Varela Morales, Félix (1788 – 1853) Sacerdote, intelectual, educador, filósofo político y revolucionario cubano. Desarrolló un sistema filosófico propio, publicó en distintos órganos de prensa y fue una de las personalidades que se planteó la abolición de la esclavitud y la independencia de Cuba.
Nació en La Habana el 20 de enero de 1788. Luego de perder a su madre, quedó al cuidado de la familia materna, y siendo aún muy pequeño, marchó a la Florida, a donde habían sido destinados su padre y su abuelo, el coronel Bartolomé Morales y Remírez. Allí se educó entre sacerdotes católicos irlandeses de ideas liberales, como Miguel O’Reilly, que incidieron notablemente en su formación patriótica y antirracista. Regresó a La Habana en 1801 y en ese mismo año ingresó en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. Allí fue discípulo de José Agustín Caballero, quien comenzaba a objetar los principios escolásticos, y de Juan Bernardo O’Gavan, divulgador del pensamiento burgués ilustrado. Desde 1804, simultaneó sus estudios de bachiller en Filosofía en el Seminario con los de la Universidad y concluyó ambos en julio de 1806. Poco tiempo antes había recibido la primera tonsura de manos del obispo Espada y Landa. El grado de licenciado en Filosofía lo recibió al año siguiente y el de bachiller en Teología en 1808. Dos años después se le concedía el diaconado.
Paralelamente a sus estudios, se inició como profesor de Latinidad en el Seminario, y en 1811, con dispensa por minoría de edad, se le otorga en propiedad, la cátedra de Filosofía en ese plantel y el presbiterado. Varela introdujo la enseñanza de la Física y la Química experimentales y fue el primero en impartir sus clases en español.
El nuevo movimiento constitucional de 1820 en España, abrió las puertas a la Cátedra de Constitución. Ocupada por Varela mediante designación del obispo Espada, esta significó su entrada en la vida política. La relevancia alcanzada por su labor condujo a su elección como diputado a Cortes en 1821. Viajó a España, donde presentó tres importantes proyectos, que no fueron aprobados. En diciembre de 1822, entregó el Proyecto de instrucción para el gobierno económico-político de las provincias de Ultramar, conocido como Proyecto de Ultramar o Proyecto de Autonomía Rodríguez, en el que se planteaba la autonomía de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El segundo fue el Dictamen sobre el reconocimiento de la independencia de los territorios de Iberoamérica, fechado el 31 de julio de 1823. Varela se afilió al sector más radical dentro de las Cortes constituciones, por lo que tuvo que huir de España tras el regreso de Fernando VII, quien ordenó la confiscación de bienes y la pena de muerte por traición contra los diputados que votaron por su destitución. Así, fue a Marruecos, luego a Gibraltar y por último a Estados Unidos.
Junto a Tomás Gener y Leonardo Santos Suárez, desembarcó en Nueva York el 17 de diciembre de 1823. Llegó a los Estados Unidos con plena conciencia del carácter reaccionario del absolutismo español y su pensamiento se había radicalizado hacia el independentismo. Por ello, se dedica a la publicación de El Habanero, periódico que circulaba clandestinamente en Cuba. En Filadelfia publicó los tres primeros números y otros cuatro en Nueva York, en 1825 y 1826. Tradujo el Manual de práctica parlamentaria, de Thomas Jefferson, y los Elementos de Química aplicada a la agricultura, de Humphrey Davy y colaboró con su discípulo y amigo José Antonio Saco en la redacción de la revista El Mensajero Semanal (1828-1831). En 1829 publicó en Nueva York la primera edición de las Poesías del cubano Manuel de Zequeira y Arango y sacó a la luz tres ediciones que fue perfeccionando de sus Lecciones de filosofía. En 1827 fundó su parroquia en la Iglesia del Cristo, el cuarto templo católico de la ciudad, que luego se trasladaría a la Iglesia de la Transfiguración (1836). En 1835 fundó un asilo para hijos de viudas pobres, y fue reconocido por su dedicación a los más necesitados, especialmente entre los inmigrantes pobres. Se distinguió, durante el ejercicio de su ministerio sacerdotal, por su piedad, su austeridad y su generosidad sin límites. Su prestigio le valió la designación como Vicario General asociado de la diócesis y representó al obispado de Nueva York en los concilios de Boston (1837) y Baltimore (1846). Fue colaborador de los principales periódicos religiosos de la ciudad, donde sostuvo sus puntos de vista frente al protestantismo. En 1830 publicó una serie de seis folletos titulada The Protestant’s Abridger and Annotator, en el que defendía la fe católica frente a los ataques de los protestantes. Entre 1835 y 1838 aparecieron sus Cartas a Elpidio, un verdadero compendio de ideas acerca de la moral y la formación del individuo. Durante la década de los cuarenta afrontó a la corriente ideológica anexionista y mantuvo su convicción independentista. Recibió el grado de doctor en teología y fue coeditor de una revista mensual católica entre 1841 y 1843. Su salud se quebrantó con el riguroso clima de Nueva York, pues el asma que padecía desde su infancia se le había agravado con el crudo invierno. Viajó al sur en la temporada invernal e hizo varias visitas a Charleston y San Agustín, en busca de reposo a sus ataques de asma agravados por el clima del Norte. A principios de 1850, resentida nuevamente su salud, marchó a San Agustín de la Florida, Estados Unidos, donde sería acogido por el sacerdote francés Edmund Aubril hasta su fallecimiento18 de febrero de 1853. Sus restos fueron trasladados a La Habana en 1911 y desde el año siguiente reposan en la Universidad, depositados en el Aula Magna de dicha institución. La máxima distinción cultural que otorga el estado cubano lleva su nombre.
Su pensamiento influyó notablemente en discípulos como José Antonio Saco y José de la Luz y Caballero, y especialmente en José Martí.
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