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"...
al demandarme los editores que les sugiriese un título común para
los tres libros en los que Política, Economía y Problemas Culturales
aparecen agrupados como temas céntricos, brotó casi espontáneamente
ése de Letra con filo. En lo interior de mi ser, habría querido
poder decir que esa letra tiene "filo, contrafilo y punta". Pero
no me atreví a tanto. Luego, hurgando papeles viejos para contribuir
a seleccionar entre ellos los que tenían cierta dignidad mínima,
me encontré con que hace cincuenta años, al explicar los propósitos
de la revista Segur, que fundáramos en Cienfuegos un grupo
de jóvenes escritores y artistas, explicaba yo que se trataba de
una "revista segadora" y añadía: "con esa letra afilada que cada
día se va haciendo más imprescindible".
Contraportada
de Letra con filo
A
mí me parece que los organismos de cultura, efectivamente, deben
mantenerse vigilantes con respecto a la calidad de los espectáculos
[...] Habría que decir, sin embargo, que en su trabajo necesariamente
tienen que afrontar ciertas dificultades [...]. De una parte, existe
el peligro de la invasión administrativa en la esfera del arte [...]
Porque en ese caso puede ocurrir que los gustos individuales de
los funcionarios se conviertan, por obra y gracia de la autoridad,
en gustos nacionales. Uno de los problemas más importantes del socialismo
que todavía no está resuelto es el de encontrar los caminos, al
mismo tiempo democráticos y técnicos, para conciliar la necesaria
libertad con la disciplina que toda sociedad tiene que tener, sobre
todo en materia de arte, en materia de edición de libros.
[...]
Nosotros
creemos que el poeta puede compartir perfectamente bien sus obligaciones
de revolucionario y de poeta, sin necesidad de que en cada momento
de su vida poética su proyección sea una proyección de temática
revolucionaria. Refiriéndonos a la plástica, habría que enfocarlo
-a nuestro juicio- de una manera similar.
[...]
Objetivo
del arte revolucionario es que la expresión artística llegue al
pueblo. [...] Para que el mensaje artístico llegue al pueblo, ¿será
necesario llevar el nivel estético del mensaje al nivel de la comprensión
estética en que se encuentra el pueblo? A nuestro juicio no sería
lícito hacerlo. Hay que entender el proceso artístico en el mundo
socialista como un proceso de ascensión permanente de la comprensión
del pueblo. […] Se trata de ir impregnando a nuestro pueblo, a través
de los Círculos de Aficionados, a través de las creaciones en las
cuales los grandes maestros o los que se creen grandes maestros
pueden ser tan modestos y tan humildes de ir, de contribuir y de
participar, porque, como dijo el compañero Dorticós: "Al pueblo
no se desciende, al pueblo se asciende".
[...]
Ahora,
yendo a otros problemas del arte y a otras expresiones y manifestaciones
del arte, diríamos que no hay "arte reaccionario". Verdaderamente
arte "reaccionario" no lo hay; es decir, que afirmar que tal pintura
es "intrínsecamente reaccionaria", pienso que es un error. […] [D]ecir
que la música de cierto carácter es un vehículo de la contrarrevolución,
no lo creo lícito. Decir que la pintura de cierto tipo es un vehículo
de la contrarrevolución, tampoco lo creo. Creo que lo contrarrevolucionario
sería empezar a perseguir a la gente que pinta de esa manera o que
compone de esa manera, porque creo que ha sido más nocivo para ciertos
países la persecución de determinadas manifestaciones del arte.
Porque, en definitiva, el tachismo, pongamos por ejemplo... (Aplausos.),
el tachismo […], ¿qué daño puede hacerle a nuestros obreros
y campesinos una exposición de pintura tachista, de pintura
abstracta o de pintura "concreta"? A mi juicio, ninguno" […] El
problema que tiene que preocuparnos a nosotros no es que las manifestaciones
supuestamente abstractas del arte desorienten a nuestro pueblo.
Entiendo que el problema es otro, el problema consiste en ir enseñando
a nuestro pueblo a comprender todas las manifestaciones del arte,
incluso las manifestaciones abstractas..."
Problemas del arte en
la Revolución, pp. 40-73
Para
aproximarnos, sin prisa pero sin tregua, a esa más madura Universidad
del socialismo a la que hemos de aspirar, se requiere, desde luego,
la elaboración sistemática de los programas de estudio que la hagan
posible. Pero el cambio dependerá principalmente de los dos elementos
centrales de la Universidad: los estudiantes y lo profesores. Hay
una continuidad intelectual y física en la vida de los estudiantes
desde sus inicios pre-escolares hasta el completamiento universitario.
Pero debemos comprender que política, moral y pedagógicamente, con
el inicio de la vida universitaria, tiene que producirse en el estudiante
una ruptura cualitativa con su propio pasado, un cambio en su proceder,
en su actitud ante la vida, en su asunción de responsabilidades.
(...) El alumno universitario al que tenemos que aspirar es aquel
que comienza a orientarse por sí mismo, que no cree en lo que le
dicen que debe creer sino en lo que pasa a formar parte de sus convicciones
por un proceso de asimilación de nuestros principios y nuestras
ideas. Al inicio mismo de la Revolución, Fidel definió que a nuestros
jóvenes no les decimos: "cree", sino "lee". Y la sociedad comunista
hacia la que nos encaminamos no será nunca posible sino sobre la
base de lograr en ella lo que hemos definido como "el hombre nuevo".
Frente a lo que nos imputan nuestros adversarios, repudiamos como
opuesta al socialismo la comunidad de los autómatas, administrados
por la propaganda o por la imposición, y abogamos por su
antítesis: el hombre pleno, delineado en el Manifiesto Comunista.
Cuando Carlos Marx, al preguntársele cuál era su precepto favorito,
replicó: "De omnibus dubitandum' " (Dudar de todo), no predicaba
el escepticismo como norma, sino nos hacía ver que la duda metódica,
fórmula incompleta del racionalismo cartesiano, es una parte inseparable
del racionalismo materialista que nos guía; que el fideísmo embrutecedor
es el antípoda del marxismo esclarecedor.
"La
Universidad en el Socialismo", en Letra con
filo, T. 3, pp. 578-579
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