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Mientras afuera el mar golpea las piedras
del Malecón y cuando el frío del Norte lame
con su lengua salada la áspera mampostería
de su casa, César López, ya sea de día y
de noche, puede que ande a la caza de alguna
metáfora, o limpie de adjetivos una estrofa,
o trate de auscultar el sentido a uno de
los textos capitales de nuestra cultura
o entrevea el hilo de una ficción ante la
página en blanco. Todo es lo mismo: «Son
fragmentos de una obra única; así veo yo
mi vocación por la escritura.»
PEDRO
DE LA
HOZ
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Guardar, aguardar en silencio. «Vigilar
el tiempo que transcurre», tal parecen ser
signos reveladores de la poesía y de la
memoria de César López. («Con que también
recuerdo de qué me he acordado», dice San
Agustín.)
EFRAÍN
RODRÍGUEZ
SANTANA
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La obra poética de César López podría
definirse, en un primer intento de aproximación,
como la incansable búsqueda de un destino
histórico, la trascendencia en la inmediatez
y en el decursar de la cotidianidad. Hay
en sus libros, un siempre insatisfecho anhelo
de presencia, una avidez por la perpetuación
de las imágenes del acontecer, signos de
una desesperada vocación intelectiva.
ENRIQUE
SAÍNZ
DE
LA
TORRIENTE
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Sus poemas son intentos lúcidos de detener,
de salvar pequeñas o grandes cosas de la
usura del tiempo y de la rapidez del olvido.
Sus poemas son intentos de halagar el eco
del final de un adiós o de grabar en piedra
la historia de unos pantalones de España
que le han durado más de doce años a todo
llevar, y eso que no eran nuevos. Pero su
poesía es, además, reflexión y conocimiento
de un mundo muy querido, de un país hermoso
y cambiante, herido, siempre alerta como
un precipitado campamento de guerra, un
lugar en donde todo el mundo baila, a veces
bailes bellos y otras veces algún baile
de un son un tanto extraño, e incluso hasta
un delicioso vals imaginario.
JOSÉ
AGUSTÍN
GOYTISOLO
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Es uno de los riesgosos pero urgente
intentos de autosalvación en que está empeñada
la nueva poesía latinoamericana, aquella
para la cual la lección de nuestros maestros
constituye antes un problema que un modo
de resolver nuestros propios problemas de
expresión. Primer libro de la
ciudad no es un libro primerizo,
es una ciudad escrita, el mundo de un poeta
con verdadero talento.
ENRIQUE
LIHN
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[...] No hay que olvidar que Primer
libro de la ciudad es, a fin
de cuentas, un poema histórico o épico-histórico
o que requiere grandes precisiones, a tal
extremo que la menor imprecisión en el lenguaje
lo convertiría, ipso facto, en una
abstracción. Pero López ha sorteado este
escollo utilizando lo que pudiera llamarse
la «aleación» del lenguaje coloquial
y del lenguaje metafórico. Es como si este
texto se fuera del poema a la novela y de
la novela al poema, o para ser más exactos,
como si Primer libro de la ciudad
le dejara al lector la opción
de leerlo como un poema-novela o una novela-poema.
VIRGILIO
PIÑERA
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Con sus libros de la ciudad, Primero
y Segundo, da muestra de una voluntad
de gran estilo, solo comparable a la de
William Carlos Williams en su Paterson,
por el amor que pone en su solar natal;
a la de Pound en algunos de sus Cantos,
por su afán de universalidad y a la de Edgar
Lee Masters en su Spoon River
Anthology, por su simpatía y
comprensión hacia la criatura humana, y
sus logros pueden equipararse con los de
ellos. Y aún temo a la usura.
