Apariencias |
  en  
Hoy es martes, 21 de mayo de 2019; 2:27 AM | Actualizado: 17 de mayo de 2019
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 178 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Miguel Barnet fuera de su zona de confort

Marilyn Bobes, 23 de abril de 2019

Como un libro de juventud, de principio a fin, ha definido Sigfredo Ariel a En el humo inasible de los idos, la más reciente entrega poética de Miguel Barnet que publica Ediciones Matanzas con la cuidadosa edición de Alfredo Zaldívar.

Estoy de acuerdo con Ariel si asumimos este poemario como una nueva etapa en la obra del autor quien, concentrado y monologante, se comporta como un pintor que pasara de lo figurativo a lo abstracto, con la desprejuiciada osadía de quien no teme abandonar su zona de confort.

Sin embargo hay mucha experiencia vital y muchas bien asimiladas lecturas en un cuaderno que se caracteriza por su recurrente apelación a un pasado que desencadena un aluvión de versos deslumbrantes, que conducen más a la reflexión que a la emoción.

En este sentido En el humo inasible de los idos es una lección de cómo las palabras pueden significar el sentido de la vida, un antídoto contra la soledad y una huella sobre el papel que nos lleva directamente a la certidumbre. La presencia de la muerte es rechazada por esos símbolos dispuestos a no dejarse vencer en un “fue” que se transforma en “es” gracias a la perfecta composición de estos textos escritos con la lucidez de quien conoce su mundo interior y lo traduce en una catártica cosmovisión verbal.

Dividido en cuatro secciones; "De todos los días", "A mitad del camino", "Fue" y "Epigramas", el libro es una bitácora personal en el que los grandes acontecimientos son sustituidos por una mirada íntima hacia el sujeto lírico cuyo doble (quizás el ente social) lo observa a través de unos espejos borgianos que reflejan los pensamientos más que las emociones en un dialogante monólogo con la vigilia que es un sueño, como la vida de Caderón de la Barca.

Lo cierto es que Miguel Barnet ha conseguido renacer como poeta para ofrecernos un libro diferente, abandonando sus recursos anteriores sin traicionarse pero dispuesto a debatir esos asuntos que fluctúan entre lo personal y lo metafísico, despertando sensaciones inéditas sin necesidad de recurrir a la experimentación vana.

En estos textos está su marca de identidad solo que ahora el poeta se ha mirado desde otros ángulos y ha querido descifrar el sentido de su vida que no es otra cosa que el poema, fin último de toda su existencia, como si hubiese nacido (y creo que así es) para poner en palabras el testimonio de sus éxitos y sus fracasos, de su paso por las tensiones que le permiten mantener ese exquisito equilibrio entre la vitalidad y lo que le dejó como resultado su conversación en la penumbra.

Asistimos a la lectura como una suerte de “voyeurs” que se identifican con el viaje hacia los entresijos de las más personales emociones. Pero este es un libro que apela a la conciencia antes que a los sentimientos y que encuentra en la racionalidad una manera de no perder la brújula ante las desilusiones y las pérdidas.

Economía de medios, limpieza ejemplar, desnudez expresiva confirman el oficio de este joven que en su arduo batallar con la poesía ha llegado a ese punto donde parece inalcanzable y , sin embargo, encuentra la manera de comunicarse con sus semejantes de forma diferente a como lo había hecho hasta ahora.

En efecto, como señala Sigfredo Ariel en su nota de contracubierta este es un libro de “interna enrancia: líneas trazadas rápidas, con sustancia viva”.

Si como también afirma Sigfredo los textos dialogan entre sí lo hacen de una manera que resulta muy atractiva para un lector que participa de ellos a la manera de quien revisa un diario de un ser querido, “escrito muy a mano suelta” pero sin facilismos complacientes ni engañosas metáforas.

Barnet aprovecha aquí los hallazgos del coloquialismo pero resulta sorprendente como lo hace y lleva al sitial de lo abstracto un lenguaje muy suyo, que late en cada poema como una marca personal.

Me atrevería a decir que En el humo inasible de los idos Miguel Barnet se ha superado a sí mismo y nos ha entregado uno de los mejores (si no el mejor) de los poemarios que ha escrito a lo largo de su prolífica carrera de escritor.

Si este fuera un libro de juventud, como sin duda lo es; sería sobre todo por su audacia formal y conceptual, por ese atreverse a renegarse un poco o a aplicar esas recetas de éxito en la que algunos poetas consagrados se acomodan y se repiten. Barnet ha conseguido saltar sus propias vallas sin traicionar su estilo y sin acudir a ningún tipo de especulación formal o conceptual.

Recomiendo pues la lectura atenta de este volumen en que la que late un poeta auténtico, sin miedo a mostrarse tal y como es  en unos textos que no pueden dejar indiferente a ningún tipo de lector.