Con El baile me propuse una estructura muy abierta, que no había
trabajado nunca, utilizando largos monólogos, lo cual me provocaba un terror tremendo, pensar en cómo montar esos monólogos y mezclar en una obra elementos político-sociales y una historia sentimental y romántica. Aunque yo creo que eso estuvo siempre en la génesis de mitología teatro, porque si uno piensa en
El robo del cochino, es una especie de melodrama, asentado sobre una base de reflexión político-social. El montaje lo hice con buenos actores, con los que por suerte siempre cuento. (...) Entonces, trabajando a partir de
experimentaciones y de lo que los actores van logrando en ellas hago mis montajes. Yo siempre hablo de mitología insatisfacción. Creo
que con
El baile logré acercarme a lo que yo quería.