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Un libro singular, El cuaderno de los disparates, de Julio Travieso Serrano

Virgilio López Lemus, 08 de octubre de 2018

El "disparate lírico" viene en la poesía de lengua española desde el Siglo de Oro, si no es que sus huellas se pueden remontar a mucho antes. No ha de hallarse solo en versos, porque la prosa lo contiene con mucha frecuencia. La búsqueda del canto a lo absurdo ligado con humor, mezclado con la estupidez humana y dosis de inteligencia disparatada e ironía, se asumió en la literatura de manera cimera desde 1604 con la primera parte de El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Erasmo de Róterdam hizo historia con su libro Elogio de la locura, publicado un siglo antes, en 1511. Por entonces, apenas se sabía que la Tierra era redonda. No es raro que de vez en cuando aparezca un loco diciéndonos "lo que no se puede decir".

El sagaz narrador cubano Julio Travieso Serrano (La Habana, 1940), ya forjó el suyo, pero lo hace mediante un psiquiatra, el Dr. Félix Fuente Fontana, en torno al cual se revelan las ingeniosidades del loco Antonio Trase, "esquizofrénico paranoide", autor de un libro llamado Asesinatos 2, en tanto el doctor muestra otra obra del disparatado Trase, homónima del que firma Travieso.

No sé bien si es el "Elogio de la estupidez humana" que el propio Travieso me recomendó que yo escribiese, tras leer parece que parcialmente mi libro Gravitación de la poesía, lleno de "elogios" míos, que él ha visto como observados desde el lado bueno de la vida. Pero las trazas de Trase son bien ingeniosas. Y no es un libro insólito, puede compararse a este o aquel de la literatura universal, pero sí es singular, o sea, una propuesta humorística que no quiere ser humor, un arsenal de ironía que no desea convertirse en obra epigramática, aunque la mordacidad se ocupe de lo humano y de lo divino. De cualquier modo, no se trata de un volumen de guasa criolla, de "chipojeo" tipo choteo. Antes bien, es un volumen reflexivo, inquietante e inquietador.

Trase no se propone burlarse de nada, sino de plantear sus teorías acerca de acontecimientos históricos y opiniones humanas. Él desea usar la lógica, incluso la lógica-lógica y no la poética. Ética, religión, política son sus campos de preferencia, no hace análisis económicos, despeja el camino expresivo con frases directas, nada herméticas, ni siquiera adornadas de tropología barroca…, aunque el resultado sea en verdad un libro bien barroco, un tanto bajo la serenidad quevediana. Trase define el "socialismo" de las hormigas, o más bien en el estado igualitarista que viven, bajo la orden de alimentar a la reina y tras esto, alimentarse ellas. Y de pronto, de las hormigas pasa a la Crucifixión, pues el ¿relato? "En busca de Jesús" se fija en lo que cree incongruencias del desarrollo de la crucifixión de Cristo, quien, según Trase, no murió en el incidente. El santo Pilatos también se va a enfrentar a otro ¿cuento?, pues según Trase en "Barrabás", el llamado bandido no lo era tanto, sino un opositor a la opresión romana, al que soltaron en lugar de aquel al parecer más peligroso: Cristo.

Trase la emprende contra la historia escrita y contra los historiadores, como falsarios irremediables o, en todo caso, simples copistas con rasgos de plagiarios. Dicta órdenes de prohibición contra la historia, pero "Lo más que se permitirá serán pesquisas relacionadas con el pasado familiar y su procedencia". La Historia, según Trase, se debería ocupar más de la gente sencilla que se gana el pan bajo un cielo siempre dudoso. De pronto, hay un visitante: el Barón D´Artagnan, quizás si el autor se ríe aquí un poco de las series imaginativas que hacen revivir personajes en situaciones anacrónicas. También en contra de los "literatos" (la "sarna literata", le llamaba Samuel Feijóo), Trase enuncia un castigo ejemplar: "Al literato detenido por primera vez se le obligará a que lea en voz alta la novela de otro literato a quien él deteste", lo cual, dice, no es nada difícil, si bien la raza de los literatos suelen detestarse entre sí. "La sanción extrema se dará cuando los libros sean leídos por un gago". Parece que Trase leyese un poco el "Infierno" de Dante, adaptándolo a su tiempo.

Prefiero no reseñar, paso por paso, este enjundioso libro. Aunque atribuido a un tal Trase, en la cubierta lo firma, traviesamente, Julio Travieso Serrano. De este modo, todo él debe atribuirse al autor de El polvo y el oro, una de las mejores novelas de la literatura cubana de todos los tiempos. Solo me gustaría advertir, si me fuese permitido, que no se trata de un divertissement, de un libro para jolgorio o sólo risa (y también "trata" de ella), sino de una seria exposición de locura, mediante la cual el loco Trase se detiene en reflexiones que dejan al lector vibrando. Me gustan los libros que me dejan resonancias, cualquiera que sea el recurso que use el autor o el género en que precipite sus ideas. Aquí, a pesar de todo, las "ideas" van en recipiente divertido, se lee con agilidad, se busca el siguiente texto con deseos de sorpresa, y el autor no nos deja en el mero anhelo de una lectura para el placer de leer.

Es eso: El cuaderno de los disparates no se alza en esferas trascendentalistas, no busca sino darnos placer, placer lectivo, lo que va siendo una magnífica novedad en el mundo cada vez más digitalizado, de imágenes visuales y comerciales, para el gran consumismo del que menos lee, mirando más. Con este libro queda demostrado que leer es un placer, eslogan feliz, ¿por qué no?, sin que alcance a ser moraleja.