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Nancy trajo su flauta

Ricardo Riverón Rojas, 15 de agosto de 2019

Que una poetisa cumpla 75 años en plenitud física e intelectual constituye un acontecimiento significativo para la comunidad literaria de un país; más si ostenta el Premio Nacional de Literatura; más aún si su obra ha transitado por las décadas con el donaire de lo trascendente; más todavía si se llama Nancy Morejón y es alguien que ha sabido entregar a la cultura cubana toda la energía desalienante que portan sus textos y su accionar, bien sean poéticos, prácticos o reflexivos.

El pasado 7 de agosto Nancy llegó a esa edad, aunque nunca abandonara todas las precedentes. Uno la mira y sigue viendo a aquella «fina gacela» que en 1966 se graduó de Lengua y Literatura Francesas cuando ya tenía publicados dos poemarios: Mutismos (1962) y Amor, ciudad atribuida (1964). No hay modo de separarla de la preciosa joven negra que, apenas cumplidos los 23, nos deslumbró con Richard trajo su flauta y otros argumentos, libro donde conviven los homenajes y la proclamación de una identidad, racial e histórica, que resalta su temperamento lírico.

Espero que Nancy me disculpe por «revelar», de modo tan denotativo, su edad, pero ella misma, aunque dice agradecer que nunca se la pregunten, siempre ha respondido que su año de nacimiento es 1944. También manifiesta su admiración por esa generación de los años treinta, donde una vez por error la ubicaron, pues en su seno se configuró un canon auténtico y sólido que aún hoy opera con gallardía:

Nosotros tuvimos el privilegio de coexistir con grandes humanistas, quienes a la vez se insertaban por su voluntad y obra en el proceso social implantado por la Revolución; logramos formarnos en medio de una diversidad intelectual muy respetable, (...) como Nicolás Guillén, Pablo Armando Fernández, Lisandro Otero, Félix Pita Rodríguez, Raúl Aparicio, como Retamar, Fayad Jamís, José Rodríguez Feo, César López, Onelio Jorge Cardoso, como Graziella Pogoloti, entre otros. Nos formamos en una gran tradición humanista en donde nos inculcaban no tener prejuicios de ningún tipo, que era en el fondo un gran valor martiano1.

En otra entrevista, de abril de 2008, a la convencional pregunta de si escribía por inspiración o por necesidad respondió, convincentemente, con un pronunciamiento que constituye una lección sobre la entrega al oficio:

Creo en la inspiración, sobre todo para la poesía. Los prosistas, los que cultivan la novela, el relato largo o corto, dicen que ellos necesitan escribir diariamente con disciplina. Eso está demostrado. Pero un poeta sería realmente muy vanidoso, o muy artificial, si escribiera todos los días, como un ejercicio. A diario ves la caída del sol, pero hay un día especial en que esa caída del sol a ti te motiva, y te inspira para hacer un texto. Si escribes un poema todos los días sobre la caída del sol eres un neurótico, un enfermo o un farsante, eso es absolutamente imposible y hay algo en todos esos textos que es falso2.

Lo cierto es que uno de los mayores encantos de la poesía de Nancy Morejón radica en su habilidad para convocar sobriamente a la emoción, tanto en el retrato y la crónica como en la reflexión esencial, donde se mezclan con limpia claridad, lo descriptivo,  la narración y la imaginería visionaria. Hay en su poesía como un color añorado, pero cierto, perseguido con palabras; también se advierte una certeza de la excepcionalidad contenida en esa sucesión de momentos que son la vida. En «Día del murex» podemos apreciarlo claramente:

Bajamos a la playa a mediodía.
La transparencia del agua
era un espejo
alcanzado por las líneas infinitas
de la ansiedad.
¿Cómo navegar en aquella fragancia?
Nuestras piernas resecas de esperar,
nuestras raíces
echadas a correr sin rumbo apenas.
Necesitábamos un barco
para entrar en las aguas
del universo más hermoso3.

La poesía de Nancy también se caracteriza por acogerse a un patrón enunciativo que persigue la naturalidad, no el enrarecimiento retórico. Tal valor, a mi modo de ver, constituye una marca generacional, aunque nunca se dejara llevar por la fórmula coloquial reduccionista que imperó durante un período, no tan largo, pero sí excluyente.

