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El valle de la Pájara Pinta

Si El cochero azul fue un verdadero éxito, desde el punto de vista editorial y de público, por su condición de pionero de toda una nueva tendencia de conformación artística del relato infantil cubano, a tono con lo más avanzado de la narrativa latinoamericana contemporánea, El valle de la Pájara Pinta lo es doblemente, no por repetir la fórmula, sino por subvertirla, por esa capacidad dual de ser creación y magisterio a la vez.
Amén de que las dos obras posean un mismo proceso épico lineal y una estructura aditiva, en donde el relato realista se imbrica con lo real maravilloso, lo maravilloso hiperbólico y la magia; independientemente de los parentescos formales entre ambas, en El Valle ... confluyen elementos que actúan en favor de un determinado equilibrio expresivo en cuanto al manejo de la tensión dramática y de los recursos propios de la narración, una mayor soltura en las formas genéricas y elocutivas utilizadas, así como en el desarrollo de la trama y su desenlace, no conseguido del todo en el texto precedente.
JOSÉ ANTONIO GUTIÉRREZ. «Dora Alonso: como una novia feliz.»
Letras Cubanas (La Habana) 1 (1): 237, 238; julio-septiembre 1986.

 

El valle de la Pájara Pinta sigue la huella trazada por El cochero azul. Con este libro quise apartarme por todos los medios de las consabidas formas europeas. No contábamos con antecedentes en este campo porque aunque Martí con La Edad de Oro resulta una raíz hermosísima, en la cuentística no teníamos modelos a seguir. Y a Martí yo no lo iba a imitar, no tengo con qué, pero entendí que había suficientes elementos para trabajar en una literatura infantil cimentada en la obra revolucionaria. Tanteando aquí y allá, fui marcando distintos aspectos para la cuentística que yo quería hacer. En primer lugar, nuestra realidad actual unida a la fantasía de todo libro dirigido a la gente menuda. Luego, elementos del folklore, humor, y el marco geográfico de alguna región determinada, en este caso Varadero. Con esos elementos estructuré El cochero azul, que tuvo una buena acogida por parte de los pequeños. Al intentar mi segundo cuento, El valle de la Pájara Pinta, escogí los elementos presentes en El cochero azul. El lugar esta vez es Viñales. Todo lo que pude decir de este rincón cubano está presente allí; pero en esta ocasión se trata de un cuento para las niñas.
Yo creo que este libro es más poético, mejor realizado técnicamente que
El cochero azul. La protagonista es una niña. Ella sólo podía darse en la Cuba de hoy. No podía ser una niña de ayer y jamás una niña de un país capitalista.


Capítulo XI
Noticias de la Pájara Pinta.

[...]La lectora de Los Arroyos pegó un salto. ¿Pájara Pinta? ¿Había dicho Pájara Pinta? ¿Sería cierto? Sintió ganas de abrazar y besar a Garralén. ¡Lo que eran las cosas! Por él iba a poder descubrir el valle secreto con Pájara y todo. Sin demostrar demasiado interés, trató de sonsacarle más noticias.
-¿Y será esa la verdadera Pájara Pinta posada en el verde limón? ¿No se tratará de alguna otra pájara que quiera darse tono? Se han dado casos así.
Bastante molesto por la duda, él aclaró que la Pájara no podía resultar una falsificación, por tratarse de un ejemplar imposible de imitar, como le explicaría después. Aseguró también que ya no estaba posada en un verde limón, sino en una palma de corcho.
Por cierto que canta muy bien -la celebró.
-¿La palma de corcho? -se asombró Isabela.
-No, no: La Pájara Pinta. Y, a pesar de ser tan vieja, se ve fuerte y parece dispuesta a vivir millones de años más.
-¿La Pájara Pinta?
-¡Nooo! ¡La palma de corcho! Y está bueno de enredarlo todo -rezongó el informante. Dio una carrerita, atrapó una oruga, y guardándola en el bolsillo correspondiente, siguió hablando del mismo tema-. No se figure nadie que cuidar un ejemplar único resulta cómodo. Podría contarte los trabajos que se pasan y la paciencia que hay que tener para soportar caprichos. Parece que siempre pasa igual con esos ejemplares, ya sean pintos, rabones o mochos.
Como ejemplo del caso contaba que la Pájara había insistido en hacer el nido dentro de un sombrero viejo de Cacafú (que, aunque chapucero, era mago) y ya se estaban pagando las consecuencias, pues en vez de sacar pichones, de los huevos salían relojitos, zapatos de muñeca, caracoles Viana, biberones, cascabeles y hasta gomas de borrar. Lo más chocante era lo satisfecha y orgullosa que se mostraba la Pájara por esas continuas sorpresas. Sobre todo por los relojes. ¡Estaba loca con sus relojes! No había quien la convenciera para que permutara el nido.
Por el tonito con que lo contaba se advertía cuánto desaprobaba Garralén las fantasías de la Pinta; pero Isabela declaró con franqueza que si ella pudiera hacerlo, también anidaría en el sombrero de un mago, porque resultaba más divertido sacar relojes que pajaritos pelones.
-¡Buena Pajarita Pinta serías tú! -refunfuñó el criticón[...]

{resumEl valle de la pájara pinta
El valle de la Pájara Pinta.
La Habana, Ediciones Casa de las Américas, 1984, 108 pp. (Colección Premio) 
 
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Redacción Editorial: Esteban Llorach Diseño Web: Alejandro Jiménez Créditos...