Datos biográficos:
Segundo Obispo de La Habana. Gobernó la diócesis durante 30 años y fue uno de los artífices del proceso de renovación del pensamiento, la educación, la salud pública y la beneficencia en Cuba.
Nació el 20 de abril de 1756 en Arróyabe, Álava, Calahorra, España. Su familia, por padre y madre, pertenecía a la nobleza vasco-alavés y varios de sus miembros siguieron la carrera eclesiástica.
Al valorar la formación del futuro obispo debe tenerse en cuenta que las provincias vascas constituyeron una especie de puerta de entrada de las ideas de la Ilustración en España. En ellas surgió la primera de las Sociedades Patrióticas, que se convertirían en instrumento esencial de los intentos de renovación de pensamiento, la educación y la sociedad española en sentido general. Espada cursó estudios en Salamanca, uno de los principales centros de desarrollo de las ideas en la Península, posiblemente en la Universidad, en el colegio de Santa María de los Ángeles y en el Mayor de San Bartolomé, del que se afirma llegó a ser Rector. AL parecer, tomó partido tempranamente por el movimiento modernista ilustrado, como lo muestra su incorporación a la Real Sociedad Patriótica de Salamanca.
A los 26 años inició su carrera sacerdotal al ser ordenado presbítero por el Obispo de Segovia. Sucesivamente ejerció las distintas funciones. En enero de 1792 fue nombrado Provisor y Vicario General de la abadía y territorio de Villafranca del Vierzo, donde se estima dio sus primeras lecciones de filosofía, en la colegiata de la Asunción. En junio de 1799 fue nombrado Promotor Fiscal del Santo Oficio de Mallorca. José de la Luz y Caballero afirmaba que de esa época databa la licencia que recibió para leer «libros prohibidos». Entre las preferencias de Espada encontramos a los fisiócratas españoles, los enciclopedistas franceses moderados, los autores de la Iglesia que concuerdan con estas corrientes, los reformistas españoles y los clásicos grecolatinos. Posteriormente fue propuesto para provisor del obispado de Chiapas, pero nunca llegó a ocupar ese cargo.
Como resultado de esta etapa, Espada adquirió una amplia experiencia eclesiástica, un profundo conocimiento de las leyes canónicas y civiles, adquirió habilidades como profesor de filosofía y devino un hombre a la altura de los conocimientos de la época y partidario de las reformas de la educación, de las costumbres, de la vida social y de la economía, influido por la Ilustración y las ciencias modernas.
Tras la muerte del primer obispo de La Habana, Felipe José de Trespalacios, Espada fue propuestopor la Coronapara ocupar la sede vacante. El nombramiento se produjo el 11 de agosto de 1800 y el 15 de diciembre lo participó al cabildo habanero, que tomó nota en sesión de 7 de julio de 1801. Llegó a La Habana el 25 de febrero de 1802 y fue consagrado en la catedral el 28 de febrero siguiente, por el habanero Mons. Luis Ignacio María Peñalver y Cárdenas, arzobispo designado de Guatemala. Ese mismo año fue nombrado socio honorario de la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, cuya dirección asume en 1803.
Desde los inicios de su episcopado, Espada desarrolló una constante actividad dirigida a regular el funcionamiento de la Iglesia. Para ello emitió una serie de edictos contra costumbres entronizadas en el obispado, como el Edicto de campanas y el Mandato contra los matrimonios clandestinos. En 1803 comenzó una visita pastoral que culminó en al año siguiente y tuvo como resultado la elaboración de un informe que denominó Diezmos reservados (1808). Desarrolló la red parroquial de la diócesis, reforzando la presencia institucional y las posibilidades de regular el cobro de los diezmos, lo que lo condujo a conflictos con los plantadores azucareros.
La compleja coyuntura creada por la ocupación napoleónica en España y la guerra popular de liberación (1808-1814), permitió a Espada manifestar las tendencias moderadamente liberales de sus ideas políticas. En 1810 abogó por la autonomía de Cuba, en consonancia con los intereses de las elites criollas. En 1811 emitió una carta pastoral en la cual exhorta al patriotismo y expresa el deber de los reyes para con sus vasallos. En 1812 respaldó activamente la Constitución de Cádiz, cuyo juramento en La Habana presidió. Tras la restauración absolutista de 1814, publicó una carta pastoral en que manifiesta su rechazo a la solución independentista para Cuba.
En 1820 la Sociedad Económica le solicitó la creación de una Cátedra de Constitución que el obispo encargó al presbítero Félix Varela y Morales, figura clave en la historia cultural y política de la época en Cuba. Ese mismo año defendió públicamente el régimen constitucional y las libertades públicas, y en 1824 emitió una pastoral pidiendo clemencia para los liberales ante la nueva restauración del absolutismo.
Esta actitud provocó graves acusaciones que condujeron una orden de arresto y envío a España contra el obispo, suspendida temporalmente en 1825 ante su delicado estado de salud y anulada definitivamente en 1830. No obstante, en 1828 el Vaticano había abierto un proceso contra Espada, también resultado de las acusaciones de sus enemigos, que lo tildaban de jansenista, hereje y masón.
Su salud continuó empeorando en esos años, y en 1830 sufrió un primer ataque de apoplejía. Un segundo ataque provocó su muerte, el 13 de agosto de 1832. El 17, en la Catedral de La Habana, fueron celebrados la misa y los oficios fúnebres por Juan Bernardo O’Gaban. Fue sepultado en el primer patio del cementerio que él fundara. En 1881 sus restos fueron trasladados al nuevo Cementerio de Colón.
