Apariencias |
  en  
Hoy es domingo, 18 de febrero de 2018; 1:23 PM | Actualizado: 12 de febrero de 2018
Búsqueda de artículos
título
autor
Artículos en esta columna: 6 | ver otros artículos en esta columna »
 
Página

Ejercicio 6: Tao Yuanming: el maestro de los cinco cauces

Jesús David Curbelo, 18 de enero de 2018

Tao Yuanming (365-427), también conocido como Tao Qian fue, sin duda, el máximo poeta del período de Wen, Jin, Norte y Sur. Él y Qu Yuan son considerados los autores de mayor importancia en la etapa pre Tang. Pero fue la suya, sin duda, la influencia superior sobre los más célebres literatos de la dinastía Tang (Li Bai, Du Fu y Wang Wei) y de la Dinastía Song (Su Dongpo), quienes contribuyeron a otorgarle un lugar de renombre dentro de la historia literaria china, algo que no hicieron sus contemporáneos. Esta admiración se ha desplazado a la posteridad y quizá sea Tao Yuanming el más venerado lírico de la China clásica.

En su educación había recibido la triple influencia confuciana, taoísta y budista, por lo cual se conducía como un confuciano, pero igual pensaba en ocasiones como taoísta o como budista. Este eclecticismo filosófico-religioso facilita que su poesía tenga múltiples aristas conceptuales que la hacen altamente peculiar y le dan un cariz particular al aparente bucolismo que propone su actitud de regreso a la naturaleza. El crítico James Robert Hightower afirma en su Tao Ch’ien que él es la voz que da significado a un período particularmente infeliz de la historia china, y que pertenece a ese pequeño grupo de poetas que pueden ser llamados filosóficos con propiedad porque en ellos cristaliza una actitud hacia la vida que es válida en otros tiempos y lugares.

En efecto, Tao Yuanming vivió casi toda su existencia durante los últimos tiempos de la Dinastía Jin del Este, signada por las intrigas palaciegas, los regicidios, los levantamientos populares y el bandidaje. En tal época, constituía una muestra de sensatez mantenerse alejado de la actividad pública, siguiendo el precepto confuciano de repudiar a los malos gobernantes, causa de la desarmonía del mundo. En el año 400, el poeta obtiene el puesto de consejero de Huan Xuan, en ese entonces gobernador de varias provincias del país. La muerte de su madre le permite eludir sus funciones gubernamentales, tras el pretexto de guardar los tres años de luto reglamentarios para un auténtico seguidor de Confucio. Huan Xuan se proclama emperador en el 403 y enseguida fraguan un complot en su contra y lo decapitan. En el 404 Tao Yuanming retoma sus ocupaciones a las órdenes del general Liu Yu, aunque tampoco permanece en ellas por mucho tiempo. Catorce años más tarde, Liu Yu asesina al emperador de turno y se adueña de toda China; es cuando el poeta refrenda su decisión de retirarse a la vida campestre y abandonar para siempre, apenas sobrepasados los cuarenta, toda relación con la política.

Esa medida tan sabia fue, al parecer, lo bastante aparatosa para servir de base a la teoría de algunos críticos de que tras ella hubo más una búsqueda de fama y renombre que una verdadera necesidad de aplicar las normas de Confucio o los preceptos del taoísmo y vincularse con lo natural. En realidad, esta ligadura a la naturaleza y al paisaje fue una constante en la poesía china casi desde sus orígenes, y Tao Yuanming la llevó a su más alto grado de refinamiento y conceptualización, por lo cual la historiografía literaria lo reconoce como el padre del llamado estilo “de la estancia” o “del campo y el jardín”, en tanto que su coetáneo Xie Lingyun es reputado como el iniciador del estilo poético “de montañas y aguas”, otro modo de aproximarse al entorno.

No fue Tao Yuanming el primer poeta chino que escribió sobre el retiro de la vida pública; su individualidad estriba en que él subvirtió el vocabulario convencional y las imágenes consabidas dentro del tema y desplegó una voz diferente: la de un hombre que medita y, a un tiempo, elabora una autobiografía poética de nuevo tipo, más construida que propiamente documental, como sostienen Kang-I Sun Chang y Stephen Owen en The Cambridge History of Chinese Literature. No obstante, esa construcción es un inventario, también, del aquí y ahora del poeta, solo que en vez de la denuncia social directa o satírica, lo histórico-político se convierte en un casi invisible telón de fondo y se priorizan las angustias existenciales del individuo y la reflexión acerca de cuestiones más “trascendentales” como el conocimiento, la felicidad o la muerte.

Desde el punto de vista temático ocupan, además, un lugar importante en su obra las reuniones con los amigos, el vino y la familia. Introduce, incluso, nuevos tópicos en la poesía china como la mendicidad, las mudanzas de casa, el cultivo del arroz seco, el uso de las fechas en el cuerpo de los textos o en sus títulos a manera de “documentación” del poema, y la referencia continua a sus lecturas y autores preferidos, con los cuales dialoga en el fondo y en la forma.

