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Una tarde en el río

Ricardo Riverón Rojas, 06 de septiembre de 2018

En este mes la Editorial Capiro celebra 28 años de la salida de su primer título: Una tarde en el río, de Rafael Altuna (Santa Clara, 1945-Miami, 2011). La actual dirección de la editorial me comentó que para el 30 aniversario piensan hacer una edición homenaje.

Dirigí el grupo que fundó Capiro. Recordar a aquel autor y su libro constituye, para mí, un acto entrañable, pues se trata de uno de los amigos más queridos, simpático colega además, y del primer logro de un proyecto que le aportó sentido y volumen a mi vida profesional. Evoco, entonces, la circunstancia del nacimiento de la editorial, y al amigo escritor, dentro de aquel duro contexto llamado Período Especial que comenzó también, precisamente, en septiembre de 1990.

A Rafael Altuna lo conocí en 1979, cuando ganamos respectivos premios en la primera edición del concurso que entonces llamaron Villa Clara: él en cuento y yo en poesía. Ya antes había tenido noticias suyas, pues en 1976 resultó finalista en el Premio David, entonces consagratorio. Nació nuestra imbatible amistad. A finales de ese mismo año, con el cuento ¨Cuando la lluvia¨ ganó primera mención en el Encuentro Debate Nacional de Talleres Literarios, celebrado en el hotel Pasacaballos, de Cienfuegos.

Un jurado integrado por Antonio Benítez Rojo, Manuel Cofiño y David Buzzi evaluó los textos concursantes. Como detalle curioso apunto que en la edición Talleres literarios 1979 (Editorial Letras Cubanas, 1980), donde aparece el cuento de Altuna en la página 16, en el crédito a los jurados se omitió el nombre de Antonio Benítez Rojo, que había abandonado el país. La edición corrió a cargo de David Buzzi.

En las ediciones de 1980 y 1982 volvió Altuna a obtener galardones en esas lides: mención en el primero con ¨El hombre muerto¨, y primera mención en el último con ¨El puente¨. El nacional de talleres literarios operaba como uno de los galardones más importantes de la época para quienes éramos, a duras penas, aspirantes a escritores.

Siempre se elogió en las piezas narrativas de Altuna su habilidad para conducir las acciones, casi enteramente a través de diálogos. Lo consideraban deudor de Hemingway, sobre todo del cuento ¨La noche de los asesinos¨. Yo creo que, además, tenía un olfato especial para los ambientes trágicos, trabajados con recursos complejos, como en el cuento ¨El hombre muerto¨, donde se aprecian eficaces mudas en el punto de vista del narrador.

En la decisión de que su cuaderno Una tarde en el río diera la nota inaugural en la bibliografía de Ediciones Capiro1 pesaron estas consideraciones, no caben dudas, pero también influyó que, desde el primer momento, el amigo creyera, en contraste con otros de más copiosa trayectoria, que lo de la editorial iba en serio. Apostó y ganó. O ganamos todos.

El nacimiento de la editorial se gestó trabajosamente, sobre todo si atendemos a que desde el cierre, en 1968, de la que liderara Samuel Feijóo en la Universidad Central de Las Villas, la única experiencia editorial atendible en la provincia se había dado en un espacio municipal. Fue en Camajuaní, de la mano de René Batista Moreno y los cuadernos del taller literario José García del Barco, que yo terminé bautizando a posteriori como Ediciones Hogaño, para identificarlos con la revista que les había antecedido en la misma localidad y con el mismo editor.

En las autoridades de la provincia habíamos creado ya, luego de ardorosos debates, cierta conciencia de la necesidad de una editorial, pues las llamadas nacionales solo abrían sus puertas tras la obtención de premios como el David, Uneac, 26 de Julio, La Edad de Oro, 13 de Marzo, Casa de las Américas... Tras algunos encuentros definitorios, se dio el milagro: nos autorizaron a producir cuatro libros al año. Poco después nacería el nombre de la editorial, tras una consulta con algunos escritores, votación incluida. El de Ediciones Capiro compitió con Ediciones Pelo Malo.

Altuna accedió rápidamente a entregarme su original y, tras varias sesiones autodidactas y numerosos avatares en el taller gráfico, salió por fin la ópera prima.

Mucho debimos discutir para que la cubierta no fuera del mismo papel bond de la tripa, para que se hiciera en offset fotomecánica, al menos con el negro y un color (colores planos) pues la tripa, ni modo, iba en impresión directa. Finalmente, tras mucho batallar, conseguimos que imprimieran la cubierta sobre papel cromo de 130 gramos, y en dos colores, como queríamos. Debimos conformarnos con el formato a media carta y la presilla a caballete.

Así quedó impreso Una tarde en el río. El 23 de septiembre de 1990 extraje de la imprenta los primeros ejemplares, por eso siempre he insistido en ese día como fecha de la fundación. Días después tuvo lugar el primer lanzamiento en la sede de la Uneac, durante la inauguración del Encuentro Debate provincial de Talleres Literarios de ese año. Desde mi punto de vista una editorial nace en el momento en que se termina el primer ejemplar, como mismo un niño nace cuando lo paren, no cuando lo inscriben.

Luego de tantos esfuerzos, y pese a la discreta factura del libro, sigo pensando que fue una buena elección, desde el punto de vista literario, publicar el original de Altuna, pues aunque hubiéramos dispuesto de otros, el suyo siempre ha soportado una buena lectura. No fue un autor muy prolijo, pero sí muy cuidadoso. Dejó escrita una novela que aún no ha hallado destino editorial; en su número 48, de julio-septiembre de 2013, la revista Umbral publicó dos de sus cuentos inéditos: ¨Ni un día más¨ y ¨La anciana del noveno piso¨.

Antes de que finalizara septiembre de 1990 la radio cubana dio la noticia de que entrábamos en el anunciado Período Especial. Con estos oídos, que ya oyen menos pero entonces estaban a plena capacidad, escuché por Radio Reloj las medidas que disponían la reducción de la prensa, el cierre de revistas y el receso de las editoriales. Casi todos mis colegas, algunos con poca disimulada maledicencia, sentenciaron: «Se te jodió Capiro». Yo, diestro en calamidades y portador de toda la paciencia del mundo, repliqué para mis adentros: «Vamos a ver», pero no me senté en la puerta de mi tienda a ver pasar el cadáver de mi país.

Capiro nunca ha dejado de hacer libros, cada día mejores. Yo la dirigí durante sus primeros 5389 días. La historia no se detuvo, para fortuna de la cultura cubana. Y no se me apaga la satisfacción de haber saldado una deuda con la literatura al concederle la primera palabra a Una tarde en el río.

(Santa Clara, 5 de septiembre de 2018)

1 El nombre de «Ediciones Capiro» se cambió por «Editorial Capiro» a inicios de los años 2000.

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