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Ejercicio 21

Jesús David Curbelo, 12 de octubre de 2018

En el penúltimo texto de su volumen The Sacred Wood, T. S. Eliot apunta: “La concentración resultante de una armazón de mitología, teología y filosofía es una de las razones por las que Dante es un clásico y Blake solo un poeta de genio”. Y lo hace, a pesar de haber escrito, a inicios del mismo párrafo: “Blake estaba dotado con una capacidad considerable para la comprensión de la naturaleza humana, con un apreciable y original sentido del lenguaje y de la música del lenguaje y con el don de una visión alucinada”. Es decir, con aquellas características tendientes a convertir a un poeta en clásico porque aguzan su sentido ontológico, lo obligan al escrutinio lingüístico y sazonan su poesía con una perspicacia cognoscitiva transgresora de las lindes permitidas al lírico de talento. No debemos olvidar algo: esta consideración casi final del ensayo de Eliot sobre William Blake obedece, ante todo, a un razonamiento de carácter religioso. El anglocatólico autor de Ash Wednesday no estaba listo para tolerarle a Blake la disidencia de la tradición latina y la creación de un universo altamente personal tanto en la filosofía, como en las visiones, en la penetración y en la técnica. Un cosmos expresivo de la peculiar honestidad que, en un mundo tan asustado de ser honesto, se hace mucho más terrible, pues es una honestidad contra la cual la humanidad conspira al resultarle antipática. Según el propio Eliot, la poesía de Blake tiene la antipatía de la alta poesía, de aquella que, por una extraordinaria labor de simplificación, exhibe la enfermedad esencial o la intensidad del alma humana, y cuya honestidad nunca existe sin una gran realización técnica, descubridora de nuevas formas expresivas para el cúmulo de ideas nuevas a través de las cuales el poeta propone una relectura del universo y de la propia poesía.

La producción poética de Blake suele dividirse en dos grandes zonas: las primeras poesías (Esbozos poéticos, Cantos de inocencia, Cantos de experiencia y El libro de Thel) y los llamados Libros Proféticos (El matrimonio del Cielo y del Infierno, El primer libro de Urizen, Los cuatro Zoas, Milton, Jerusalem y El Evangelio eterno, por citar los más representativos); zonas a través de las cuales se aprecian bien marcadas diferencias entre las inquietudes conceptuales y estilísticas, crecientes en intensidad filosófica, mitológica y lingüística hasta convertirlo en uno de los mayores poetas de la humanidad.

Blake fue un niño de una inteligencia descomunal y de unas ansias de saber que le acompañaron a lo largo de la vida, a pesar de asistir apenas a la escuela de manera oficial. Su aprendizaje pictórico, poético y hasta de idiomas como el griego, el latín, el hebreo y el italiano, fue casi siempre autodidacto. Así, contando con escasos doce años, escribió los textos más tarde compilados bajo el título de Esbozos poéticos, con una clara intuición de que eran el tímido principio de una larga cadena de autosuperaciones por lo general incomprendidas en su época.

Los Cantos de inocencia, publicados en 1789, ya brindan una admirable madurez. En ellos Blake comienza con el uso de algunos símbolos en los cuales habría de persistir hasta sus libros postreros. Nos habla de la inocencia en su etapa arcádica y lo hace con un júbilo incondicional asociado a una visión en estado primigenio, todavía no aderezada con las limitaciones e iluminaciones que aporta la experiencia del mundo adulto. Entorno palpable, no obstante, en el acecho ejercido sobre el alma infantil aún incontaminada, pero un tanto abrumada por la experiencia. En estos poemas pastorales los temas son el amor, el sexo, la educación, la exaltación gozosa de un existir donde inclusive los temores del niño extraviado en el mundo, o la existencia misma con su carga de dolor, hallan bálsamo en el sueño, acto en el cual se revela la asistencia bienhechora de Dios. Stephen Spender ha señalado, en The Struggle of the Modern, la importancia de esa mirada infantil que hace a Blake escribir una poesía espontánea muy semejante al habla de los niños. Y, cabría añadir, muy similar al mismo tiempo a las canciones de cuna y a los cantares asociados con los juegos de la niñez pertenecientes al acervo popular.