Sabido es que las dinámicas literarias de la época en que esta poetisa concretó sus primeras realizaciones se hallan marcadas por signos de conflictividad donde, sin merecerlo, fue afectada. El caso Padilla, los recelos contra los origenistas, contra Ballagas, Florit, Gaztelu y otros, así como la ponderación desmesurada del coloquialismo configuran un panorama temporal donde esta poetisa, siempre fiel a sus preceptos, reafirmó su personalidad lírica a nadie parecida, concentró calidades y comulgó con cierto período de silencio para, en su día, entregarnos sus creaciones de madurez plena. Específicamente el repudio que recibió la experiencia del grupo El Puente, donde debutó, hizo que, sin que ella misma lo haya entendido a la larga, no publicara durante doce años.

Pero lo arriba narrado no fue óbice para que, una vez recuperada la presencia pública, los libros se sucedieran: Parajes de una época, Octubre imprescindible, Elogio de la danza, Lengua de pájaro, La Quinta de los Molinos y Piedra pulida, entre otros, dan testimonio de una voz que, no por azar recibió el Premio Nacional de Literatura en 2001 y es hoy reconocida como ejemplo de talento, coherencia y consagración.

Sabemos que los acontecimientos que rodean a la actividad creativa configuran esa escenografía que llamamos vida literaria. Salvando el insoslayable y descomunal impacto de la existencia de un proceso revolucionario que involucró a todas las esferas de la sociedad cubana, la poesía de Nancy Morejón cumple a cabalidad esa trayectoria, paralela a todo, que le corresponde a la literatura, de manera muy especial al verso.

Atendiendo, tanto a sus calidades como a su utilidad para la vida nacional, no resultan pronunciamiento vano sus palabras: «Yo escribo porque necesito hacerlo, el impulso de escribir es irracional. A mí me gustaría mucho que mi escritura sirviera para despejar incógnitas, para mejorar cosas de la identidad nacional, de las relaciones entre las culturas, de las relaciones de carácter familiar4».

Su devoción por las esencias contenidas en la poesía de Nicolás Guillén le permiten amplificar, con diferentes matices, ese grito profundo contra los desmanes y las marcas que la esclavitud dejó en las almas de tantas personas, especialmente aquellos que, secuestrados desde África, llegaron a nuestras tierras para abonarlas con su simiente y sus imaginarios.

En la comunión con el paisaje se cocinan algunas de las mejores sentencias de esta mujer de su tiempo que, no obstante, en pos de convocar al futuro, parte del ayer:

COMO ANTAÑO
Podríamos sentarnos, como antaño,
a leer el último libro del escritor famoso.
Preferimos el río, la presa, el pájaro,
la cuenca del corazón abierta
para la segadora.
Oh qué humo bendito del futuro
se esfuma entre las manos de los dos5.

Sin estridencias, sin pirotecnia verbal, moderada e intensa, la poesía de Nancy Morejón nos viene acompañando, iluminando esos aires encantados de un país donde seguramente podremos, de su mano, amar la espada y el clavel, las utopías, el arco iris y el papalote, el romance entre el oso y la iguana, la libertad que es una siempreviva6 .

Santa Clara, 12 de agosto de 2019

 

Notas:

1- Yinet Polanco: «Una mujer de letras», en La Jiribilla 372, Año VI, 21 al 27 de junio de 2008, La Habana, disponible en http://www.lajiribilla.co.cu/2008/n372_06/372_05.html, fecha de consulta, 11 de agosto de 2019.

2- Dainerys Machado Vento: «Nancy morejón: una mujer que cree en la inspiración», en blog Isla al sur, abril de 2008, disponible en http://islalsur.blogia.com/2008/043002-nancy-morejon-una-mujer-que-cree-en-la-inspiracion.php, fecha de consulta, 11 de agosto de 2019.

3- Nancy Morejón: «Día del murex», en Cuerda veloz, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2002, ISBN 959-10-0749-3, p. 86.
Disponible en Cubaliteraria: http://www.cubaliteraria.com/autor/nancy_morejon/index.htm, fecha de consulta, 12 de agosto de 2019.

4- Nancy Morejón: «Como antaño» en Ob. Cit., p. 71.

5- Nancy Morejón: fragmento de «Divertimento», en Ob. Cit. p. 36.
 

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