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Ya no basta la vieja biblioteca

Ricardo Riverón Rojas, 25 de enero de 2018

Ya no basta la vieja biblioteca
visitada por los encantadores.
Un noviembre se filtra adonde mueven
hoscos duendes extraños torbellinos.

Raul Hernández Novás

Quienes seguimos atentos el devenir literario en nuestro país, asistimos hace nueve años a una amarga polémica entre el escritor cubano residente en Ciego de Ávila, Félix Sánchez, y algunos intelectuales y ejecutivos de la cultura, entre ellos el Dr. Eduardo Torres Cuevas, director de la Biblioteca Nacional José Martí, y Rafael de la Osa, entonces director del sitio Cubarte.

Se quejaba el escritor de los cruentos descartes que había podido apreciar en la biblioteca de su ciudad, donde un buen lote de las revistas de los países que antes fueran socialistas se fueron a pique, como también se fueron, entre otros materiales, libros en inglés e infinidad de periódicos nacionales, estos últimos a expensas de una directiva que indicaba solo conservarlos por cinco años en las bibliotecas provinciales y tres en las municipales.

No es mi intención revivir los ardores de aquellos intercambios, pues rebasó ampliamente el tema de los descartes y en su momento fijé mi posición a favor de los argumentos expuestos por Félix en su artículo "S.O.S. Alejandría. ¿Biblioteca versus Universidad?". Más que una queja, su aguda exposición era un alerta. Ante la réplica del Dr. Torres Cuevas con el artículo: "Atila pide ayuda: la biblioteca equivocada",1 se soltaron los demonios. Se instaló un copioso foro de discusión que, a mi entender, no dejó un saldo muy positivo si atendemos a lo airado de la respuesta y a la actitud burocráticamente defensiva, y sobre todo, a que no se atendió al llamado de atención sobre los riesgos de los descartes que Félix trató de atajar.

La eficaz y al parecer cercana digitalización de esos periódicos nacionales descartados en provincia, que según el Dr. Torres Cuevas, les evitaría a los investigadores residentes en territorios del interior la molestia de viajar a La Habana para consultarlos; aun hoy, nueve años después, no se ha concretado. De ello se desprende que en provincia ya no podemos consultar esos periódicos si son de antes de 2013. En los municipios ocurre otro tanto, solo que el rango se restringe a lo previo a 2015. Así me lo confirmó, en el día de ayer, el actual director de la biblioteca villaclareña.

Lo que en realidad me motiva hoy a llover sobre aquellas antiguas tempestades es un nuevo suceso, acerca del cual solo tengo información parcial, mas no por ello menos preocupante ni paralizante de mi oficio crítico. Noticias recientes me avisan que en nuestra biblioteca provincial Martí se han descartado numerosos libros, sobre todo de poesía, en buena medida de autores villaclareños, muchos de ellos publicados por la editorial Capiro.

Aunque uno de mis libros (titulado La próxima persona, de 1993) fue de los descartados, su destino me preocupa menos, porque una mano amiga lo rescató y me hizo llegar los dos ejemplares. En mi poder están (uno que tuvo dos préstamos y el otro virgen aún) y ya veré qué utilidad les doy que no sea la conversión en pulpa o el estante de un vendedor de libros viejos. Pero también se descartaban, entre otros: Las islas del aire, de Frank Abel Dopico (Ediciones Capiro, 1999), Algunas elegías por Huck Finn y Relaciones de Osaida, cuadernos ganadores en la primera edición del Premio de la Ciudad, entregado en 1989 al propio Dopico y a Jorge Ángel Hernández Pérez respectivamente; también Poesía joven de Cuba, antología trabajada por Roberto Fernández Retamar en 1964, toda una rareza. Y otros que no entro a detallar, pues la lista es, de verdad, larga.

El argumento para el descarte, según supe por indagaciones que antes de mí hizo un colega, obedeció a una contaminación tan agresiva que demandaría una fumigación cuyo costo le sería inviable a la institución. Al respecto, como antes apunté, interrogué al recientemente nombrado director de la biblioteca, Sergio Mesa Méndez, quien me expresó que, precisamente por el poco tiempo que lleva en el cargo, desconoce los interines del problema, pero está dispuesto a buscarle una solución diferente al descarte.

Supongamos que, efectivamente, se hacía imprescindible deshacerse de esos ejemplares por la crudeza de la plaga, pues semejante saña o insensibilidad sería impensable sin una causa de fuerza mayor, ¿no se podía entonces hacer una excepción con los libros más valiosos y salvarlos, solo a ellos, con el costoso tratamiento, pero con disminución del costo en la misma magnitud en que disminuye el volumen a tratar? En caso de que tampoco eso fuera posible, ¿no resultaba culturalmente más productivo, en lugar de situarlos en una mesa para que todo el que lo quisiera se sirviera, pensar en otras utilidades (no lucrativas), como la donación a investigadores, bibliotecas escolares o de organismos, o a los propios autores? Claro que antes de donarlos a bibliotecas ajenas al sistema de la cultura se debía indagar si estas tienen la posibilidad de descontaminarlos, pues sería un contrasentido regalarles patógenos que acabarían dañando sus exiguas colecciones.

