A la manera de Manuel Justo Rubalcava
Parece que presiente o adivina
sentada en su balance, humide y arrogante,
embriagada de aromas y a la sombra
húmeda y deliciosa del alero del patio.
Sigue su ritmo sostenido en frutas
que le marcara el duende o el poeta
de su ciudad que la eterniza
y que quizás a ambos
tan tercamente como al viento ignora.
Parece que no duerme o que despierta
del letargo tranquilo de la siesta
y que lenta retoma
la seda en sus colores diferentes
que aprendiendo en tus dedos a ser rosas
logra plasmar el signo indescifrado.
Ahora aquieta la mano con ingenio
elegante, entre sueños o vigilia,
lo contempla, suspira, y acaricia
el enigma morado y liso de un caimito,
mientras el tiempo fija, detiene su labor,
su humanidad, su vida en el bordado.
César López: «La tía Pepilla
borda un ramillete», en Quiebra de la perfección.
Ediciones Uniones, La Habana, 1983