No es hasta 1794, cuando se publican juntos los Cantos de inocencia y los Cantos de experiencia, que se aprecia el carácter antinómico y a la vez complementario entre ambos cuadernos, donde el bardo pretendía mostrar los dos estados contrarios del alma humana, la inocencia y la experiencia, simbolizadas por el cordero y el tigre, respectivamente. Ahora aparece un Blake denostador, que ve en la realidad circundante un enemigo al cual fustiga en este tomo de sombrías pinturas morales y sociales que cuestionan la esencia de la naturaleza y de la divinidad. A esas alturas, desencantado de la Revolución Francesa y preocupado por la certidumbre de un orbe regido por la ciencia newtoniana y las nieblas provenientes del desarrollo industrial que se enseñorearía del prado inglés y, por si no bastara, del espíritu del hombre inglés, Blake se torna cáustico y polemiza con las convenciones clericales y la moral, con la realeza y los vicios de la ciudad moderna y, por supuesto, con Dios. Cambia el tono jovial por la voz profética para hacer a la Tierra un auténtico llamado de salvación que la obligue a reaccionar. Estas diversas tonalidades ya apuntadas en los símbolos cordero y tigre, se acentúan en otras parejas axialmente opuestas como los dos jueves santos, los dos deshollinadores, los niños perdidos y hallados de una y otra colección, las canciones de cuna y, sobre todo, se evidencian, a un nivel teológico y ontológico, en los poemas “La imagen divina” (Cantos de inocencia) y “La esencia de lo humano” y “Una imagen divina” (Cantos de experiencia), apoteosis del temple hostil y a la par suplementario del bien y del mal. Pasiones humanas estas de las cuales Eliot vislumbró un profundo conocimiento por parte de Blake, quien, a su decir, las representaba en extremo simplificadas, en formas casi abstractas, a modo de ilustración de la eterna lucha del arte contra la educación y de la literatura artística contra el continuo deterioro del lenguaje. Y es en el aspecto lingüístico y métrico donde mejor se resuelve, en la forma, la dicotomía del pensamiento blakeano, pues Blake emplea, en ambos poemarios, una eufonía y una rima casi impecables, aunque subversivas y retozonas en muchas oportunidades, máxime en Cantos de experiencia, donde su repaso poco complaciente resalta aún más debido a ese fondo musical, en apariencia equilibrado, que acompaña a las visiones.

Posteriormente, Blake desarrolló una compleja obra poética, pletórica de símbolos y figuras míticas, cuya explicación excedería los límites de este comentario. Propongo la lectura de mi ensayo “Apuntes para tratar de visionar la voz del bardo”, que funge como prólogo a la edición de Cantos de inocencia y Cantos de experiencia, que en 2004 publicara el proyecto editorial Torre de Letras con traducciones de Susana Haug y mías; en ese texto me detengo en análisis pormenorizados de cada libro de William Blake y abundo, además, en otros aspectos de interés como sus relaciones con la tradición lírica y filosófica de Occidente, o con diversas manifestaciones de carácter religioso que signaron su obra.

Hablo allí también de su labor en las artes plásticas, muy marcada por el influjo del suizo Henry Fuseli, la cual, aparte de acuñar pautas en disciplinas como el grabado o la ilustración de libros, dejó una visible impronta en los movimiento pictóricos de finales del siglo XIX y principios del XX. Los autores del Art Nouveau, por ejemplo, reconocían entre sus antecedentes a William Blake y a los prerrafaelistas (bien influidos por este, sobre todo Dante Gabriel Rossetti); mientras que los surrealistas lo reivindican, junto con el italiano Paolo Uccello, como uno de sus antecesores. También es muy notable su ascendiente sobre los aguafuertes en blanco y negro que realizara Paul Klee durante los primeros años de su carrera.

Por último, expongo en esas páginas lo que pudiera ser, a grandes rasgos, el gran mérito del poeta: apuntar hacia la creación de un nuevo orden por medio de la poesía, experiencia de alta consideración para las generaciones posteriores a él, pues ya sabemos que la poesía y el arte contemporáneos han sido siempre partícipes de la exploración antes que de la certidumbre, y pura exploración ontológica constituyen todos los libros de Blake en su conjunto y cada uno por separado; en ellos se eleva una armonía, una correspondencia de valores entre potencias aparentemente opuestas, un devenir de momentos de la energía y del ser, cuyo dinamismo constante convierte esa aventura literaria y artística en una de las más dialécticas e insondables del genio poético universal junto a nombres como Dante, Shakespeare, Milton, Goethe, Baudelaire y Rimbaud, testimonios disímiles, y complementarios, de la Voz del Bardo y su papel en la continua renovación del diálogo entre los hombres y de ellos con Dios.

