++++++++++++++++++++++++++++-********************************************----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------+*- Fragmento de la narrativa de Antón Arrufat
PREMIO NACIONAL DE LITERATURA
REGRESO A CubaLiteraria
 
 
REPASO FINAL
 
 



La Habana, 1963

1

Mi familia muerta está sentada en la sala
y conversa de las cosas del día.

Por esta calle arrastran muertos
—dice mi madre donde está ahora—
viendo pasar los muertos y las coronas.

Mi familia muerta está sentada en la sala.

Mi tía con sus largos brazos
y el pelo teñido, recordando.
Juan dijo que vendría a buscarla
y nunca volvió. Ella lo vio
con otra mujer y con el niño.
Juan dijo que vendría a buscarla
—repitió la familia.

La mesa con el búcaro y las flores
de papel, el radio viejo y el bastón.

Dios de la vida, exclama mi padre,
Y recoge los restos del día.
Quisimos hacer nuestra vida
a golpes, mientras sonaba
el reloj del comedor.

Mi familia muerta está sentada en la sala.

¿No irás al cine esta tarde
antes de la comida?
Al cine, mirando sus vidas,
sin que puedan cambiarlas,
con los ojos vacíos,
en la vigilia, cuando
crecen las uñas y el pelo de mi madre
es una cabellera sobre los huesos apagados.

Yo pienso en ella y no sé si llorar.
Si las imágenes alcanzaran la resurrección.

Sombras mías, ruinas que no podré rescatar,
manos sin huesos, pies que no caminan
y dejan olvidados los zapatos.

Sombras que no necesitan la oscuridad.
Aparecen bajo el sol, en las tardes,
sin que las invoque, cuando me levanto
despierto en medio de las luces.

Escucha, mi familia:
estoy aquí donde no hay nadie, viviendo
por ustedes, arrastrando los muertos,
y los miro entrar con las puertas cerradas.

Escuchen, sombras mías: en los sillones
que no encuentro, la noche viene
para apagar los trajes y las begonias.


2

Y dijeron:
"Vamos a pasear al Caney,
a ver la quinta."
En ella quisimos vivir,
pero era de otro. Sólo
pasábamos, y luego
su imagen nos acompañaba.
La quinta, la quinta del Caney.
Vivir por imagen, anhelantes,
es extender los dedos en el vacío,
jugar con cartas invisibles,
y tan resplandecientes sin embargo.
Es humo, el humo más verdadero:
siempre va con nosotros.
El nombre es un conjuro:
la quinta, la quinta del Caney.
Todo lo que uno quiere, ya es de otro.
Anhelantes, por imagen. Pasar.
En ella quisimos vivir,
con el árbol sagrado en el centro.
junto a esta puerta que se abre,
y entramos. Voy hasta el río
del fondo. En los traspatios
las flores permanecen encendidas.
Esperan las cosas que no tuvimos.

Siempre están, a veces nos saludan,
otras, suelen poner un ceño adusto.
O lanzar violentas carcajadas.
Siempre están, y nosotros pasamos.
Déjenme aquí. No quiero volver a casa.
Déjenme mirar esta dicha.
Confórmate con llevar una flor,
dice mi madre y me arrastra.

Pasa mi padre en una barca
por el río, con su maleta en la mano:
«¡Vendo telas baratas!»
Pasa mi padre otra vez
con la cabeza cortada en las manos.

«Vámonos, muchacho. Va a comenzar
la iniciación.»

El árbol cruje. Se oyen
las plegarias cerca de la potencia.
Recojo los pedazos de mi padre
dispersos en la tierra,
al pie de las escaleras remotas.

Entomiñán afomá sere ebión endafión
umbrillo atrogo boco macaire...

Entra desnudo, descalzo, con los ojos
vendados, entra en el tiempo del rito.
Escupe el mayordomo el aguardiente
de rodillas, invoca a los astros,
pide permiso al viento y golpea
el tronco y mi cara con el gajo de albahaca.
Traza en el árbol los signos simbólicos.
Oigo cantar el gallo, lo cuelgan
a mi cintura. De pie dibujan en mi frente
una cruz amarilla. Frotan mi cuerpo
con el yeso blanco de la muerte.