Si el criterio que se usó para descartar hubiera sido la duplicidad, o la nula demanda de los usuarios, me veo obligado a retomar un viejo artículo mío titulado "Cuatro y dos son seis (pero pudieran ser cinco)". Lo publiqué en el año 2002, y en él me quejaba de la pobre promoción que las bibliotecas daban a las obras de los autores residentes en sus territorios. Transcribo un fragmento:

 

No son bajas las cifras de actividades de promoción que realizan las bibliotecas, pero ¿qué pensar en torno a la que deben ejecutar con la obra de los autores del territorio donde están enclavadas? Situados en el caso específico de Villa Clara, podemos decir que no son pocas, pero sí insuficientes, sobre todo si sabemos que el único escritor que en el siglo XX –y lo que va del XXI– ha publicado libros viviendo y trabajando en Corralillo es Arístides Valdés Guillermo –para poner sólo un ejemplo de los muchos que yo mismo he podido corroborar– y al revisar, el día 23 de junio del 2001, la hoja de préstamos de El príncipe de bruces, uno de sus títulos yacentes en los anaqueles de la biblioteca municipal, constatamos que este nunca se ha prestado, pese a que su fecha de edición ya rebasa los tres años2.

 

La misma situación me la había encontrado en 1992, en Manicaragua, con el libro En torno al equilibrio, de Mario Brito Fuentes (residente en la localidad), que pese a llevar más de un año publicado mantenía impoluta su hoja de préstamos. Y en honor a la verdad debo reconocer que, una vez hecha la aclaración en aquel momento, los bibliotecarios manicaragüenses asumieron que su gestión había sido pobre, y al regresar yo poco después –nuevamente de inspección– a ese territorio, me encontré que habían desarrollado un eficaz trabajo traducido en decenas de préstamos. Lo lograron gracias a un profuso trabajo de extensión bibliotecaria. Hoy Mario Brito es un autor muy conocido y demandado por los lectores del municipio donde reside.

Claro, entonces no publiqué artículo alguno, pero sí expuse el problema ante la dirección de la biblioteca provincial y parecieron comprender su débil accionar. Pero ante la reincidencia en Corralillo, que antes también había apreciado en Quemado de Güines con La última obra del bardo inmortal, del quemadense Carlos Fundora, opté por mover las fichas de otra forma en busca de ganar visibilidad para estos autores, ya desfavorecidos de por sí por el fatalismo geográfico.

La reacción a mi artículo no se hizo esperar y el director de turno en la biblioteca Martí de Villa Clara, en uno de sus matutinos, ejecutó una especie de acto de repudio contra mí por haber dañado el prestigio de la impecable institución, que tan buenas estadísticas exhibía.

Aquel argumento de las estadísticas hizo que me enfocara sobre los datos; me dediqué a compilarlos y hoy comento algunos consultados en los Anuarios de la Oficina Nacional de Estadísticas (Onei) :

 

INDICADOR

UM

2008

2016

%

Usuarios en bibliotecas

MU

10 922.8

6 683.1

61.2

Servicios bibliotecarios

MU

21 866.1

20 809.4

95.2

Promedio servicio x usuario

U

2.0

3.1

155.0

Población de Cuba

MU

11 173.9

11 239.2

100.6

% de la población usuaria de biblioteca

%

97.8

59.5

 

 

Saber que en el lapso de ocho años las bibliotecas perdieron el 39.8 % de sus usuarios, en un monto que suma cuatro millones doscientos treinta y nueve mil setecientas personas, no resulta muy edificante. Al relacionar la cantidad de usuarios con la población del país comprobamos que en ese mismo período dejó de hacer uso de los servicios bibliotecarios un 38.3 % de los cubanos. Tal fuga nos enfría el posible entusiasmo por saber que de 2,0  servicios anuales por usuario se pasó a 3,1, pues estamos ante una victoria pírrica que nos sitúa ante menos lectores, que aunque usan más la biblioteca solo lo hace poco más de 3 veces en un año, equivalente dicho promedio a un servicio cada 3,8 meses.

No sería justo desconocer que la biblioteca enfrenta las descomunales competencias de lo digital y lo audiovisual, depredadores del hábito de lectura (no solo en los jóvenes), pero si retomo la tesis original de este artículo, sugiero que la baja demanda de los usuarios deje de ser una de las causas del descarte, porque correríamos el riesgo de un buen día descartar casi toda (cuando no toda) la biblioteca. Considero que hasta tanto no se haya hecho un intenso programa de promoción de los fondos, muros afuera, y no solo por la biblioteca sino por toda la comunidad literaria, descartar mecánicamente con ese criterio será un error que a la luz de la memoria pagaremos caro.

Santa Clara, 11 de enero de 2018

Notas:

1- Aunque tanto el texto de Félix Sánchez como el del Dr. Torres Cuevas fueron publicados, ambos circularon originalmente mediante envíos y reenvíos a una larga lista de correos electrónicos. Muchos intelectuales nos sumamos entonces al foro de discusión. La mayor parte, hasta donde conozco a favor de los argumentos expuestos por el escritor avileño.

2- Revista Umbral, Nº5/2002, Santa Clara, p.9.

 

ttp://www.lajiribilla.co.cu/2009/n443_10/sos.htm

http://www.lajiribilla.co.cu/2009/n443_10/443_29.html
 

Ricardo Riverón Rojas, 2017-12-27
Ricardo Riverón Rojas, 2017-12-13
Ricardo Riverón Rojas, 2017-11-20