La sencillez del lenguaje empleado por Tao Yuanming difiere bastante de la sofisticada escritura de sus coetáneos que, sin embargo, resulta muy inferior en la complejidad del pensamiento y de las emociones expresadas. La amenidad y la fuerza de la mayoría de los textos llegados hasta nosotros (alrededor de 130 entre los escritos en verso y en prosa) dejan clara evidencia de un espíritu atento que se propone resaltar los valores de lo privado ante lo público y la libertad de elección y de conciencia como el más elevado bien del hombre.

Entre esos textos en prosa destaca uno en especial: “El arroyo de los melocotoneros en flor”. Esta pieza es una de las más apreciadas en la literatura china y describe una colectividad utópica de hombres y mujeres que han huido de los desmanes de la política y la corrupción y viven en una comunidad donde no imperan las jerarquías ni los límites, y todos son felices. Este asentamiento oculto entre las montañas es descubierto accidentalmente por un pescador que convive con sus moradores durante un período. Una vez de vuelta a la sociedad, el pescador trata de guiar hacia el sitio al prefecto de su localidad y a sus hombres, pero por más esfuerzo que realiza no logra dar otra vez con la cueva que marcaba el acceso al mundo maravilloso de los melocotoneros en flor. Con esta breve narración comienza el género utópico en la literatura china, el cual ha tenido múltiples cultivadores a lo largo del tiempo. De hecho, la frase “arroyo de los melocotoneros en flor” se ha convertido en la forma más usual de referirse a la utopía en lengua china.

Tao Yuanming también cultivó el fu, y entre estos vale la pena señalar uno: “Biografía del maestro de los cinco sauces”. En este poema refiere que se desconoce el nombre y el origen del maestro y se le llama así por los cinco árboles que rodean su morada. Describe las características morales del personajes (las suyas propias) y hace patente la voluntad del mismo de pasar en esa irradiante pobreza los días que le restan a su vida.

El título de ese fu ha servido al traductor Guillermo Dañino para agrupar una amplia colección de poemas de Tao Yuanming, sin duda la más completa en español, en un libro publicado en 2005 por la Universidad Católica del Perú: El maestro de los cinco sauces, poemas de Tao Yuanming. Existen traducciones de su obra completa a otras lenguas como el inglés, francés, ruso y japonés. Para la preparación de estas versiones que ofrezco a continuación, he trabajado con traslaciones al francés de Sung-Nien Hsu y Paul Demiéville y al inglés de J. R. Hightower, Tan Shilin y Zong-qi Cai. 

De vuelta al campo

1
Desde niño fui ajeno a la vulgaridad del mundo,
mi naturaleza me hizo amar por instinto colinas y montañas.
Por accidente caí en la red del polvo vanidoso
y como si nada se fueron treinta años.
Los pájaros cautivos añoran sus nidos en el bosque,
el pez en el estanque anhela las antiguas profundidades.
Limpié un terreno en las llanuras salvajes del sur
y estoy aquí, como labrador, de regreso en el campo.
Poseo una casa rústica de ocho o nueve habitaciones
con unos pocos acres de tierra alrededor.
Olmos y sauces sombrean el patio de mi hogar
y melocotoneros y ciruelos crecen frente a mi ventana.
A lo lejos escucho las voces distantes de un caserío,
veo el humo que se eleva de sus chimeneas.
Los perros ladran en los caminos alejados
y un gallo canta encima de un moral.
Mi casa no está sucia por el polvo del mundo
y en sus cuartos vacíos me sobra el tiempo para meditar.
He dejado atrás para siempre la vida enjaulada
y he regresado al fin al seno de la naturaleza.

3
Al pie de la montaña del sur he sembrado habas,
pero las malas hierbas las rodearon enseguida.
Al alba me pongo a escardarlas.
Y no regreso a casa hasta que me alumbra la luna.
El camino es estrecho, las hierbas proliferan,
el rocío vespertino humedece mis ropas.
Pero qué importa el rocío
si cumplo con mi voto de vivir en paz.

Recriminación a mis hijos

Los cabellos blancos me cubren las sienes;
mi carne se pega ya a mis huesos.
Y aunque tengo cinco hijos
ninguno gusta del papel y los pinceles.
A-shu ya tiene dieciséis
y nadie lo iguala en pereza.
A-hsüan trabaja bien
pero no cultiva la literatura.
Yung y Tuan tienen trece cada uno
mas apenas diferencian el seis del siete.
Y Tung-tzu, que casi tiene nueve años,
no hace más que pedir peras y castañas.
Si esa es mi suerte,
¡prefiero vaciar todas las copas llenas!

Bebiendo vino

5
Construí mi casa junto a las de otros hombres,
pero no escucho sus voces ni el sonido de sus carruajes.
¿Quieres saber cómo lo consigo?
Cuando el corazón está alejado del mundo,
todo se vuelve remoto dondequiera que estés.
Corto crisantemos junto a la cerca del este,
a lo lejos contemplo la montaña del sur
que se vuelve apacible bajo el sol del crepúsculo,
como bandadas de aves que vuelven a sus nidos.
En esas cosas hay una auténtica verdad.
Quiero explicarla, pero he olvidado las palabras.

