Perteneció a una acaudalada familia matancera. Se educó en el colegio de Santa Clotilde, en Matanzas. A los quince años hizo un breve viaje de recreo a Estados Unidos. Ofrecía tertulias literarias en su casa matancera, a la cual solían asistir, entre otros, Nicolás Heredia y Vidal Morales. Contrajo matrimonio con el erudito y bibliógrafo José Augusto Escoto, en cuya Revista histórica, crítica y bibliográfica de la literatura cubana apareció publicada su carta “A María” [1 (3): 291-301, 1916], donde se refiere a las causas de la locura de José Jacinto Milanés. También colaboró en El Fígaro, en Archivos del Folklore Cubano y en la Revista Bimestre Cubana, que publicó sus “Memorias de Lola María” entre 1928 y 1929.
