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"Sus sentidos se aferran con avidez al mundo que se le escapa entre las manos y que él lucha por retener. Su agonía no es la del místico, sino la del mortal convencido de que no hay nada más que lo que tiene ahora. Y es precisamente en esa sensualidad suya donde aflora su índole de cubano gustoso de su paisaje, de su gente y de su historia."
"Solemos pensar como sinónimo de poesía cubana el color, sabor, olor y música de Nicolás Guillén, la heroicidad de Martí o esos murales casi tridimensionales y mágicos de Lezama Lima. En cambio, Antón Arrufat se sienta solitario en el Malecón frente al mar y casi calla en lo que dice y dice con sus silencios."
"El trabajo [de Arrufat] de tantos años, tiene la fuerza y la levedad suficientes para haber resistido y vencido todos los intentos y los conciliábulos de negación, vilipendio o condena. Mucho tiempo ha transcurrido, agua bajo los puentes, sequía en los arroyuelos, ruido, algarabía. (...)Arrufat se ha mantenido en vela; crea, toca y retoca para llegar al pulimento terso de sus letras y, por eso y por muchas cosas más, obliga, mandato exigente o gozoso, a volver sobre sus libros con mirada alerta y justicia crítica."
"No conozco en nuestra literatura otro ejemplo de la historia de una familia puesta en verso[Piñera se refiere al poema"Repaso Final"](...)Si añadimos que esta misma historia de su familia es el asunto de su novela La charanga (aún inédita y de la que ya se han publicado varios capítulos) y de su pieza de teatro El vivo al pollo, tendremos que convenir en que le ha sacado todo el aceite a la aceituna."
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