¿Quiénes marchan a mi lado?
Escucho pasos que crecen a mi espalda.
Brillan en esta luz los huesos
que no han podido enterrar.
¿Quiénes marchan a mi lado?
¿Quiénes, que no he visto al volverme,
empujan ese carro en la sombra?
Alguien al pasar me entrega la llave.


3

Él vio otra Isla en el destierro
cuando todas las cosas se han perdido.

Muertos sin nombre, cubiertos de cal,
que sus familias no pudieron velar.
Entierran los féretros vacíos.
No vieron más sus caras, no
les pusieron el último vestido,

Esclavos en los blancos portales
llevan las luces, empujan los carros,
edifican sus cárceles y torturas.

Ellos también hablan perdido su país natal.
(Los desterrados se entienden con un gesto.)
Con él soñaron un país
que no existe. Lo vieron
en sueños distintos, en camas
de hojas, en la tierra, en la nieve,
en el monte que es nuestro.

¿Dónde, oh sombra enemiga, dónde el ara
digna por fin de recibir mi frente?

El litigo flagela, el verdugo prepara el patíbulo.
Ya es hora de empezar a morir.

No olvidaremos
el ronco sonido que devuelven sus pechos,
temblantes bajo el peso del verdugo.

Él vio otra Isla en el destierro.
Ellos la vieron empuñando las armas,
tocando las campanas, a caballo,
para hacerla en el tiempo real.


4

Eras tú el niño que golpeaban
en el parque. Llevas el pan
con mantequilla, el medio en el bolsillo.

¿Hasta cuándo?
¿Cuándo es el tiempo tuyo?

Sube esas escaleras y recuerda
altares encendidos, incienso.
Muy pálido y blanco, siempre
un poco alejado, avanzas por la senda.
El órgano a tus espaldas, a tus espaldas;
la mirada febril y conmovida de tu madre.

Los párpados bajos, siempre un poco alejado.
Escupe sobre esa piedad. Han dicho
que nunca podrás ganar la confianza.

¿No fueran para ti las cosas?
A tus espaldas, siempre a tus espaldas.

Mí familia muerta está sentada en la sala.
No hablamos de nada cruel. Quizá no
comprenden.
Quizá no te han mirado a los ojos turbios.
No han visto tu boca de disimulo, irritada.
No hablamos de nada cruel, ¿recuerdas?

Tú, a quien el cura señala, el de las manos
inútiles, el que su padre oculta.
Yo, el muñeco de trapo en el fondo
de la casa, profanando con la mirada.

¿No te dijeron?
¿Cuándo es el tiempo tuyo?

He llenado todos los expedientes,
esperé en todas las salas de consulta.
Esas manos, que nunca
de veras estrecharán las mías,
marcaron mi cuna con una señal de ceniza.
Sus bocas rompieron a reír.

Todo el que quiera puede detenerme
y dejarme en la cárcel.

¿No profanaste las cosas?

El cura abre tu estómago, hunde
sus dedos puros y pregunta: ¿dónde está tu
alma?
Qué infiernos presentiste en las sábanas.
Toda una noche: ¿dónde está tu alma?
Te obligaron a disfrazarte de impuro.
Desnudo, te arrastran en un coche de clavos.
Vestido, conocerás la vida a sus espaldas.

¿Cuándo es el tiempo tuyo?

Tienes sin embargo los ojos
para la vida,
tienes sin embargo la boca
para el beso,
y tienes la palabra.

Ese ciego que pasa, ¿no es más feliz?
Toquen las maracas y los tambores
que para mí no hay fiesta.


 

Redacción Editorial: Odenis B. Mesa

Corrección editorial: Nora Lelyen

Diseño Web: Jorge Rodríguez Créditos...