"Todo
lo escrito es obra de cuidadosa reflexión. Hasta los discursos
improvisados, surgieron como el brote natural de largas
y extenuantes reflexiones previas. Aprendimos tempranamente
aquellas categorías en que Shopenhauer dividió a los escritores:
«los que escriben sin pensar, los que piensan para escribir
y los que escriben porque han pensado». Y confieso que siempre
deseamos poder quedar inscritos entre los últimos"