La alegría
es lo primero.
Fragmento de una entrevista de Omar González, El Caimán
Barbudo (131): 20; noviembre 1978.
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Lo vivencial
Sin una base vivencial, conocida, no creo que se pueda
hacer una literatura auténticamente válida, cercana al mundo
en que actúan los lectores. En Tierra inerme,
las tres cuartas partes de la obra están afincadas en vivencias
personales. Esa novela es una especie de visión en cámara
lenta sobre lo que fue el campo cubano antes de 1959, y en ella el ambiente,
los personajes, muchas situaciones constituyen un reflejo de una realidad
que yo conocí y viví de cerca. Mi padre fue un ganadero
rico, y en la familia de mi madre había finqueros, sitieros, jornaleros.
Un verdadero mosaico del paisaje humano de nuestros campos. Fue ella quien
tuvo la idea de mandarme a conocer ese mundo. De ahí que haya tomado
personajes que existían en aquel medio. Clemente Muñoz es
uno de ellos. En fin, se trata de un mundo que conocí porque lo
viví, porque fui testigo y partícipe de sus esperanzas y
de sus desgracias.
[1961]
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