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Una isla a todo color
 

Marilyn Bobes, 11 de mayo de 2017

Hay que agradecer al periodista y narrador Rafael Grillo esa visión de la literatura cubana contemporánea que él ha reunido en tres excelentes antologías: Isla en negro, Isla en rojo e Isla en rosa. Esta trilogía está dedicada a lo policial, lo fantástico y lo amoroso en la prosa de ficción de autores de diversas generaciones.   

Pero es a La isla en rosa a quien deseo dedicar este comentario porque ella nos revela cómo en un tema tan delicado como el amor, los cuentistas cubanos se encuentran muy lejos de esas historias melifluas, al estilo de Corín Tellado que con tanta frecuencia aparecen en los relatos de autores internacionales.   

Con un original y bien documentado prólogo, Grillo informa a los lectores del desarrollo de este género en la época contemporánea a la vez que traza un paralelo de lo que al mismo tiempo estaba ocurriendo en términos de escritura en Cuba.     

Sesenta y cinco cuentos de 53 narradores, de los cuales 38 son hombres y 15 mujeres nos conducen por diferentes formas “del amor y sus desdichas” dando cabida a una diversidad que se expresa en tramas homoeróticas, heterosexuales, entre ellas algunas que desechan el contenido romántico del sentimiento referido para convertirlo en inexistente como es el caso de Raúl Flores Iriarte con su extraordinario “Pintura negra” que abre la selección.    

La cantidad de autores del sexo masculino, superior al de las mujeres, indica que es falso el tópico de que esta temática (la amorosa) sea un asunto del sexo femenino. Y aunque en otros contextos así sucede, en Cuba el tratamiento dado a estos argumentos indica que no importa el sexo del escritor para crear un texto fuerte, provocador donde no abundan happy end al estilo de Hollywood.      

Como bien advierte el prologuista y antologador “la literatura cubana actual no es pródiga en lo sonrosado y sí privilegia tonos sombríos. Cincuenta años después de la profía Beatles-Rolling Stones triunfa la versión nihilista de los segundos en el corazón juvenil de la generación Millenial”     

Y, en efecto son los hijos del tercer milenio los que llevan la voz cantante en una compilación que incluye algún que otro autor o autora nacidos en los cincuenta o los sesenta pero que abre espacio, sobre todo, a los más reciente tal vez porque en ellos es más evidente la marca negadora que sustenta la tesis del antologador.       

Sorprenden por su atrevimiento o por su buena factura los relatos del ya mencionado Flores Iriarte pero también los de Ahmel Echevarría, Rafael de Águila, Legna Iglesias y Dazra Novak, todos ilustrativos de una mirada desinhibida e instrumentalizada de lo que significa la palabra amor.   

De todas maneras como dice Grillo en su prólogo: “Ahora que se abraza la causa de la diversidad y se multiplican las identidades sexuales en contienda, tal vez quepa apreciar si un relato es heteronormativo y el otro de índole homoerótica. Pero estas diferencias no alteran el sustrato común a toda ficción de temática amorosa”.    

Cabe resaltar también la calidad de los cuentos recogidos en Isla en Rosa. No siempre las antologías exhiben ese nivel homogéneo que hace pensar en un rigor y una intencionalidad para defender una tesis.    

En este caso Rafael Grillo es consecuente con su posición de investigador y ensayista que busca mucho más allá de la simple muestra de relatos solicitados para la ocasión.       

La editorial Abril tiene el mérito de haber publicado estos tres tomos que debieron causar no pocos dolores de cabeza a Rafael Grillo pero que constituyen, como él pretendía, una muestra bastante completa de los rumbos de la narrativa cubana en los dos mil.      

La antología Isla en Rosa, como las otras, serán bien recibidas por todos los lectores pero pienso que, en especial, los jóvenes son sus primeros destinatarios ya que las temáticas escogidas gozan de la preferencia de ese grupo etáreo.     

Agradezcamos pues a Grillo y a la Editorial Abril estos valiosos volúmenes que, sin duda, trascederán al tiempo en el que fueron recopilados.

 

Editado por Heidy Bolaños