EL CORDERO

Corderillo, ¿quién te hizo?
¿Sabes acaso quién fue?
¿Quién te dio alimento y vida
Junto al arroyo y el prado,
Te dio un manto delicioso,
De suavísimo vellón,
Y te dio una voz tan tierna
Que a los valles regocija?
Corderillo, ¿quién te hizo?
¿Acaso sabes quién fue?

Corderillo, te diré,
Corderillo, te diré:
A él lo llaman por tu nombre,
Pues se nombra a sí Cordero.
Él es manso y es humilde;
Encarnó en niño menudo.
Yo un infante y tú un cordero,
Por su nombre nos llamamos.
Corderillo, ¡Dios te salve!
Corderillo, ¡Dios te salve!

THE LAMB

Little Lamb, who made thee?
Dost thou know who made thee?
Gave thee life, & bid thee feed
By the stream & o’er the mead;
Gave thee clothing of delight,
Softest clothing, wooly, bright;
Gave thee such a tender voice,
Making all the vales rejoice?
Little Lamb, who made thee?
Dost thou know who made thee?

Little Lamb, I’ll tell thee,
Little Lamb, I’ll tell thee:
He is called by thy name,
For he calls himself a Lamb.
He is meek, & he is mild;
He became a little child.
I a child, & thou a lamb,
We are called by his name.
Little Lamb, God bless thee!
Little Lamb, God bless thee!

EL DESHOLLINADOR

Cuando era muy niño mi madre murió,
Me vendió mi padre cuando aún mi lengua
Apenas podía gemir: “¡limpia, limpia!”
Hoy vuestro hogar limpio, y en el hollín duermo.

He al chico Tom Dacre, lloró por sus rizos
De oveja al raparlo, y entonces le dije:
“Shh, Tom, ya no importa, pues así afeitado
Verás que el hollín no daña tu pelo”.

Por fin se aquietó y esa misma noche,
Mientras Tom dormía, rara visión tuvo
En que mil fumistas, Dick, Joe, Ned y Jack,
Estaban metidos en negros sarcófagos.

Y descendió un Ángel con fulgente llave,
Y abrió los cajones y los liberó.
Por un prado corren, saltando, riendo,
Lávanse en un río, y brillan al sol.

Desnudos y blancos, dejaron los bultos,
Y en nubes trepados, al viento retozan.
Y a Tom dijo el Ángel que si era buen chico
Tendría a Dios por padre y dicha por siempre.

Y Tom despertó, y alzados a oscuras
Con sacos y escobas fuimos al trabajo.
Pese al alba fría, Tom era feliz:
Si el deber se cumple nada hay que temer.

THE CHIMNEY SWEEPER

When my mother died I was very young,
And my Father sold me while yet my tongue
Could scarcely cry “‘weep! ‘weep! ‘weep! ‘weep!”
So your chimneys I sweep, & in soot I sleep.

There’s little Tom Dacre, who cried when his head,
That curl’d like a lambs back, was shav’d: so I said
“Hush, Tom! never mind it, for when your head’s bare
You know that the soot cannot spoil your white hair.”

And so he was quiet, & that very night,
As Tom was a-sleeping, he had such a sight!
That thousands of sweepers, Dick, Joe, Ned & Jack,
Were all of them lock’d up in coffins of black.

And by came an Angel who had a bright key,
And he open’d the coffins & set them all free;
Then down a green plain leaping, laughing, they run,
And wash in a river, and shine in the Sun.

Then naked & white, all their bags left behind,
They rise upon clouds and sport in the wind;
And the Angel told Tom, if he’d be a good boy,
He’d have God for his father, & never want joy.

And so Tom awoke; and we rose in the dark,
And got with our bags & our brushes to work.
Tho’ the morning was cold, Tom was happy & warm;
So if all do their duty they need not fear harm.

JUEVES SANTO

Era un Jueves Santo; iban, con su rostro limpio y puro,
Los niños de dos en dos, de rojo, verde y azul,
Delante, canos bedeles, con varas blancas cual nieve,
Hasta que al domo de Pablo como el Támesis fluyeron.

