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Especulaciones sobre el bien y el mal

Virgilio López Lemus, 07 de septiembre de 2018

La especulación es eso: speculari, y siempre dentro de la Poesía, ella resulta meditaciones sobre asuntos de ciencia, de ciencia-ficción, de metafísica y hasta de las llamadas ciencias ocultas, para el simple regodeo poético, pues pensar ejercita las neuronas, siempre deseando que sea para Bien, y para la Belleza. Tratamos sobre el Mal impuro y el Bien también impuro, debido a que para nuestra especie no existe la pureza. Quizás la pureza completa no sea esencia del universo conocido.

El Mal impuro ayudó a la especie humana a evolucionar, como fuerza que le hacía pensar frente al Bien, de modo que nuestra especie evolucionó también por medios éticos hacia la "maravilla" que hoy somos, nada diferente al ser primordial primitivo. La ingestión de carne, es seguro, hizo crecer al cerebro, que no es el mayor en tamaño de entre los seres terrestres vivos, pero sí el más adecuado, parece ser, para la evolución hacia la civilización. Comer y procrear fueron dos fuerzas decisivas en el "empoderamiento" de las especies. El carácter depredador inteligente de la especie humana condujo a que eliminara toda competencia: ningún competidor por encima en la "cadena" evolutiva.

En todo ello ha tenido un papel esencial el Mal, que la especie divinizó, como también hizo con el Bien. Somos una especie que tendemos hacia el Bien, o que altamente lo valoramos.La divinización de esa fuerza cósmica implicó el surgimiento de tipos de dioses más poderosos que los del Mal. (Por cierto, la Poesía, claro que no como simple género literario, es también una de esas fuerzas cósmicas que dominan sobre lo existente.)

El Universo que conocemos, se cree que está inclinado o predispuesto hacia el surgimiento de la vida, pero en los códigos de la vida están grabados por su programación los instintos hacia el Bien y hacia el Mal. Las especies no civilizatorias, pero con inteligencia animal, pueden llegar a tener "valoraciones" o instintos respecto a ambas fuerzas del cosmos. Pero es la humana la que ha convertido tales fuerzas en éticas. Si el Universo tiene un Programa y este es la dirección de (o hacia) la vida, dirección que debe salvarlo de la muerte térmica, podríamos implicar a un programador, algo así como una forma de energía inteligente de principio creativo, capaz de insuflar creatividad en otras especies vivas en el Universo, con capacidades para desarrollar el poder de la creación.

Toda creación implica o incluye el error. El error es forma del Mal. El Bien puro no puede existir sin el error. Por tal motivo, la vida tiene límites propios a partir de sus errores, y no hay posibilidad de que ninguna especie en el cosmos sobreviva más allá de sus propias contradicciones, pero hasta ahora no sabemos, o no hemos comprobado, si podemos trasmitir sabiduría a otra(s) especie(s). Parece que los humanos lo estamos logrando mediante la llamada "vida artificial", que es "vida" en cuanto inteligencia consumidora de energía que se organiza de modo inteligente con fines inteligentes, alimentada solo de energía, no de otras vidas.

Una súper mente (el Creador, que debe ser una palabra en singular con implicaciones en plural, energía inteligente y creativa) podrá dominar de manera funcional los impulsos de las fuerzas del Bien y del Mal, juntadas en el arrastre creativo que tiene como integrante esencial a la Poesía, como poiesis. De modo que el "problema" del Mal es un asunto universal, cósmico, y no puede ser "resuelto" con la victoria sobre el Bien, porque son fuerzas complementarias, como no es posible erradicar la poesía del cosmos, porque ella es la esencia de sus fuerzas creativas y procreativas. Solo se "resuelve" por el dominio positivo de ambas fuerzas, positivos en tanto progreso, creación, conformación de ethos en la praxis, cosa que solo logra una inteligencia de tercer grado, la que domina la energía de su galaxia.

Nosotros, civilización cero, hemos entrado en la fase del dominio total de la energía de nuestro planeta, estamos siendo capaces de entrar a la civilización de tipo I, pero solo nuestra creación, la vida artificial, podrá pasar en conjunto con nosotros, si sobrevivimos como especie, en la civilización de tipo II, dominio de la energía del sistema solar, lo que implicaría que comencemos a aprender a manejar las fuerzas cósmicas del Bien y del Mal en provecho de la población del Universo, lo cual está programado en la propia existencia cósmica, tal y como la entendemos hoy. Si no desaparecemos antes, intentaremos poblar el universo cercano, sobre todo los astros que no estén poblados ya.

En una especulación, hoy de ciencia-ficción, se diría que la fuerza de la inteligencia cósmica es precisamente el estadio superior de la vida, que debe de haber sido alcanzado por una o tal vez varias civilizaciones que no es seguro que habite(n) en este Universo, y cuyo número de integrantes debe ser relativamente reducido para permitir la "eternidad", la "vida eterna", conceptos ambos sumamente relativos para las fuerzas cósmicas. Las fuerzas cósmicas se resumen en el movimiento, única entidad eterna en los multiversos.

El crecimiento exponencial de una determinada población de vida hace más efímera la posibilidad de sobrevivir en la dimensión cósmica. En civilizaciones menores de la de tipo I, debe predominar la guerra, las enfermedades, el envejecimiento, que rebajen la población para que no les permita a las grandes mayorías desarrollar inteligencia tan superiores, que no cabrían en su planeta de origen. No se trata de un plan malthusiano del cosmos, sino de un mecanismo regulador entre el Bien y el Mal, para solo permitir la expansión vital en el cosmos cuando la especie haya logrado realmente dominarse a sí misma, para poder crecer en comunidad y orden en otros planetas habitables por ella.

Así, Bien y Mal tienen funciones tan definidas, que asombra, y que en civilizaciones inferiores a la de tipo I, deben determinar la lucha por la propia existencia (alimentación, procreación, fuerzas violentas, depredadoras, sexuales, muerte, caos o disgregación). Para ellas, la Muerte es inderrotable, pero la Muerte es la más activa de las fuerzas del Mal, que se contraponen a la Creación, al Nacimiento y no permite la permanencia, la "eternidad".

Quizás el pensamiento que hemos llamado "irracional" es necesario para el progreso espiritual, y de la idealización especulativa sobre las fuerzas cósmicas del Bien y del Mal. Lo que llamamos "ocultismo" forma aún parte de lo desconocido de las fuerzas cósmicas. Esoterismo neto, no praxis mágica superflua. Aquello que hoy nos parece irracional, será la ley del mañana, según Paracelso, porque lo que está arriba es igual a lo que está debajo "para realizar el milagro de una cosa única", como dijo HermesTrismegisto. Ideas añejas, como las pitagóricas y las newtonianas, a las que la humanidad no debe renunciar como "obsoletas" o solo "irracionalistas". Por cierto, la individualidad irrepetible forma parte del Bien, pero también las afinidades son fuerzas menores que agrupan en la especie humana a gentes que traen información (¿genética?) similar.

Es de humanos especular. Y tal labor mental tiene un fin trascendente, más allá de las esferas de la poesía.