 

7
El color de los crisantemos de otoño es exquisito,
corto unos pétalos bañados por el rocío.
Los dejo que floten en mi remedio contra los dolores
y hacen que me sienta todavía más alejado del mundo.
Aunque bebo esta copa en solitario,
cuando se vacíe escanciaré otra y otra.
Al atardecer, todo movimiento tiende al descanso
y un pájaro canta mientras vuelve a su nido.
Silbo complacido en la veranda del este
y disfruto de esta vida una vez más.

9
Al alba escucho llamar a mi puerta,
me visto rápidamente y abro.
“¿Por qué me traes todo esto?”, pregunto.
El viejo agricultor me colma de cuidados,
cree que me falta el alimento y, desde lejos,
viene a visitarme y me trae una jarra de vino.
“Tú”, me dice, “andas en harapos
y vives bajo un techo de paja;
esta vida es indigna de ti.
Si los demás intentan salir adelante,
me gustaría que los imitaras”.
“Estoy conmovido por tu consejo,
pero no puedo ir contra mi naturaleza.
Podría aprender a conducir un carro,
pero domar mi corazón sería engañarme.
Mejor bebamos juntos este vino,
¡porque no cambiaré nunca de conducta!

Mudanza

1
Desde hace muchos años quiero vivir en la aldea del sur,
no por sus bellas casas, sino por la simplicidad de la gente,
que viven día y noche en una sana alegría.
Luego de soñarlo por años, finalmente puedo mudarme.
Aunque la casa es pequeña, ¿quién necesita una enorme?;
es suficiente que quepan camas y esteras.
Los vecinos me visitan y cantan,
hablamos con nostalgia de los tiempos antiguos.
Nos deleitamos juntos con viejos poemas
y nos explicamos partes que no habíamos comprendido.

2
Primavera y otoño ofrecen los mejores días
para ascender montañas y escribir nuevos poemas.
En cada puerta nos saludamos con cariño
y si hay vino se comparte entre todos.
Luego de trabajar el campo todo el día, vuelvo a casa
y mientras descanso, pienso en algún amigo.
Cuando esto pasa, me visto y voy a visitarlo
y no paramos de hablar y de reír.
Este tipo de vida no lo cambio por nada,
cuanto necesito lo tengo ahora aquí.
Es cierto que la ropa y la comida son necesarias,
pero si aro estos campos, el trabajo nunca va a engañarme.

Cuerpo, sombra y espíritu

1. El cuerpo habla a la sombra
Cielos y tierra por largo tiempo perduran,
montañas y ríos no cambian ni un momento.
Hierbas y árboles poseen el principio de lo permanente,
escarchas y rocíos los hacen florecer y marchitarse.

Al hombre llaman la máxima inteligencia y sabiduría
y es el único que no puede recuperar la vida.
Se le encuentra una vez en este mundo
y de pronto se va sin fecha de retorno.

¿En alguna ocasión es notoria su ausencia?
Los que lo conocían cuánto van a extrañarlo.
Solo deja detrás las cosas de su vida
y llanto en las pupilas de los seres queridos.

No poseo el arte de ser un inmortal.
Seguro que es así. No tengo dudas.
Deberías escuchar bien mis palabras:
cuando tengas buen vino, no dejes que se escape.

2. La sombra responde al cuerpo
No se puede opinar de retener la vida;
para cuidar la mía no soy capaz de nada.
Me gustaría viajar por los montes Kun y Hua,
pero quedan muy lejos y los caminos son malos.

Desde que tú y yo nos hemos conocido
compartimos las penas y los júbilos.
Si tú estás en lo oscuro parecemos distantes,
pero a la luz del sol nunca nos separamos.

Esta compañía no puede durar siempre,
un día entraremos juntos en lo negro.
Con la muerte del cuerpo se perderá tu fama,
pensar en ese día amarga mis sentidos.

El que hace buenas obras provoca un buen recuerdo,
en buscarlo uno pone todas sus energías.
El vino, como dicen, disipa las tristezas,
pero, ¿qué vale el vino al lado de la fama?

3. El espíritu explica
La rueda del Gran Alfarero es imparcial,
todo por sí mismo nace y crece.
Si el hombre es una de las Tres Potencias,
¿no soy yo, el espíritu, la causa?

Aunque en esencia somos desiguales,
nacimos estrechamente unidos,
ligados por efectos de actos malos y buenos,
¿por qué no habríamos de hablar entre nosotros?

Los Tres Emperadores fueron grandes y santos
y ahora no sabemos dónde están.
El ancestro Peng amaba su edad eterna,
pero siguió su curso y no pudo quedarse.

Los viejos y los jóvenes mueren la misma muerte,
los sabios y los tontos van al mismo destino.
Cada día borracho tal vez pueda olvidar,
¿no será ese un modo de apurar la vejez?

Las obras buenas provocan alegría,
mas, ¿quién podrá elogiarlas?
Mucho pensar derrota mi existencia,
apropiado es dejarse llevar por el destino.

Dejémonos llevar por el Gran Cambio
sin grandes entusiasmos ni temores.
Si hay que acabar, entonces acabemos
sin que esto nos inquiete demasiado.