¡Qué multitud parecían aquellas flores de Londres!
Sentados juntos estaban, con su propio resplandor.
Qué rumor de multitud, mas multitud de corderos,
Cientos de niños y niñas alzando sus castas manos.

Como fuerte viento elevan la voz de su canto al cielo,
O cual truenos armoniosos entre los tronos celestes.
Debajo están los ancianos, sabios guardianes del pobre;
Apreciad, pues, la piedad, no huya un ángel de tu puerta.

HOLY THURSDAY

‘Twas on a Holy Thursday, their innocent faces clean,
The children walking two & two, in red & blue & green,
Grey-headed beadles walk’d before, with wands as white as snow,
Till into the high dome of Paul’s they like Thames’ waters flow.

O what a multitude they seem’d, these flowers of London town!
Seated in companies they sit with radiance all their own.
The hum of multitudes was there, but multitudes of lambs,
Thousands of little boys & girls raising their innocent hands.

Now like a mighty wind they raise to heaven the voice of song,
Or like harmonious thunderings the seats of heaven among.
Beneath them sit the aged men, wise guardians of the poor;
Then cherish pity, lest you drive an angel from your door.

 

(De Cantos de inocencia)

 

EL TERRÓN Y EL GUIJARRO

“El amor no persigue complacerse
Ni a sí mismo prodiga algún cuidado,
Sino que al otro ofrece su bonanza
Y hace un Cielo en las penas del Infierno”,

Cantaba un pequeño terrón de arcilla
Hollado por las patas del ganado;
Entonces un guijarro del arroyo
Así gorjeó estas rimas oportunas:

“El amor sólo busca complacerse,
Encadenar al otro a su delicia,
Se alegra si otro pierde la quietud,
Y hace un Infierno a despecho del Cielo”.

THE CLOD & THE PEBBLE

“Love seeketh not Itself to please,
Nor for itself hath any care,
But for another gives its ease,
And builds a Heaven in Hell’s despair.”

So sang a little Clod of Clay
Trodden with the cattle’s feet,
But a Pebble of the brook
Warbled out these metres meet:

“Love seeketh only Self to please,
To bind another to Its delight,
Joys in another’s loss of ease,
And builds a Hell in Heaven’s despite.”


JUEVES SANTO

¿Es algo santo de ver,
En tierra fértil y rica,
A niños en la miseria
Nutridos por mano avara?

¿Es un canto el lloro trémulo?
¿Puede ser un canto alegre?
¿Y con tantos niños pobres?
Esta es tierra de pobreza.

Y su sol no resplandece,
Y están desiertos los campos,
Y en las sendas hay espinas;
Es aquí un invierno eterno.

Pues doquiera que el sol brille,
Y donde caiga la lluvia,
No tendrán hambre los niños,
Ni ha de poder la miseria el espíritu espantar.

HOLY THURSDAY

Is this a holy thing to see
In a rich and fruitful land,
Babes reduc’d to misery,
Fed with cold and usurous hand?

Is that trembling cry a song?
Can it be a song of joy?
And so many children poor?
It is a land of poverty!

And their sun does never shine,
And their fields are bleak & bare,
And their ways are fill’d with thorns:
It is eternal winter there.

For where-e’er the sun does shine,
And where-e’er the rain does fall:
Babe can never hunger there,
Nor poverty the mind appall.

EL DESHOLLINADOR

¡Un negro bultico entre la nevada
Gime “limpia, limpia”, en notas de pena!
“¿Dónde está tu padre, y tu madre, dime?”
“Los dos se marcharon a rezar al templo.

Porque era feliz sobre los brezales,
Y yo sonreía entre invernal nieve,
Con ropas de muerte ellos me vistieron,
Me hicieron cantar con notas de pena.

Porque soy feliz, y canto, y bailo,
Creen que no me han hecho jamás daño alguno,
Y a Dios van y loan, y al Rey y al Obispo,
Que cielos levantan de nuestra miseria”.

THE CHIMNEY SWEEPER

A little black thing among the snow,
Crying “’weep! ’weep!” in notes of woe!
“Where are thy father & mother? say?”
“They are both gone up to the church to pray.

Because I was happy upon the heath,
And smil’d among the winter’s snow,
They clothed me in the clothes of death,
And taught me to sing the notes of woe.