La formación ilustrada de Espada permite comprender su temprano interés por introducir reformas en diversos ámbitos de la vida social de su diócesis: salud pública, beneficencia y educación, entre otras. Todo se integraba en un proyecto de signo opuesto al desarrollo esclavista cubano de la época y los intereses de las elites azucareras. Este proyecto quedó perfilado, como resultado de su visita pastoral de 1803-1804, en el informe Diezmos reservados. Espada critica en él tanto la esclavitud, cuya eliminación propone, como el latifundio y el desmedido interés en la producción azucarera, que consideraba nocivo para el logro de la «felicidad» del país. A cambio, aboga por una agricultura diversificada y centrada en las necesidades de la población, la pequeña propiedad agraria, la inmigración familiar europea y el desarrollo de las manufacturas.
Entre las más importantes contribuciones de Espada en al mejoramiento de las condiciones sanitarias de la diócesis estuvo la creación del primer cementerio público de La Habana (1806), fruto en buena medida de su esfuerzo personal y conocido como Cementerio de Espada. Con ello puso fin en la ciudad a la larga tradición de enterramientos en las iglesias, con su secuela de insalubridad, aunque tuvo que afrontar la oposición de parte del clero y los conventos, sobre todo por los beneficios pecuniarios asociados a la práctica anterior.
También resultó importante la estrecha colaboración de Espada con el doctor Tomás Romay y Chacón en la campaña por la aplicación de la vacuna contra la viruela. Los recursos del obispado, en buena medida, financiaron las expediciones por el país para garantizar que la vacunación alcanzara a la mayor cantidad de personas. Ante la resistencia de ciertos sectores, el obispo emite una pastoral en la que exhorta al uso general de la vacuna mediante una explicación de sus beneficios.
Espada modernizó las instituciones de beneficencia existentes en la diócesis, en la que persistían prácticas medievales. Unificó la Casa de Niños Expósitos, la de Beneficencia y la de Recogidas en una sola institución. Para la atención de los enfermos mentales, que en la época deambulaban por la ciudad sin atención alguna, concibió la construcción de un edificio que los albergara de modo independiente, con la atención requerida. Inaugurado en 1827, el asilo de dementes sería conocido con el nombre de San Dionisio. En el colegio de niñas de San Francisco de Sales implantó las visitas a las pupilas y las incorporó al mundo después de terminados sus estudios. Al graduarse, las huérfanas recibían una dote para facilitar su casamiento o asegurar su porvenir.
Otro de los focos de atención del obispo fue la cárcel de La Habana. En concordancia con el ideario ilustrado, el obispo presentó un plan de mejora del sistema penitenciario dirigido a la rehabilitación del delincuente, basado en el trabajo y el aislamiento, elementos indispensables de la concepción espadista.
La enseñanza elemental en la época en que Espada asume el gobierno del obispado era objeto de duras críticas por parte de la elite reformista ilustrada criolla. La acción del obispo en esta esfera estuvo dirigida a la estimulación de maestros y estudiantes por diversas vías pero, sobre todo, a la modernización de las concepciones pedagógicas imperantes. Para ello envió a España al entonces profesor de filosofía del Seminario de San Carlos y San Ambrosio, Juan Bernardo O´Gaban, a estudiar en España el sistema pedagógico pestalozziano, con el objetivo de aplicarlo en las escuelas cubanas. Luego promovió el denominado método lancasteriano con el mismo fin.
En los niveles superiores de educación, Espada fue el promotor de los inicios de una renovación profunda de los estudios filosóficos, así como de la introducción del estudio de ciencias como la física, la química y la botánica. El control ejercido por el obispado sobre el Seminario de San Carlos permitió que Espada lo convirtiera en verdadero centro de esta renovación, apoyado en figuras como José Agustín Caballero y Félix Varela y Morales. Junto a este grupo de ilustrados criollos, atacó las bases del escolasticismo predominante hasta entonces en el pensamiento y los centros de enseñanza insulares. Promovió la renovación también en las artes, sirviendo de mecenas a artistas extranjeros como José Perovani y Juan Bautista Vermay, que satisfacían su gusto neoclásico y a quienes encargó varias obras. El último, en una iniciativa del Intendente de Hacienda Alejandro Ramírez apoyada por el obispo, fue el fundador de la escuela de pintura de San Alejandro en La Habana.
Juan José Díaz de Espada fue una de las más importantes figuras de la primera mitad del siglo xix en Cuba. Su labor renovadora y modernizadora se considera en la actualidad una pieza clave en los inicios del proceso de formación de una cultura y un pensamiento cubanos.
Bibliografía activa:
- Obispo de Espada. Papeles. Ensayo introductorio selección y notas Eduardo Torres-Cuevas. Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 1999. (Aquí pueden encontrarse todos los escritos de Espada)
Bibliografía pasiva:
- Torres-Cuevas, Eduardo. «Hacia una interpretación del obispo de espada y su influencia en la sociedad y el pensamiento cubanos», en Obispo de Espada. Papeles. Ensayo introductorio selección y notas Eduardo Torres-Cuevas. Ediciones Imagen Contemporánea, La Habana, 1999.
- Figueroa y Miranda, Miguel. Religión y política en la Cuba del siglo XIX: el obispo Espada visto a la luz de los archivos romanos, 1802- 1832. Ediciones Universal, Miami, Fla., 1975.
- García Pons, César. El obispo Espada y su influencia en la cultura cubana. Ministerio de Educación, La Habana, 1951.
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