Escrito en el verano.
La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1993, 52 pp.
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Escrito en el verano
PRESENCIA
Ese retrato antiguo
-infiel espejo de cartón, abuelo-
no te refleja corno mi memoria:
tu rostro se ha borrado.
Sólo la imagen de la guayabera,
a la altura del pecho, bajo el bolsillo izquierdo, mantiene la amorosa
luz que te identifica.
-o-
Mi abuela Máxima, ¿de qué color tenía los
ojos? A través del fecundo vigor de su hijo emigrante, me legó
la riqueza de su sangre. Abuela asturiana, a la sombra de los castaños
guardián celoso de una precaria hacienda, que vio brillar la luz
de todas sus mañanas en la alta nieve de los Montes Cántabros.
Humilde abuela mía, cómo al frío de los amaneceres
y hundidos los pasos en la tierra dispuesta, así como tirabas de
la vida, te unicías al arcaico arado de madera para sembrar el
pan de tus criaturas, con el constante esfuerzo de tu pecho sudado.
Aldeana, amada estirpe, recia y analfabeta.
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