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Maceo en el tiempo. Acción, pensamiento y entorno histórico

Jorge Renato Ibarra Guitart, 17 de septiembre de 2018

Esta antología de ensayos sobre Antonio Maceo, su pensamiento, acción y entorno histórico surgió del intercambio académico entre un grupo de historiadores que desde 2010, en ocasión de conmemorarse el 165 aniversario del natalicio de Antonio Maceo, se dio a la tarea de conformar un texto que aportase una nueva aproximación histórica al “Titán de Bronce”. Desde perspectivas diferentes pretendíamos ofrecer una imagen más actualizada del insigne patriota cubano y dar continuidad al empeño historiográfico de no dejar en el olvido su acrisolada trayectoria histórica.

Antonio Maceo había sido de los primeros en alzarse en 1868. Los miembros de su familia, que tenían la condición social de campesinos negros libertos, lo acompañaron en esta decisión revolucionaria. Según relato de su esposa María Cabrales fue su madre, Mariana Grajales, la que en ese crucial momento lo hizo jurar ante Jesuscristo, que daría todo de sí por la causa de la independencia de Cuba. Su valor, entereza y sacrificio en la contienda hizo que ascendiera en la escala militar, apoyado por el reconocimiento que ofreció Carlos Manuel de Céspedes a los combatientes de origen popular por los méritos alcanzados.

Maceo había marcado un hito en la intransigencia revolucionaria cuando en 1878 protagonizó la Protesta de Baraguá, episodio que demostró la voluntad de los cubanos de no cejar en el propósito de conquistar la independencia y libertad de los esclavos. En Baraguá se dio la respuesta digna a los arreglos y componendas de la Cámara de Representantes que mediante el Comité del Centro, había firmado con España el pacto del Zanjón. La tesis histórica de que el alto mando español conducido por el general Arsenio Martínez Campos había tenido éxito en sus campañas de desgaste militar y moral contra los insurrectos cubanos se resiente por los exitos combativos que, en esos momentos, conquistaban las fuerzas mambisas en diversos campos de batalla, en particular las de Antonio Maceo en la provincia de Oriente. Aquello fue el motivo de la Protesta de Baraguá, los principales jefes militares del ejército mambí no fueron advertidos por el Comité del Centro sobre sus gestiones para acordar la paz del Zanjón; Maceo salvó la dignidad de los cubanos que se sintieron ignorados por esa rendición inconsulta.

El propio José Martí, cuando hiciera una valoración de esos hechos, sentenciaba que en el Zanjón “habíamos dejado caer la espada” y luego, al redactar uno de sus escritos donde reflexionaba sobre el final de la guerra del 68, manifestó que tenía ante sus ojos el documento más hermoso de la historia de Cuba: la protesta de Baraguá. Luego Antonio Maceo debió partir al exilio con la misión de levantar recursos que permitieran la continuación de las operaciones que, finalmente, concluyeron por razones objetivas pero no por claudicación. El proyecto independentista se pospuso, una nueva contienda de liberación se organizó de inmediato con la Guerra Chiquita la que no pudo prosperar pero lo revolucionarios cubanos no se dieron por vencidos y continuaron en su brega por la independencia.

Durante el periodo de la tregua fecunda y la nueva  gesta redentora de 1895  Antonio Maceo volvió a movilizar sus energías para acompañar las ansias redentoras de su pueblo. Este conjunto de ensayos históricos centra su análisis en este periodo histórico en el que Maceo, con el acompañamiento de José Martí y Máximo Gómez, se hizo presente en la conducción de la nueva guerra. En ese sentido los autores coincidimos en revelar las contradicciones, dilemas y emergencias en que Maceo y su familia concurrieron. En nuestras reflexiones también está presente la dimensión universal, latinoamericana y caribeña de la que es acreedor el  “Titán de Bronce” demostrada tanto en su acción como en su pensamiento. Tampoco escapó de nuestro análisis el estado de la producción historiográfica general y la más reciente en relación a Maceo, su familia y entorno histórico.