And because I am happy & dance & sing,
They think they have done me no injury,
And are gone to praise God & his Priest & King,
Who make up a heaven of our misery.”

LA MOSCA

Pequeña mosquita,
Tu juego estival
Mi mano indolente
Lo ha destruido.

¿Acaso no soy
Como tú una mosca?
¿O acaso no eres
Igual que yo un hombre?

Pues yo bailo, y bebo,
Y canto, hasta que
Una mano ciega
Destruya mis alas.

Si el pensar es vida,
Y fuerza, y aliento,
Y toda carencia
De pensar es muerte;

Entonces yo soy
Una feliz mosca,
Lo mismo si vivo,
Lo mismo si muero.

THE FLY

Little Fly,
Thy summer’s play
My thoughtless hand
Has brush’d away.

Am not I
A fly like thee?
Or art not thou
A man like me?

For I dance,
And drink, & sing,
Till some blind hand
Shall brush my wing.

If thought is life
And strength & breath,
And the want
Of thought is death;

Then am I
A happy fly,
If I live
Or if I die.
 
EL TIGRE

¡Tigre!, ¡Tigre!, brillo ardiente
En los bosques de la noche,
¿Qué inmortal mano, qué ojo
Forjó tu atroz simetría?

¿En qué abismos, en qué cielos
Ardió el fuego de tus ojos?
¿En qué alas osó alzarse?
¿Qué mano osó el fuego asir?

¿Y qué hombro, y qué arte,
Torció fibras de tu pecho?
Y al latir tu corazón,
¿Qué atroz mano, qué atroz pie?

¿Qué martillo, qué cadena?
¿Qué horno forjó tu seso?
¿En qué yunque?, ¿qué atroz puño
Su terror mortal ciñó?

Cuando los astros lanzaron a la tierra sus saetas
Anegando el cielo en lágrimas,
¿Él sonrió al ver su obra?
¿Aquel que hizo al Cordero, a ti te hizo también?

¡Tigre!, ¡Tigre!, brillo ardiente
En los bosques de la noche,
¿Qué inmortal mano, qué ojo
Fraguó tu atroz simetría?

THE TYGER

Tyger! Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Could frame thy fearful symmetry?

In what distant deeps or skies
Burnt the fire of thine eyes?
On what wings dare he aspire?
What the hand dare sieze the fire?

And what shoulder, & what art,
Could twist the sinews of thy heart?
And when thy heart began to beat,
What dread hand? & what dread feet?

What the hammer? what the chain?
In what furnace was thy brain?
What the anvil? what dread grasp
Dare its deadly terrors clasp?

When the stars threw down their spears,
And water’d heaven with their tears,
Did he smile his work to see?
Did he who made the Lamb make thee?

Tyger!Tyger! burning bright
In the forests of the night,
What immortal hand or eye
Dare frame thy fearful symmetry?

LONDRES

Por todas las calles del Reino he vagado,
Cercanas a donde el Támesis fluye,
Y observado en cada rostro que me encuentro
Huellas de cansancio, huellas de dolor.

En todos los gritos de todos los hombres,
En cada gemido de miedo infantil,
En todas las voces y todas las vedas,
Los grillos forjados por la mente escucho:

Cómo el grito del Deshollinador
Todas las oscuras Iglesias espanta;
Y rueda el suspiro del pobre Soldado,
Tinto en sangre por muros palaciegos.

Y oigo sobre todo, en la medianoche,
Cómo el anatema de la joven Puta
Marchita las lágrimas del recién nacido,
Y arruina con plagas el Nupcial entierro.

LONDON

I wander thro’ each charter’d street,
Near where the charter’d Thames does flow,
And mark in every face I meet
Marks of weakness, marks of woe.

In every cry of every Man,
In every Infant’s cry of fear,
In every voice, in every ban,
The mind-forg’d manacles I hear.

How the Chimney-sweeper’s cry
Every black’ning Church appalls;
And the hapless Soldier’s sigh
Runs in blood down Palace walls.

But most thro’ midnight streets I hear
How the youthful Harlot’s curse
Blasts the new born Infant’s tear,
And blights with plagues the Marriage hearse.

 

(De Cantos de experiencia)

Traducción: Susana Haug y Jesús David Curbelo

Jesús David Curbelo, 2018-09-25
Jesús David Curbelo, 2018-09-14
Jesús David Curbelo, 2018-08-17