PABLO
ARMANDO
FERNÁNDEZ
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La imaginación afinada, polifónica,
entramada del poeta César López, me sospecho
que infiere con su título, apoyo de una
continuidad de obra, un modo rectilíneo
de mirar lo aparente y lo misterioso (nada
más sencillo y lineal, nada más coordinado
y sucesivo), a la vez que «otro»
modo de mirar laberíntico, soterrado, imbricado,
donde en verdad este hermoso libro de poemas
suyo cuenta y canta al destartalamiento
de una ciudad y de unos hablantes que se
desdoblan en una especie de «libro
tercero de la ciudad trifurca, la ciudad
formada por tres ciudades». Es más,
tres ciudades que son y no son una, y que
forman parte de una poética dialéctica,
en la que habitan dos figuras simbólicas,
esencias de historias e Historia.
JOSÉ
KOZER
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¿Quiebra de la perfección
o quiebra del coloquialismo o quiebra de
la imperfección? Desde la perspectiva de
1983 la poesía de César López (1933) es
el testimonio lírico de una quiebra, que
por cierto no es la de su propia creación
poética, reconocida entre las más sólidas
y decidoras de su generación. Es la quebradura
por agotamiento de un coloquialismo avecindado
con el prosaísmo que predominó en nuestra
poesía por espacio de una década, y del
que César López fue, a más de impulsor con
su propio verso, voz de pugna, de polémica
y de teorización.
VIRGILIO
LÓPEZ
LEMUS
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El discurso poético de César López,
si bien insiste en referencias y alusiones
al acontecer cotidiano, trasciende lo factual
para guiarnos al encuentro de abismos escondidos
que se abren encima, debajo, detrás, delante
de los meros hechos y en los que alientan
las ambiciones, las pasiones, los temores,
las frustraciones, en fin, todo lo que compone
el magma espiritual de la gente que hace
la historia o que simplemente la padece.
Primer libro de la ciudad,
Segundo libro de la ciudad
y Ceremonias y ceremoniales
son libros en que puede comprobarse lo que
acabo de decir.
MANUEL
DÍAZ
MARTÍNEZ
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Se advierte [en Circulando
el cuadrado] la presencia de
una narrativa que se desmarca de las pautas
imitativas con respecto a lo que podríamos
definir como estética del boom...
NELSON
MARRA
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[Circulando el cuadrado]
obra original y plena de vibraciones fabularias,
fantasiosas y contundentes. Espléndida colección
de cuentos pletóricos de sátira, caricatura
y desafuero, como formas de la risa y la
compasión.
ROLANDO
CAMOZZI
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... el libro de César López, Ámbito
de los espejos, publicado por
Letras Cubanas en 1986, es un disparate,
de esos disparates que nos permiten ser
gracias a la frivolidad metafísica que,
decía Scheler, le es inherente al hombre.
Nadie busque aquí orden ni concierto, ni
desorden ni desconcierto, sino otro orden
y otro concierto, otro desorden y otro desconcierto
que nadie le ha anunciado. Dígase deformación,
caricatura, fantasía, absurdo, técnica,
recursos y no se habrá dicho nada de lo
que nos interesa.
ÁNGEL
ESCOBAR
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César López vive en Malecón 207. A doce
pasos del mar y a 215 metros de la más mentada
funeraria de La Habana. Frente al repello
del portal adusto de su casa, la primera
ceremonia del mundo toujours recomencée;
tras del despotricado pataleo, la mansión
de la última. Él, memorioso, fabula con
ellas y con las que han sido o serán, y
con todas conteniéndose. Sentado en su poltrona
de mimbre evoca a Frank País, invoca un
gesto que le fascinó en Salvador Allende
o convoca su penúltimo diálogo con Julio
Cortázar.
ÁNGEL
ESCOBAR
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Probablemente serás feliz
como todo hombre con mujer como todo hombre
con ciudad
probablemente serás hermoso
como todo ídolo con piedra en la frente
como todo león con su aro de fuego corriendo
por la arena
y levantarás una torre
y protegerás un circo
y darás nombre al séptimo hijo de las familias
trabajadoras.
No importa que en la sombra crezcan los
hongos rosados
si el humo de las fábricas escribe tus iniciales
en
lo alto.
Fragmento
tomado de «Crónica para César»,
de Julio Cortázar
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