proceso de reorganización de los partidos.3

Su anhelo no se hizo realidad, se había entronizado una dictadura; en un discurso ante la Sociedad Cubana de Derecho Internacional, puso de manifiesto que la salida a la crisis política creada debía evitar “dos grandes escollos (…) ¡La dictadura y la Revolución! ¡Que los cubanos de la hora presente y los del mañana sepan arrancarlos de los mares en que la providencia situó a Cuba!”.4

El 24 de febrero de ese mismo año hizo un llamado a la República, conducida en esos momentos por la administración de Gerardo Machado, a superar una serie de problemas políticos y sociales latentes que lastraban el desarrollo del país. Estos problemas iban desde los que derivaban de la enmienda Platt hasta una mejor distribución de los presupuestos del Estado en función de optimizar la educación y la sanidad pública, pasando por el respeto a los derechos individuales de los ciudadanos.5

Según palabras de Torriente, en el momento en que escribió estos artículos, “fundábamos y organizábamos la Asociación Unión Nacionalista”6, que encabezaba Carlos Mendieta y de la cual integró su Directorio. Precisamente en marzo de 1927 esta agrupación emitió un manifiesto revelando una serie de dificultades que lastraban la ejecutoria de la administración machadista: la persecución a los obreros, el aumento de las cargas tributarias, la negativa a legalizar nuevos partidos políticos, así como la prórroga de poderes como procedimiento dirigido a facilitar la reelección de Machado. Entre los miembros más destacados de este nuevo movimiento opositor destacaban Enrique José Varona, Juan Gualberto Gómez y Cosme de la Torriente.

A su vez, los estudiantes universitarios se manifestaron contra las maniobras políticas del gobierno y decidieron constituir el “Directorio Estudiantil Universitario contra la prórroga de poderes”, que tuvo como preceptor a Enrique José Varona y quien encabezó el listado de personalidades que firmaron un documento público dirigido al senado de la República para solicitar se impugnase el proyecto de prórroga de poderes aprobado por la Cámara de Representantes. Firmaban también el documento Carlos Mendieta, Cosme de la Torriente, José Martí Zayas Bazán, Manuel Piedra, Pedro Betancourt y Domingo Méndez Capote. En definitiva la prórroga se impuso y la Junta Central Electoral se resistió a que la Unión Nacionalista se legalizara como partido político.7

Asimismo, resultó importante el recurso de inconstitucionalidad que Cosme de la Torriente le dirigió al Tribunal Supremo el 8 de marzo de 1930 con motivo de que el régimen machadista le negara, a la Unión Nacionalista, el derecho a efectuar un acto público en el Parque Central de La Habana. En el folleto En defensa de los derechos del hombre y del ciudadano esbozó las razones de su postura y al propio tiempo cuestionó en profundidad los fundamentos jurídicos de la reforma constitucional de 1928. La demanda legal tuvo éxito lo que le hizo pensar a los seguidores de esa agrupación que el poder judicial iba a ser la barrera política para impugnar a la dictadura. Cosme, incluso, llegó a proponer se creara una Liga de los derechos del hombre y el ciudadano que integrara a abogados y personalidades de diversas tendencias y que pudiera solidarizarse con quienes fueran víctimas de las arbitrariedades del gobierno.8

Sin embargo, el 18 de mayo tuvo lugar otro mítin oposicionista en Artemisa que fue reprimido cruentamente por el ejército dejando un saldo de seis muertos y más de cien heridos. En esas circunstancias los “nacionalistas”, siguiendo la práctica de utilizar los recursos legales vigentes, dirigieron una querella legal contra el presidente Machado ante el Tribunal Supremo, en la que lo acusaban “de haber violado la Constitución y de asesinato”.9 Esta vez la alta magistratura jurídica le dio la espalda a los querellantes y dejó sin lugar la reclamación, las vías constitucionales se habían bloqueado por completo. Cosme se había equivocado al pretender que las entidades jurídicas podían conservar el estado de derecho.10

En el momento en que Machado impuso su régimen de fuerza y violó las normas democráticas, Torriente desplegó una intensa campaña como miembro del Directorio de la Asociación Unión Nacionalista para lograr su inscripción como partido político. En un folleto que circuló en la época expuso los obstáculos que hubo de enfrentar su agrupación política:

A la Unión Nacionalista desde que comenzó la discusión de la Reforma Constitucional en el Congreso (…) se le impidió en toda forma el ejercicio de sus derechos ciudadanos, cuando lo que pretendía era organizarse como Partido Político para poder de modo efectivo pedir que el pueblo cubano se pronunciara contra la reforma que se intentaba, presentando para ello sus candidatos a las elecciones para Delegados a la Convención Constituyente (…)

A la Agrupación Unión Nacionalista no se le permitió su libre funcionamiento y, desde luego, se le impedió en toda forma que pudiera recoger las firmas necesarias para formar un nuevo Partido, y menos aún extender su organización por todo el territorio de la República, persiguiéndola y hasta obligándola a suspender la publicación de su periódico, impidiendo a las imprentas que publicaran sus manifiestos, mientras en estos tres años últimos a muchos de sus miembros se les ha acusado, procesado y encarcelado.11

 

Notas

1 “A principios de 1927”, en revista Carteles, 27 de marzo de 1927. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157, 1939, pp.161-162.
2 Debemos recordar que en el gobierno de Zayas, durante la discusión de la reforma constitucional, Torriente se había opuesto a la prórroga de poderes. También fue un crítico acérrimo de los intentos de algunos políticos dirigidos a prolongar mandatos mediante elecciones fraudulentas que condujeron a una intervención extranjera. Al respecto, siempre se lamentó de las actuaciones de Tomás Estrada Palma y Mario García Menocal.
3 Revista Carteles, 27 de marzo de 1927, p. 24.
4 ¡Dios nos hizo vecinos, que la justicia nos conserve amigos!. Relaciones de Cuba y los Estados Unidos. (folleto), Imprenta Rambla y Bouza, La Habana, 1928, pp. 46-47.
5 “24 de febrero de 1895, 24 de febrero de 1927”, artículo publicado en La Tribuna de Manzanillo, 24 de febrero de 1927. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157, 1939, pp. 153-158.
6 Ibídem, p. 153.
7 Lionel Soto: La revolución del 33, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1977, tomo II, pp. 394-407.
8 “Mi actual ideario cubano”, artículo publicado en el semanario Karikato, 28 de enero de 1930. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157, 1939, pp. 180.
9 Lionel Soto: La revolución del 33, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1977, tomo III, pp.16-23. Ver también: “¿Por qué los cubanos están en Revolución?”, artículo publicado originalmente en inglés en The Sunday Star de Washington, 16 de agosto de 1931. En: Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938, Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157, 1939, pp. 209.
10 En la primera oportunidad, cuando su demanda del 8 de marzo fue declarada con lugar, había afirmado: “¡Que el Tribunal Supremo continúe haciendo justicia y el pueblo cubano cada vez más tendrá más fe en su poder judicial!”. Ver: Cosme de la Torriente: En defensa de los derechos del hombre y del ciudadano, La Habana, Imprenta y Papelería de Rambla y Bouzá, 1930, p.6.
11 Ibídem, pp. 32-33.